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Reclamos legítimos y el papel de jóvenes han caracterizado las protestas en varios países

Reclamos legítimos y el papel de jóvenes  han caracterizado las protestas en varios países / Reuters

Reclamos legítimos y el papel de jóvenes han caracterizado las protestas en varios países / Reuters

La internacionalización del conflicto venezolano se dio por la difusión a través de las redes sociales y la denuncia de las ONG

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Las protestas registradas en Venezuela desde febrero pasado tienen marcadas similitudes con las revueltas populares ocurridas en otros países a partir de 2010. Aunque las protestas en Túnez, Siria, Libia, Egipto y más recientemente Ucrania han tenido desenlaces diferentes, e incluso trágicos, abundan las semejanzas con Venezuela en cuanto a las causas y objetivos de las manifestaciones.

Todas han partido de reclamos legítimos de un sector de la población contra acciones gubernamentales y condiciones generales de vida. Común ha sido también la respuesta represiva de esos gobiernos ante las protestas y el intento de silenciar a sus oponentes a lo interno y lo externo.

La reciente detención, enjuiciamiento sumario y encarcelamiento de los alcaldes de oposición de San Diego y San Cristóbal ordenada por el TSJ calzan al dedillo con la destitución que el gobierno ucraniano ordenó contra el alcalde de la capitalina Kiev en su momento, por considerarlo promotor de la revuelta y agente de la CIA.

Modelos rechazados

La internacionalista Elsa Cardozo enumeró varios denominadores comunes de todos esos levantamientos civiles: la participación determinante de los jóvenes, el desbordamiento de las instituciones ante el reclamo, la injerencia de fuerzas paraestatales y a veces extranacionales en el conflicto, y la criminalización de la manifestación por parte del Estado.

“Al mirar la Primavera Árabe encontramos, como en Venezuela, la participación preponderante de los jóvenes y profesionales que sienten que su país no les ofrece el espacio para crecer. En Ucrania, como en Venezuela, lo que vemos es una sociedad que no se siente representada por el gobierno ni por el modelo político que ese gobierno ofrece, ni con los aliados que el gobierno se ha buscado”, dijo Cardozo.

Ha sido común también la respuesta de los gobiernos cuestionados. “En lugar de escuchar las peticiones y procurar salidas de consenso, promueven la escalada del conflicto porque asumen las protestas como parte de una conspiración o golpe de Estado. Todo ello termina por desvirtuar la protesta como un derecho y convertirla en un asunto de seguridad del régimen”, indicó.

En Venezuela el presidente Nicolás Maduro ha tildado a la oposición, su dirigencia y los manifestantes de fascistas y golpistas. Los gobiernos de Siria, Libia y Egipto los calificó de terroristas y en Ucrania los encasilló con la etiqueta de “pagados por la CIA”.

 

Diferencias. Todas esas manifestaciones guardan, sin embargo, diferencias entre sí. Por ejemplo, el conflicto en Ucrania duró tres meses y logró la caída del gobierno de Víctor Yanúkovich, que había sido electo en comicios libres en 2010. El de Siria comenzó en febrero de 2011, desencadenó una cruenta guerra civil que aún no ha terminado y que se caracteriza, además de la crueldad y violaciones masivas de derechos humanos, por la intervención de terceros países que apoyan directa e indirectamente al gobierno o a la oposición, y por la formación de milicias civiles de lado y lado.

En Túnez, lo que comenzó como una acción desesperada de un joven que se prendió fuego al ser despojado de su medio de vida (un carrito de verduras), causó tal revuelta que acabó con el gobierno en un mes, pero dejó al país sumido en la inestabilidad política hasta el presente.

El caso de Egipto la llamada revolución de los jóvenes comenzó en enero de 2011 y en 11 días logró la dimisión de Hosni Mubarak, pero la cúpula militar que tomó el poder no ha garantizado la democracia ni el respeto de los derechos humanos desde entonces.

 

 

Otros actores. Elsa Cardozo sostiene que, pese a la gira del canciller Elías Jaua y las declaraciones aisladas de varios gobiernos de la región, el caso venezolano no tiene potencial de internacionalizarse desde el punto de vista de los gobiernos, porque Venezuela no es ficha de disputas en conflictos regionales como lo son Libia o Siria. Sin embargo, la penetración de las redes sociales ha permitido su internacionalización por otras vías y con otros actores.

“La importancia geopolítica de Venezuela ha disminuido mucho por el deterioro de su sector petrolero, la pérdida de credibilidad política y de crédito financiero, así como su débil economía. No somos objetivo de interés para potencia alguna. Los gobiernos regionales en general guardan silencio o son muy discretos, pero en esta ocasión las redes sociales han transnacionalizado el conflicto, permitiendo que organizaciones internacionales como la Unión Europea y la oficina de derechos humanos de la ONU hayan fijado posiciones muy claras de condena casi en caliente”, señaló.

Las presiones regionales del gobierno de Nicolás Maduro han impedido que la OEA trate la crisis venezolana abierta y públicamente en el Consejo de Seguridad, y el propio Maduro adelantó que ninguna misión de ese organismo pisaría suelo venezolano. Miraflores trata de darle crédito a Unasur, en la que no hay delegaciones de Estados Unidos ni Canadá.

 

RECUADRO

Desde varias latitudes

Articulistas venezolanos y extranjeros han escrito en las últimas semanas sobre las similitudes y diferencias de la crisis venezolana con la de Ucrania y las de las naciones árabes.

El historiador, investigador y profesor de filosofía política, el chileno Fernando Mires, advierte en su artículo “Venezuela y Ucrania” que, mientras en aquella nación la multitud comenzó por exigir rectificación para luego pedir la salida del gobierno, en Venezuela el dueto López-Machado intentó liderar un movimiento que comenzara por reclamar la salida del gobierno. Pero asegura que el desarrollo de los hechos llevó a la misma oposición venezolana a corregir el error y “transformar una protesta anárquica en un gran movimiento social”, que aún requiere sumar la participación de los sectores populares.

El periodista y escritor estadounidense Jon Lee Anderson, en su artículo “Donde terminan las protestas”, describe a los gobiernos susceptibles de rebeliones como “autoritarios, atrincherados, con un Estado de Derecho insuficiente y parlamentos ineficaces”. El eje de los reclamos, dice, es la “corrupción, inseguridad y la falta de transparencia democrática”. Y los Estados responden con “estallidos de violencia, breves pero agudos”, para atomizar a la oposición, “atemorizando a los manifestantes hasta un punto en que decidan rendirse y se vayan a casa”.

En su artículo “¿Por qué?”, el sociólogo venezolano Tulio Hernández reflexiona sobre la importancia de las decisiones y conducción política de las protestas. “No todas las historias de movimientos de masas derrotando tiranos en la calle tienen final feliz. De los métodos que se usen y los aliados que se escojan dependerá lo que sigue. Allí está la Primavera Árabe convertida en gélido invierno, el poder en manos de los militares y los jóvenes entusiastas de la revolución echados a un lado”, dice.