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Patricia Bullrich: “El régimen de Nicolás Maduro está absolutamente putrefacto”

La diputada considera que si el gobierno no cede en el diálogo, los opositores que participan quedarán como cómplices | Foto Archivo El Nacional

La diputada considera que si el gobierno no cede en el diálogo, los opositores que participan quedarán como cómplices | Foto Archivo El Nacional

La parlamentaria argentina Patricia Bullrich cree que la situación económica del país puede generar la anticipación de elecciones 

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La diputada argentina Patricia Bullrich pronunció uno de los discursos que más emocionó al público en el 30° aniversario de Cedice. Exigió con contundencia la libertad de Leopoldo López y todos los presos políticos, la restitución de María Corina Machado en la Asamblea Nacional y la devolución de las alcaldías a Daniel Ceballos y Enzo Sacarano.

La parlamentaria de la alianza Unión por Todos y PRO, partidos opositores al gobierno de la presidente Cristina Fernández, lamentó que los gobiernos de América Latina tengan “el rabo entre las piernas” sobre lo que pasa en Venezuela.

Aclara que si Hugo Chávez decía lo que quería cada vez que visitaba Argentina, ella puede hacer lo mismo en Venezuela: “Las dictaduras del siglo XXI tienen ropajes democráticos”.

—¿Cuál podría ser la salida a la crisis que vive Venezuela? ¿Cree que está en el diálogo gobierno-MUD?
—Como criterio general, me parece fundamental que la oposición no se divida. El diálogo contempla enorme peligrosidad para la oposición. El régimen de Nicolás Maduro necesita repensar su estrategia porque tiene una situación económica descontrolada, con una inflación que puede llegar a hiperinflación y una situación de desabastecimiento. El problema que para mí tiene el diálogo es que la gente empiece a tenerle desconfianza a la oposición. Las bases de todo diálogo significan entregar algo. ¿Qué está dispuesto el gobierno a dejar? ¿Liberar a los presos? ¿Qué sea la Corte Penal Internacional la que juzgue los casos de presos políticos? Si no está dispuesto a nada, la gente pensará que el opositor que fue a dialogar es un ingenuo, un cómplice.

—¿No podría el diálogo desnudar al gobierno si no cede en nada?
—Creo que en el fondo la gente sabe que el gobierno no va a dar nada. Yo volvería a reunir a la oposición y pondría ciertas pautas concretas. Que el gobierno muestre una: cambio en el TSJ, cambio en el CNE o libertad a los presos políticos. Que haga una; porque si vos no hacés ninguna, el diálogo es redondo.

—Mientras había diálogo el jueves, el TSJ prohíbe manifestar sin permiso…
—Te sentás a dialogar y siguen las agresiones. Exigir permiso para manifestar implica una provocación clara y concreta en medio del diálogo. Si el diálogo fuese confiable, el presidente tenía que haber planteado al menos su incomodidad, aunque no se puedan recurrir los fallos del TSJ.

—¿Considera que en Venezuela hay una dictadura?
—Desde el punto de vista estrictamente técnico, la palabra exacta no es dictadura pero es una democracia con características dictatoriales. Hay elecciones, pero no se cumplen las características de las democracias republicanas: división de poderes, controles, respeto a las minorías, justicia independiente. Hoy las dictaduras del siglo XXI tienen ropajes democráticos.

—¿Qué siente al abandonar el país? ¿Qué solución hay?
—Veo una salida cerca. Creo que el régimen de Maduro está absolutamente putrefacto. El mismo gobierno puede tener movimientos de crisis internas. Pero lo más importante en este momento es que la oposición se una. En Argentina, cuando hubo hiperinflación, se adelantaron las elecciones, porque te come la plata y te come el poder. Hay situaciones en las que el poder político tiene tanto nivel de licuación, que vos podés adelantar. Cualquier salida debe ser democrática.

—¿Se imagina un gobierno de transición en Venezuela?
—Me imagino un adelantamiento de elecciones.

—Muchos dicen que Argentina es una Venezuela hace 10 años…
—Argenzuela.

—¿Qué está pasando, por qué no han llegado a donde está Venezuela?
—Creo que se dieron cuenta de algunas cosas tarde. Cuando he venido a Venezuela me ha llamado la atención el carácter doble del gobierno, la cosa cívicomilitar. Nosotros, que venimos de una fuerte dictadura militar, hemos como deconstruido esa cosa militarista; y creo que al gobierno kirchnerista le costó y recién ahora lo está intentando, pero ya es como una comedia, ya es como tarde. El control militar que veo en Venezuela me impresionó: la cantidad de policías y uniformados en todos lados. Tipos con motos a los que se les ve la pistola. Me parece que esa es una característica muy diferente entre el régimen chavista con el régimen kirchnerista. La segunda característica es que el régimen chavista contó con el petróleo. En Argentina el gobierno kirchnerista intentó dominar el recurso que es como el petróleo argentino, la soja. Pero dimos una lucha muy fuerte en 2008 y le frenamos ese intento de quedarse con toda la renta del campo argentino. La posibilidad de avanzar mucho más sobre empresas privadas tuvo un freno enorme con lo que ocurrió en el campo. La tercera característica es que la oposición en Argentina no tenía el nivel de destrucción que había tenido el sistema político venezolano. De alguna manera Chávez es un outsider del sistema político; y Néstor Kirchner no, era un miembro pleno del peronismo.

—¿Y la resistencia del pueblo?
—En Argentina hubo movilizaciones muy enormes, pero acá también. Así que me parece que en eso hay como un emparejamiento.

—¿Qué opina de la posición de otros países de América Latina sobre lo que ocurre en Venezuela?
—Este rabo entre las piernas que tienen los gobiernos latinoamericanos con Venezuela, de no animarse a llamar las cosas por su nombre y denunciar las violaciones de los derechos humanos y proteger a Maduro, es una total vergüenza. Del gobierno argentino no me llama la atención porque tiene las mismas intenciones de Venezuela. Pero de Uruguay, Brasil, Colombia y Chile me llama la atención. Si tuvimos que votar una cláusula democrática en la OEA es porque en América faltaba democracia. La Carta Democrática se ha usado, pero en el caso de Venezuela no se hace nada. Si sos amigo, vos me perdonás absolutamente todo. Esa manera de concebir una construcción continental es un modelo de complicidad que no permitirá avances para proteger un modelo democrático continental.