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Padrón: Sin carisma no hay rating

El escritor aseguró que se autorregula "tenuemente"

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–¿Un título para este calvario?
–En busca del tiempo perdido, con el permiso de Proust.
–Su libro Kilómetro cero, ¿sugiere borrón y cuenta nueva?
–Entenderlo así no es una mala opción. Seguimos buscando un país que aún nos es esquivo. Toda búsqueda merece un punto de partida nítido, sin lastres.
–¿El imposible más posible?
–El regreso de la sensatez al país.
–¿Lo definitivamente imposible para el soberano?
–Seguir equivocándose después de tanto desastre cotidiano.
–¿Volverá la novela rosa?
–Va y viene. Ella es terca y a veces se le ve trasnochada y ojerosa. Tiene sus adeptos. Y no son pocos.
–¿Irrumpirá la roja?
–En ella andamos. Está escrita con excesiva truculencia, desbordando el absurdo. Abusa del tremendismo argumental y de la mentira como recurso narrativo. Eso sí, cada vez tiene menos audiencia.
–¿Escribiría una sobre el discreto encanto de la boliburguesía?
–Con gusto. Sólo una inquietud: ¿dime qué canal se atreverá a ponerla al aire?
–¿Sufre un poeta en la TV?
–Los poetas sufren, por definición, pero la TV puede ser, a la vez, un territorio de placer, experimentación, responsabilidad y un modus arepandi.
–¿Hay divismo entre los escritores?
–Seguro. Algunos lo disimulan mejor que otros. Pero no todos ejercen ese pecado. Hay excesos más jugosos.
–¿Su cuota?
–Soy demasiado plebeyo para esas veleidades.
–¿Llevaría un cartel que diga: “¡Con mis novelas no te metas!”?
–Con mis novelas, mi papel higiénico, mi libertad de expresión, mi twitter, mi tranquilidad, mi vocación democrática.
–¿Un espacio posible para escribir con libertad?
–Una democracia genuina. Del resto, sólo queda la prensa escrita. Aunque siempre acechan las multas, los miedos, la autocensura.
–¿Se ha autocensurado?
–Me autorregulo tenuemente. Ejerzo el sentido común y un tanto de gimnasia para sortear ciertos obstáculos.
–¿Será posible que sigan vendiendo al oficialismo lo que queda de medios independientes?
–Todos los días queda derrotada nuestra capacidad de asombro. La chequera petrolera es del tamaño de las verdades que necesitan callar.
–¿Le han jalado las orejas en la TV?
–Me hacen cordiales sugerencias, muy atenidas a ese alevoso fastidio llamado Ley Resorte.
–¿Y en su casa?
–Le tenemos alergia a la violencia doméstica.
–¿Consiguió la mujer perfecta?
–No existe. Es sólo una utopía y una telenovela. La que conseguí es la mujer definitiva… Eso espero.
–Con féminas en los poderes, ¿es Venezuela el país de las mujeres?
–Este siempre será el país de las mujeres, a pesar de ciertos dislates con voz de mujer.
–Entre ser mujer y animal…
–¡Mujer! A ver si finalmente entiendo su misterio.
–¿El entrevistado verdaderamente imposible?
–El que en polvo se convirtió. O en pajarito.
–De ser posible, ¿dos preguntas a Maduro?
–¿No te parece que Chávez te echó un vainón?… ¿Te atreverías a repetir las elecciones, por puro probar tu verdadero capital político?
–¿Un posible electoral?
–La avalancha del voto castigo ante tanto desastre económico.
–¿Un imposible económico?
–Implantar una economía socialista en una sociedad tan acostumbrada a no carecer.
–A falta de rollos, ¿buenas son tuzas?
–¡Vivan las servilletas!
–¿Qué tal una novela basada en la crisis del papel toilet?
–Sería una cagada.
–¿Y una versión parlamentaria de Amores del siglo XXI?
–Pero sin micrófonos voladores ni diputados suplentes adeptos al boxeo. El Gobierno dice que no quiere violencia en la TV. Sólo en las calles y en la AN.
–¿Es Maduro un personaje de ficción?
–Está escrito por un guionista amateur. Lo condena como personaje su naturaleza errática, su vacuo discurso verbal y su ausencia descomunal de carisma. Sin carisma no hay rating.
–¿Y Capriles?
–Sigue siendo una suerte de David, acompañado por una verdadera multitud. Es un líder signado por la tenacidad.
–¿Escribe por amor al arte o al capitalismo?
–Escribo porque no sé hacer más nada. Si con eso me gano la vida y cierto goce interior, perfecto.
–¿Cómo digiere a sus detractores?
–Ya me acostumbré a masticar vidrio.
–¿Un escritor revolucionario?
–César Vallejo. Revolucionó el idioma castellano.
–¿Y de esta revolución?
–Ramón Palomares. Y que sobreviva siempre la poesía sobre la política.
–¿Se considera un político, hoy?
–Para nada. Ciudadano de mi país. Me duele e importa mi cédula de identidad. Punto.
–¿Será posible el fascismo?
–El fascismo, conceptualmente, está asociado al ejercicio del poder. El resto es renovación del glosario de insultos.
–¿Una trama para la oposición?
–Los perseverantes siempre triunfan.
–¿Un desenlace para el proceso?
–Rápido, pero no furioso.
–Contra viento y marea, ¿habrá conciliación?
–Es imperativo. Nos lo exige la historia, el propio país y nuestra descendencia.
–¿La misión imposible?
–Que un personero del oficialismo renuncie a la infamia.
–¿A cuántos kilómetros está el país para comenzar de cero?
–Este país eligió un camino torcido, pero cada vez son más notorias las señales que anuncian el fin de tanta sombra.  
–¿Qué pasaría en Venezuela con un cambio de elenco, sin furia? 
–Una fiesta llamada prosperidad.