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Lorenzo Córdoba: Reglas electorales y árbitros deben ser producto del consenso

Lorenzo Córdova, rector del Instituto Federal de Electoral de México | Raúl Romero / El Nacional

Lorenzo Córdova, rector del Instituto Federal de Electoral de México | Raúl Romero / El Nacional

El rector del Instituto Federal de Electoral de México aseguró que cada país tiene sus propias complejidades. "La discusión pública y abierta de las problemáticas electorales funcionó en México, no sé si funcionaría aquí. Pero mirar hacia fuera es útil"

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Lorenzo Córdova fue designado rector del Instituto Federal de Electoral de México en 2011, tras 14 meses de negociaciones en la Cámara de Diputados del Congreso de México.

Luego de la elección presidencial más cerrada de la historia de ese país, cuando en 2006 Manuel López Obrador perdió contra Felipe Calderón por menos de 1%, el árbitro fue acusado de manipular los comicios y perdió la confianza de la ciudadanía.

México requirió una reforma constitucional, nuevas reglas electorales y renovar a todos los rectores para poder arbitrar las elecciones. Vino sin ánimo de pontificar ni de ofrecer recetas. Sólo narró la experiencia de su país sobre cómo resolvieron las condiciones de iniquidad en las campañas electorales.

Córdova participó en el congreso de la UCAB Buenas Prácticas Electorales para el Fortalecimiento de la Democracia.

­¿Cómo afrontó el IFE el desconocimiento de Manuel López Obrador de los resultados en 2006 y 2012? ­En 2006 tuvimos el proceso más cerrado de nuestra historia y la diferencia fue menos de 1%. En 2012 el margen entre los contendores fue un poco más de 6%. En ambos casos se desconocieron los resultados, sólo que en el primero hubo una acusación de manipulación de votos del IFE. La diferencia estriba en la respuesta del árbitro. En 2006 hubo una incapacidad para desmontar las acusaciones y explicar qué era lo que estaba ocurriendo. En 2012 el aprendizaje nos llevó a desmontar rápidamente las acusaciones; éstas se centraron en la manipulación de la voluntad colectiva a través de la compra masiva de votos.

Fueron pruebas genéricas y no acusaciones concretas.

Hoy López Obrador transita el camino legal y tramita un partido, que debe ser validado porCel IFE. Esa es la prueba de que la institucionalidad electoral no se ha roto.

­Luego de las elecciones del 14A el CNE se negó a flexibilizar la auditoría que pidió el candidato Henrique Capriles. ¿Cree que esa era la vía para resolver el conflicto y mantener la confianza? ­Voy a hablar por México. El IFE tenía en 2006 el mayor índice de credibilidad de su historia y luego decreció radicalmente. Cuando hay un desconocimiento de resultados es inevitable que un grupo de ciudadanos deje de confiar en el órgano, sobre todo cuando se acusa al organismo de ser el manipulador. Todavía estamos reconstruyendo la confianza, porque un árbitro del que se recela difícilmente puede organizar elecciones confiables. Tuvimos que hacer una profunda reforma constitucional, modificar procesos y cambiar las autoridades del IFE para inyectar confianza.

­El CNE tiene tres rectores con mandatos vencidos; cuatro a quienes se les identifica con el Gobierno y uno con la oposición.

­En México cuando se optó por imposición se creó el peor escenario. En 2003, cuando se renovó el IFE, hubo una alianza entre el PRI y el PAN para escoger a los rectores, excluyendo de la negociación al PRD (el antiguo partido de López Obrador). Ese fue el árbitro que organizó las elecciones, y su composición generó discordia. Las reglas electorales y el consenso en torno a los árbitros no pueden ser producto de una simple mayoría, tienen que ser el resultado de un esfuerzo que raye en la unanimidad, porque de otro modo se siembra desde el principio la sombra de la duda y la falta de credibilidad.

­En Venezuela los observadores internacionales se llaman "acompañantes". ¿Qué opina de la veeduría? ­En México se les llaman "visitantes extranjeros" y con independencia del nombre son importantes. Pedimos que los informes sean públicos. En 2012 la Unión Europea presentó uno que consideramos sesgado, y eso fue discutido ante la opinión pública. Las misiones de observación no deben asumirse como la palabra cierta que cae de lo alto, sino como un insumo adicional.

­¿Cómo garantizan la equidad en las campañas? ­El Estado financia a los partidos y las campañas electorales; el privado es limitado. Se garantiza que todos los partidos tengan acceso a los medios a través de los 48 minutos que tiene el Estado en todos los canales y horarios; los partidos no pueden comprar publicidad en radio y TV. Hay una prohibición absoluta del uso de los programas sociales con fines electorales, no se permite la publicidad gubernamental personalizada ni la difusión de propaganda del gobierno en campaña, salvo en casos de salud pública y educación.

­Usted dijo que un sistema electoral debe tener reglas claras; que si de entrada se desconfía, el resultado es incierto. ¿Qué sucede si hay un actor al que le interesa la incertidumbre? ­Está jugando un juego que no es propio de la democracia. A ningún actor en su sano juicio le conviene la incertidumbre en los resultados.

Sobre todo a quien gana no le conviene, porque los resultados inciertos son fuentes de ilegitimidad en el ejercicio del poder. Sin normas consensuadas y autoridades que gocen de la confianza de todos los contendores, se hace una apuesta suicida: van a denunciar fraude, reglas sesgadas y parcialidad del árbitro.

­Usted dijo que se llevaba varias reflexiones del país. ¿Cuáles? ­En México hicimos bien en construir reglas y árbitros a partir del consens; cuando no lo hemos hecho, pagamos las consecuencias.

­¿Qué le recomendaría al CNE? ­Cada país tiene sus propias complejidades. La discusión pública y abierta de las problemáticas electorales funcionó en México, no sé si funcionaría aquí. Pero mirar hacia fuera es útil.

­¿Qué le diría a un ciudadano que no confía en el árbitro? ­El gran desafío es no perder la brújula democrática.

Cuando existen tensiones y polarización, se genera el caldo de cultivo ideal para que florezcan pulsiones autoritarias.


Ficha Técnica
RECTOR DEL INSTITUTO FEDERAL ELECTORAL DE MÉXICO. ABOGADO Y DOCTOR EN INVESTIGACIÓN EN TEORÍA POLÍTICA POR LA UNIVERSIDAD DE TURÍN.