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Sabaneta a un año de la muerte de Chávez

Las obras para conmemorar la memoria del hijo más notorio que haya tenido el pueblo están retrasadas. En la localidad como en el resto del país, hay controversia cuando se valora el legado del gobernante fallecido

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Varios hombres taladran el suelo de la Plaza del Estudiante de Sabaneta en el municipio Alberto Arvelo Torrealba en Barinas. Lozas de cemento y montículos de tierra se apilan donde antes habían bancos y jardineras. Desde hace tres semanas 15 obreros trabajan para transformar el espacio en la plaza Hugo Chávez. El busto de José Felix Ribas, que será removido, permanece aún. “Allí se colocará una estatua gigante del mandatario donada por el gobierno ruso. Estará lista el  28 de julio, fecha de su natalicio”, precisó Juan Carlos Chacón, director de cultura de la alcaldía de Sabaneta.

“La cuna de la revolución” -como la denominó el fallecido mandatario- ha estado libre de las protestas que han sacudido al país desde el 12 de febrero, incluyendo a la capital del estado. La figura de Chávez en edificios públicos, murales y vallas –de niño, joven, militar y gobernante- proyectan un ambiente de control político —Adelis, hermano del fallecido, es el alcalde del municipio— y afecto popular a la vez. “Chávez vive”, dice una de las pintas. Hoy Sabaneta conmemorará con actos sencillos el primer año del fallecimiento del hijo de ese pueblo que se convirtió en el líder político más influyente y controversial de Venezuela entre finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

Los homenajes oficiales se centrarán en Caracas con un desfile militar al cual están invitados jefes de Estado del continente. Se espera que padres de Chávez asistan al llamado Cuartel de la Montaña en el 23 de Enero, según un allegado que pidió la reserva de su nombre.

En Sabaneta, en cambio,  habrá sólo una misa, presentaciones musicales en la Plaza Bolívar y un disparo de salva en la tarde. Iniciativas concebidas con anterioridad para recordar la memoria del presidente fallecido deberán esperar en esa localidad. La “Ruta y memoria histórica del Comandante Hugo Chávez”, un circuito conmemorativo anunciado en noviembre por el gobernador Adán Chávez, no está lista. El punto de partida —la modesta casa donde vivieron al principio los Chávez, hasta hace poco asiento de una sede del PSUV y que será transformado en museo con objetos de su vida— está a medio refaccionar. Y no hay placa que indique que será el inicio de un recorrido por los lugares donde el militar y político pasó su infancia. A escasas cuadras, en la Plaza Bolívar, los barineses discuten sobre un tema hoy más vigente que nunca en un país que en los últimos 20 días se ha visto envuelto en una ola de protestas vinculadas con el deterioro de la situación económico y con el gobierno del presidente Nicolás Maduro: ¿Cuál fue el legado que dejó Chávez al país?

Ruta difícil.  La gente del pueblo y sus alrededores tiene posiciones encontradas.  Fernando González prestó su vehículo en la campaña presidencial que lideró su paisano en 1988. “Tenemos una situación bastante crítica por el desabastecimiento y la inseguridad. Aquí mismo en Sabaneta los malandros se matan en la calle”, dice el comerciante de 51 años de edad, sentado en uno de los bancos de la plaza. Cree que el control que ejercía el presidente muerto sobre el gobierno era mayor que el de Maduro. “Ahora tanto el Ejecutivo como la oposición deben dialogar”. La voz de una mujer que perifonea desde la esquina de la plaza interrumpe la conversación. Dos empleados del Complejo Agroindustrial Azucarero Ezequiel Zamora —que se encuentra militarizado luego de escándalos de corrupción— anuncian la llegada de la “ruta del azúcar”, un operativo de venta popular del ministerio de Agricultura y Tierras. La gente comienza a formar una cola a lo largo de la fachada de la Escuela Básica Julián Pino, donde estudió Chávez. Pocos de ellos quieren opinar sobre su ausencia. Prefieren concentrarse en sus asuntos y en el escaso producto que se les vende.

Carolina, aunque renuente al principio, accede a conversar. Pide que no se divulgue su apellido. “Es por razones laborales. Aquí todo el mundo se conoce”. Llegó a Sabaneta a los 11 años proveniente de la carretera vieja de La Guaira, luego de las tragedia de 1999. Hoy tiene una vivienda, adjudicada por la Presidencia. “Soy 100 por ciento chavista. Nadie como Chávez. Pero hoy tenemos una situación caótica. Hay escasez de comida”, dice con expresión de disgusto. En el mercalito de su zona —tienda oficial de venta de alimentos que hoy está cerrada, según dice— obligaban a las personas que adquirían 1 kilo de leche a llevar 8 productos enlatados adicionales. Pdval —otra dependencia de las cadenas de venta de alimentos— es una opción limitada: sólo puede comprar una vez a la semana y por número de cédula.

