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Monseñor José Trinidad Fernández: “Los justos reclamos parecen caer en el vacío”

Desde la Catedral de Caracas, monseñor Fernández pidió por el rescate de la convivencia y la paz entre los venezolanos | Foto Raúl Romero

Desde la Catedral de Caracas, monseñor Fernández pidió por el rescate de la convivencia y la paz entre los venezolanos | Foto Raúl Romero

El obispo auxiliar de Caracas hizo analogías entre el tiempo y circunstancias de Jesús y la Venezuela actual

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El obispo auxiliar de Caracas, monseñor José Trinidad Fernández, fue el encargado ayer de ofrecer el Sermón de las Siete Palabras, que recrea las últimas frases de Jesús de Nazaret antes de morir.

“En esas palabras podemos ver reflejadas las características, los hechos y las consecuencias de lo que se ha experimentado en los últimos meses en nuestra querida Venezuela; a la vez nos iluminan para conseguir la senda cierta y encontrar un aliento para superar las dificultades”, indicó al comienzo de su intervención.

En un emotivo sermón, ofrecido en la Catedral de Caracas, el obispo auxiliar comparó los proyectos personalistas, los tiempos turbulentos, la profunda crisis social, la corrupción, la violencia, el abandono del pueblo por sus gobernantes y la sed de justicia que le tocó vivir a Jesús en su época con la Venezuela de hoy.

Llamó a los católicos a reflexionar sobre el significado de las siete palabras de Jesús en la cruz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso. Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Tengo sed. Todo está cumplido. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Tiempos turbulentos. Sobre la primera palabra, monseñor Fernández recordó que Jesús fue crucificado por “oponerse a proyectos personalistas”, y agregó: “Vivimos tiempos turbulentos en nuestra Venezuela y en el mundo, pero muchos creyentes se están dejando llevar. Todo se mide en parámetros de fanatismo, de poder, de poseer y no importa si eso destruye la convivencia pacífica. A esto añadimos la profunda crisis social, económica y política que ha venido golpeando a nuestra nación. El desencuentro crece y pareciera que no hubiera salidas. La vida no puede ser mancillada: tiene que ser respetada en toda circunstancia. No debemos buscar las armas de las balas, la calumnia, la desinformación, el desprecio, la prepotencia y la arrogancia;  tenemos que buscar el perdón en el camino de la reconciliación que como iglesia y país necesitamos”.

Perdón y conversión. Al explicar la segunda palabra, el obispo pidió a los fieles practicar el perdón en su vida diaria y acudir al encuentro de los que viven en pecado y maldad: “Los que se han dejado llevar por el mal, aquellos que están en el mundo del contrabando, el sicariato, la corrupción, la inmoralidad, de la praxis del aborto, de la delincuencia y la violencia, a ellos tenemos que acercarnos para alentarlos a entrar en el camino de la conversión”.

Monseñor Fernández indicó que la tercera palabra, además de ser una proclamación de María como madre de toda la humanidad, es también un llamado a “respetar a la mujer, valorar la maternidad, preocuparse de los hijos, darle sentido a la feminidad y no convertirla en un elemento de consumismo”.

Reclamos al vacío. En la cuarta palabra, explicó el sacerdote, Jesús mostró su condición de ser humano, e hizo la analogía con el abandono del pueblo por sus gobernantes.

“Nos sentimos abandonados cuando no se nos atiende, se nos deja a un lado o se nos menosprecia. Es la sensación que muchos han venido sintiendo incluso en los últimos tiempos. Los justos reclamos por mejorar nuestras condiciones de vida parecen caer en el vacío. Los responsables de atender los asuntos que deben mejorar nuestra condición de vida parecen estar más pendientes de sus posiciones y de sus asuntos. Por eso ni el desabastecimiento, ni el contrabando, ni los ataques del narcotráfico, ni la violencia, ni la inseguridad ni tantas otras cosas se terminan de resolver”, aseveró.

Pero llamó a superar la angustia para “reafirmar la libertad”.

Sed de justicia. Al explicar la quinta palabra recordó que el pueblo venezolano está sediento de justicia, de amor, perdón y solidaridad: “Más grave aún es la sed de ser oídos y acompañados, de ser tomados en cuenta, de sentirse respetados, de que se cumpla la justicia. Es una sed que quema el espíritu. Es la sed de los estudiantes que ven alejarse de sus vidas toda esperanza, todo futuro promisorio. Es la sed de aquellos que se sienten proscritos de una justicia humana. Es la sed que pide que no haya más pobreza, dolor, hambre”.

Monseñor José Trinidad Fernández recalcó que la sexta palabra se refiere a la misericordia de Dios y exhortó a los venezolanos a “no buscar la salvación en corrientes esotéricas”, sino a creer más en Dios. Finalmente, como lo hizo Jesús al pronunciar su última frase, el obispo pidió a los feligreses “poner todo en las manos de Dios porque Él cambia el corazón del hombre”.