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El adiós que no fue

Las barandas fueron derribadas en algunos puntos de la concentración en Los Próceres/YP

Las barandas fueron derribadas en algunos puntos de la concentración en Los Próceres/YP

En la primera jornada completa de capilla ardiente de Hugo Chávez, la falta de organización y control de las colas impidió a decenas de personas cumplir con el cometido de despedirse de su líder

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“Disciplina, disciplina revolucionaria”. Un exhorto frecuente de Hugo Chávez a sus seguidores fue recordado por miles de esos simpatizantes que desertaron de las largas filas, sin cumplir el cometido de ver por última vez a su líder revolucionario en la primera jornada completa de capilla ardiente.

 “Compatriotas, chavista no engaña a chavista, disciplina, por favor”, pedía una señora en el kilómetro 2,5 de la cola. Muchos de sus colegas de ideología se las ingeniaban para adelantarse y recortar metro a metro los más de 5 kilómetros que los separaban de la Academia Militar, en cuyo Patio de Honor reposan los restos del presidente venezolano fallecido.

 El desorden fue la tónica en unas formaciones que no contaron con el resguardo ni la organización de los efectivos militares, a pesar de lo extenso del recorrido y de que el sitio escogido para recibir a la muchedumbre ansiosa de despedir al Presidente es una instalación de la Fuerza Armada Nacional.

 La camaradería que reinaba entre las personas formadas en las filas del Paseo Los Próceres, que conduce al sitio de la capilla ardiente, se vio en varios momentos amenazada. El rumor de que se cerraría el acceso al lugar a las 4:00 de la tarde inquietó a quienes llevaban horas y horas de espera bajo un inclemente sol capitalino. En varios puntos de la concentración, las barandas que separaban las filas fueron derrumbadas. Las colas desaparecieron y, en su lugar, una masa efusiva y desbocada se desplazó trotando hasta las adyacencias del Patio de Honor.

 Aquellos con mejor suerte, que resistieron los apretujamientos y que no se hundieron en el lodazal de los jardines contiguos, se aferraron a las últimas barandas de pie,  con la esperanza de formar parte de los escogidos que lograrían entrar a la Academia Militar y hacer sus reverencias al comandante en jefe.

 “Sin Chávez nada funciona”, gritó una señora a los efectivos de la Aviación que intentaban organizar a destiempo la aglomeración de personas a las puertas de la Academia Militar. Los funcionarios respondían con amabilidad y llamando a la calma. “Vamos a respetar la cola, vamos a respetarnos todos,  es lo que querría Chávez”, agregaba un efectivo de la Aviación Militar identificado como Peña.  

 “Queremos ver a Chávez” “Que salga Maduro” sustituyeron en ese punto de la concentración a consignas más entusiastas que se escucharon atrás, como “Chávez, lo juro, yo voto por Maduro”. El acceso al Patio de Honor fue cerrado por más de una hora después del mediodía. Los militares aseguraban que la medida buscaba descongestionar el repleto recinto, acción que rechazaron los que iban perdiendo progresivamente la batalla contra el calor y el desvanecimiento.

 Algunos de los que pudieron entrar a la capilla ardiente por otro medio distinto a las colas aseveraron que se privilegió en el acceso a grupos “selectos”, básicamente constituidos por miembros de la FAN, sus familiares y cercanos.

 Un corresponsal de Telesur debió retirarse con su equipo del lugar de mayor aglomeración. En su retorno, aprovechó para calmar los ánimos de las personas que se acercaban molestas por no poder acceder a la capilla ardiente.

 “Aquí hay casi dos millones de personas, ni 20.000 militares podrían organizarlas a todas. Es cuestión de conciencia”, afirmaba.

 La escena de caras largas que desistían se multiplicaba con el paso de las horas. Decenas de personas, principalmente de la tercera edad o núcleos de familias completas con sus niños, se devolvían recordando aquel inmortalizado “por ahora” del Presidente Chávez después de su frustrada intentona golpista de 1992. Un señor relataba casi entre lágrimas que quedó a tan sólo dos banderas de la cola final.

 “No se pudo, esta vez no cumplí con mi comandante, cómo se hace si allá se están entrando a coñazos”, dijo.

 Para el beneplácito de quienes se devolvieron a sus casas sin despedir a Chávez, el Gobierno extendió por siete días más la permanencia del mandatario en capilla ardiente. Habrá más oportunidad para que los anfitriones se reivindiquen en cuanto a organización y control del pueblo rojo que continuará despidiendo a Chávez.