“Está mal trancar las calles, pero la gente se desespera. Además, no hay trabajo”. Eso a pesar de que las tierras aledañas a Sabaneta son de tipo A1 –las mejores para cosechar–con sembradíos de caña de azúcar y empresas estatales de producción de alimentos que han sido creadas a partir de la expropiación de hatos y fincas. El pueblo colinda con almacenes de Pdval y Mercal, la Unidad de Producción de Semillas, la Unidad Socialista de Producción de Asfalto Veguitas y plantas procesadoras de maíz. También con el Caaez, donde Carolina laboró en dos ocasiones, sin quedar fija. “Hay mucha rosca. Sólo le dan oportunidad a los flojos. En la planta tomatera sólo emplean a los recomendados por el consejo comunal y no vale el curriculum. A mí lo que me ha tocado sobrevivir”.

Un corneteo anuncia la entrada de la caravana del azúcar, liderada por camionetas del comando militar de la zona. Pasa cerca de la Plaza del Estudiante. Rafael Sequera, el obrero que coordina los trabajos, dice que su situación es mejor que antes. “Hay unas 10 empresas de construcción en Sabaneta. A mí me va buenísimo. Me he beneficiado de la revolución y mi familia también”.

Antes no, ahora sí. En Los Rastrojos, poblado donde se conocieron los padres de Chávez, a unos kilómetros de Sabaneta, opinan distinto. “El legado de Chávez está vivo”, dice Fanny Frías, hermana menor de doña Elena Frías, madre del extinto gobernante. “Desde 1999 tengo trabajo y mi familia se ha beneficiado de las misiones. Ahora tengo esta casa, la que era de Elena antes, y no el rancho que ves allí, en el que viví durante más de 40 años”. Tiene una hija llamada Arenny Frías que está sentada en el patio trasero de la viviend y cita algunos ejemplos para respaldar a su madre. “¿Cuándo antes nosotros los pobres sabíamos cuánto costaba un barril de petróleo? Cosas como esas las sabemos después de que Hugo se hizo presidente”.

Desde el 8 de febrero la joven coordina localmente los trabajos para concretar la ruta de Chávez, constituida además de Sabaneta, por Los Rastrojos, Santa Rita y Barinas. “Habrá kioscos de saberes y sabores con cosas que a Hugo le gustaban, como el dulce de araña”, dice. La iniciativa surgió en noviembre de 2013, luego de la creación del Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías en julio de 2013, que está presidido por su hija María Gabriela y el gobernador Adán Chávez, hermano mayor del jefe de Estado fallecido.

Todo en Caracas. En el estado Barinas no habrá grandes actos conmemorativos tampoco. La capital barinesa lucía a media máquina antes de Carnaval y las marcas de las protestas allí eran evidentes. La avenida 23 de enero, donde tradicionalmente se hacen los desfiles, no fue decorada. Un decreto de la alcaldía –por vez primera desde 2000 en manos de un independiente adverso al chavismo– suspendió las festividades por las muertes ocurridas a partir del 12-F. Varias vallas publicitarias con fotos de Adán Chávez y su hermano —cerca del aeropuerto y en Ciudad Tavacare, próxima a la sede del comando militar— están manchadas con pintura y consignas en contra. La presencia de efectivos armados de la Guardia Nacional Bolivariana es escasa en las calles pero el descontento popular ha dejado huellas visibles.

En la entrada a la Universidad Santa María y la Universidad Nacional Experimental de Los Llanos Ezequiel Zamora había restos de la barricada de la noche anterior y pintas que han recorrido redes sociales, como #SOSVzla. Las manifestaciones también han sido disueltas con gases lacrimógenos y disparos al aire, a los que siguen allanamientos, según la prensa local.

En Ciudad Varyna, Alto Barinas, Palacio Fajardo, Pozones, San Jose, Cuatricentenaria, Rodriguez Domínguez —donde vivió la familia Chávez— y La Móvil ha habido cacerolazos y trancazos, al igual que en las vías hacia Mérida, Barquisimeto y Táchira. 65 personas, por lo menos, han sido detenidas.

Al final de un taller que dictó sobre la “guerrilla comunicacional” en la gobernación, Adán Chávez prometió dar una entrevista para  hablar del legado de su hermano. “Claro, conversa con mi asistente”, respondió. Al día siguiente desde su oficina informaron que tenía la agenda copada. En el encuentro había afirmado que la inseguridad —que dio pie a las primeras protestas de febrero en la  Universidad de Los Andes— era un “problema internacional”. “Si no fuera por la guerra mediática, no tendría incidencia en la población”. Le escucharon cerca de 100 personas, muchas de ellas periodistas de medios alternativos y funcionarios públicos de distintas dependencias como la Oficina Nacional Antidrogas, la empresa bielorrusa Veneminsk y Defensa Civil.

