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El PSUV expulsó a dirigentes de Marea

Heiber Barreto Sánchez, integrante de Marea Socialista | Foto Henry Delgado / Archivo

Heiber Barreto Sánchez, integrante de Marea Socialista | Foto Henry Delgado / Archivo

La corriente exhorta a la militancia pesesuvista a rechazar “Línea Sapo” y abogar por Héctor Navarro y Ana Elisa Osorio

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Marea Socialista rechazó la “arbitraria exclusión” del registro de militantes del PSUV de Nicmer Evans, Heiber Barreto Sánchez y el coordinador de Clase Media Socialista, Carlos Hurtado.

“Exhortamos a la dirección nacional a informar y aclarar si fueron suspendidos del partido, en virtud de que la verificación hecha el 19 y el 20 de noviembre en el portal web www.psuv.org.ve, no se encuentran registrados como militantes ni habilitados para participar en la elección de los jefes de Círculo de Lucha Popular”, indicaron en un comunicado.

Marea Socialista solicitó al PSUV que fije posición sobre declaraciones del gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach, de que en el partido no hay corrientes, por cuanto contradice los estatutos y la declaración de principios.

“La eliminación arbitraria de militantes del registro del PSUV y sin que medie ninguna actuación del tribunal disciplinario viola el derecho a elegir y ser electo en los comicios internos”, señalaron.

Condenan “Línea Sapo”. Entre las conclusiones del seminario Propuestas al País, que fue saboteado en Parque Central, pero terminado en otra parte de Caracas, Marea Socialista insta a la militancia del PSUV a condenar la “Línea Sapo”, así como a trazarse como meta la suspensión de las medidas disciplinarias contra Héctor Navarro y Ana Elisa Osorio, y elegir a dirigentes probos como jefes de las Patrullas del Buen Vivir, en la jornada fijada para el domingo 23 de noviembre en 3.000 circuitos electorales.

“Rechazar la Línea Sapo creada para la denuncia de supuestos ‘infiltrados’ y ‘divisionistas’ cuyo propósito real es la persecución de los críticos. Llamar, por el contrario, al relanzamiento consecuente de las 3 R contra los corruptos”, es el plan expuesto en el informe final de la corriente del PSUV, que coordina Gonzalo Gómez, cofundador de Aporrea.

Marea Socialista se propone, indica el documento, “animar a la militancia a que, a pesar de los métodos tramposos y antidemocráticos, se esfuerce por colocar el 23 de noviembre en los Círculos de Luchas Populares y así como en las UBCH y las patrullas a camaradas honestos, luchadores y luchadoras, consecuentemente revolucionarios, no bozaleados ni cooptados por el aparato burocrático”.

El grupo solicita un debate interno y público en el PSUV con participación de todas las corrientes sobre la situación de la revolución y del partido, así como la evaluación del cumplimiento de la declaración de principios, el Código de Ética del Militante y el programa del partido.

“Hay que reivindicar las corrientes políticas dentro de la unidad del partido y condenar las camarillas y grupos de intereses. Y defender la libre expresión de opiniones y repudiar el sabotaje a los foros y debates impulsados por Marea Socialista con los trabajadores, sectores populares y militantes”, indican.

Anuncian la intención de no reelegir a los diputados que no denuncien ni combatan la corrupción y la impunidad, y piden la discusión en el PSUV para garantizar la selección democrática de candidatos al Parlamento. “Es necesario promover la escogencia de cuadros y dirigentes honestos y revolucionarios para todos los cargos de elección pública, que se sometan a las decisiones democráticas del pueblo, a la contraloría social y al Poder Popular”, indican.

Objetan persecución. En Aporrea articulistas como Toby Valderrama y Antonio Aponte condenaron en la columna “El arado y el mar” la persecución contra la disidencia: “El teléfono del PSUV para denunciar infiltrados conduce al fascismo... detengamos la locura.

“La tentación fascista es un peligro que amenaza a todo intento revolucionario, la línea que los separa es tenue. La revolución es un acto de creación de un nuevo mundo, un profundo evento de amor a la vida, opera con una ‘ética especial’, otros métodos, otras metas: el humano, la vida por sobre todas las cosas. La ética revolucionaria es de riguroso cumplimiento, cualquiera infracción tuerce el proceso al fascismo”.

Valderrama y Aponte manifiestan temor por el futuro del proceso político, al advertir: “En la revolución se pisan arenas movedizas, el ataque a la burguesía solo se justifica si es para construir el mundo nuevo, el hombre nuevo, debe hacerse con absoluto respeto por la vida, por el amor. Es, como diría Martí, ‘la guerra necesaria’, ‘la guerra sin odio’. Esta condición, que parece paradójica, es vital para mantener el rumbo, para no desviarse”.

Agregan: “Todas las revoluciones que han fracasado violaron estos principios éticos, quebrantaron lo que podríamos llamar los ‘derechos revolucionarios de la vida’: a la disidencia la fusilaron, exiliaron, calumniaron, tomaron el camino fácil de la represión, de aplastar las ideas. Olvidaron que los medios prefiguran el fin, que no todo medio lleva al objetivo revolucionario, que no todo ataque a la burguesía es revolucionario, que el trato a la disidencia determina la calidad de la revolución. Al minar la ética revolucionaria, se transformaron en un monstruo que pereció en su propia infamia”.

En el artículo califican de “un ejemplo alarmante” la creación de un teléfono y un correo electrónico para denunciar, combatir a los infiltrados, a los divisionistas. “Así lo presenta y lo justifica la dirección: “El enemigo que más nos hace daño es el enemigo interno, el infiltrado, el quinta columna, el que se disfraza de chavista y no es chavista”, dijo el gobernador del estado Carabobo, Francisco Ameliach, durante su programa en la radio pública RNV. De esta manera, la lucha ideológica interna, que enriquece a todo partido, entre nosotros se transforma en una cacería electrónica de brujas, basta tomar un teléfono y denunciar lo que le parece a alguien un enemigo interno, un infiltrado, para que sobre él caiga el ‘estado general de sospecha’ y la condena de un oculto tribunal de la inquisición”.