A pocas cuadras de la gobernación, José Luis Machín, alcalde de la capital, ofreció su visión. “Chávez tuvo un liderazgo importante y puso en el tapete a los pobres, pero atacó la propiedad privada. No me gustan las barricadas y no avalo ningún tipo de violencia, pero no puedo desconocer el inmenso descontento que hay. El país se ha vuelto una sola cola”. Con un discurso de inclusión, Machín logró arrebatar con menos de 2% de diferencia la alcaldía al chavismo el 8 de diciembre.  “Una vez Adán Chávez me dijo ‘tú nunca vas a ser alcalde’. Hoy le digo que debe reflexionar y convocar a la gente que protesta para conversar porque el país no puede vivir permanentemente en la diatriba, la descalificación y minimización del adversario”.

Cierre temprano. A las cinco de la tarde el centro de Barinas luce inusualmente despejado. La alcaldía llegó a un acuerdo con los buhoneros para “un día de parada” —los miércoles— que libera las vías. Sin embargo, los comercios tradicionales del sector Caja de Agua ya han bajado la santamaría, y no se ve transporte público ni taxis. “Le recomiendo no caminar por aquí, señora”, dice un carpintero que cierra el local y dice no querer dar su nombre para protegerse. La delincuencia obliga, explica. “Algunos piensan que Chávez hizo cosas, pero creo que aquí no funcionan bien. Su legado es de choque”. La carpintería donde trabaja ahora tiene 5 empleados, en 2010 eran 15. “Hay escasez de madera, piezas e insumos químicos para trabajar”.

Cerca, una señora está entrando a su casa con un carrito de compras. “Chávez no dejó ningún legado. Estoy brava y cansada. Mi carro lo tengo parado desde hace meses porque no consigo una pieza de repuesto. Hay mucha inseguridad aquí en el centro de Barinas”, relata Ana María Ronza. Su hija, abogada, opina igual. “El legado del presidente fue un país totalmente dividido por la ideología política. Dejó odio y rencor. Luego de su fallecimiento, en circunstancias que todavía no están claras, gobierna el presidente más incompetente de Venezuela. Maduro no tiene la capacidad para tomar las decisiones que frenen el desastre económico en el que estamos. No es cierto que un sector privilegiado es el que sufre, los pobres también”.

Un grupo de estudiantes de la Escuela Técnica Ezequiel Zamora conversa en la avenida 23 de enero. Gregory Martinez, de 18 años de edad, tiene una perspectiva distinta, no exenta de observaciones. “Chávez hizo muchas cosas buenas: tenemos buses estudiantiles, canaimitas, libros, educación y vivienda. Me beneficié, porque a mi familia le adjudicaron una vivienda en Ciudad Tavacare”. Critica que sus compañeros mayores no encuentren empleo al salir del liceo. “La única oferta que se encuentra es la de ser mototaxista o buhonero. Igual pienso que esto no se arregla tirando piedras”.

Recuerdos encontrados. Cuando la abuela paterna de Chávez se mudó a la urbanización Rodríguez Domínguez con sus nietos —Hugo y Adán— ya Rafaela de Guédez vivía allí, en la casa de al lado. “Me sonsacaba a mis muchachos y al más chiquito lo ponía a pelear con otros. Le pagaba 1 bolívar a quien ganara la pelea”, se ríe. Siendo presidente, conversó con él cuando visitaba el estado y podía penetrar el círculo de seguridad. En esas aproximaciones logró ayuda médica para casos de su familia. La última vez fue en diciembre de 2010. “Fue de sorpresa. Vino con Rosa Virginia, Jorge Arreaza el ahora vicepresidente y un médico a la casa. Esto se llenó de gente. Nos poníamos a recordar cosas del pasado. Yo le echaba broma y hasta le hablaba duro, como cuando joven. Él me replicaba y se reía mucho”. Comenta que tiene poco contacto con su antigua vecina, Elena. En Barinas hace tiempo que nadie la ve, ni siquiera trasladándose en vehículos con guardaespaldas. “Dicen que desde que murió Hugo no sale de su casa. Que está muy deprimida”. Algunos vecinos han querido atacar la que fuera la casa de los Chávez —desde hace años sede del PSUV— y las barricadas se han encendido en la noche.

Para Rafaela es duro hacer un balance del legado que dejó el muchacho que conoció en su entorno familiar y luego transformó al país según su proyecto político. Su sonrisa desaparece y guarda silencio, mientras fija la mirada en la televisión, con CNN transmitiendo información sobre el país. “Algunas cosas que hizo no me gustaban. En Barinas no dejó obras importantes. El hospital oncológico está allí, sin terminar”. Rafaela ha presenciado cómo el descontento ha tomado la urbanización. “La situación está dura. No se consigue comida, papel tualé ni jabón.