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Maduro, entre la luna de hiel y un futuro sombrío

El presidente Nicolás Maduro / AVN

El presidente Nicolás Maduro / AVN

Lejos de la "luna de miel" de la que gozan comúnmente los mandatarios recién electos, la popularidad de Nicolás Maduro se ha estancado en alrededor de 50% y apunta hacia una baja

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Bromea en un improvisado set de televisión en plena sabana, juega fútbol en el palacio presidencial o canta en cualquier barrio caraqueño para intentar llenar el vacío que dejó el fallecido Hugo Chávez, pero Nicolás Maduro no la tiene fácil.

Chávez cimentó su Gobierno sobre un fuerte carisma, dejando la vara alta para el ex sindicalista de 50 años cuya popularidad se ha estancado dos meses después de una reñida elección bajo el peso de una alicaída economía, la depreciación de la moneda, una alta inflación y la escasez de productos básicos que afectan a los venezolanos.

El futuro se le complica aún más porque una oposición envalentonada, que desconoce su triunfo electoral, ha dejado entrever su apuesta por revocar su mandato dentro de tres años; mientras que dentro de sus propias huestes, grupos que compiten por la herencia de Chávez no le dan tregua.

"El problema es que Maduro quiere parecerse a Chávez, pero mi comandante no tuvo ni tendrá parangón", dijo Carmen Natera, un ama de casa de 60 años, a las afueras de un departamento que le entregó Chávez como parte de la Misión Vivienda.

Allí, a Macarao, llegó Maduro para una de las paradas de su "Gobierno de calle", donde, al más puro estilo Chávez, recorrió barrios micrófono en mano, escuchó quejas, propuso soluciones y entregó dinero en un acto transmitido en cadena nacional.

"Ahora cada día estamos peor. Maduro debe ponerse las pilas", agregó Natera, sentada frente a una de las torres que lleva estampada la firma y los ojos de Chávez.

Popularidad estancada

Lejos de la "luna de miel" de la que gozan comúnmente los mandatarios recién electos, la popularidad de Maduro se ha estancado en alrededor de 50% y apunta hacia una baja, según algunas encuestadoras.

Una aceptación nada deleznable, pero con la oposición rozando esa cifra y con sus feligreses acostumbrados a los arrasadores triunfos electorales de Chávez, el panorama es otro.

"El margen de maniobra de Maduro es infinitamente menor que el de Chávez. ¿Cuál es el riesgo? Que esta sea su luna de miel y que a partir de ahora lo veamos caer (en las encuestas)", opinó el analista político Luis Vicente León, presidente de Datanálisis.

Los 13 años de Chávez han sido descritos por muchos como los de mayor bonanza petrolera en la historia de Venezuela, dinero que el fallecido presidente aprovechó para acumular decenas de subsidios que le valieron el triunfo, elección tras elección.

Pero con el petróleo a menos de 100 dólares por barril y con muchos compromisos por pagar adquiridos en la administración previa, Maduro no cuenta con el flujo de caja de su mentor.

"Ellos dicen que estamos quebrados. No saben nada. Ahora es que esta patria tiene recursos para su desarrollo económico, para mantener las misiones", se defendió Maduro.

Pero ni las últimas medidas como el aumento del salario mínimo y el envío de militares a las calles para combatir la criminalidad, ni las innumerables horas en cadena de radio y televisión, no han tenido el éxito esperado para el novel gobernante del mayor exportador de crudo de Suramérica.

Maduro ha culpado a los medios de comunicación "fascistas" por no difundir sus políticas, pero la escasez de productos básicos; el repunte de la inflación que, sólo en mayo, llegó a un 6,1% y una economía con una brusca desaceleración tienen a los venezolanos impacientes.

Decisiones difíciles

Ante ese panorama, el futuro del gobierno de Maduro dependerá de su habilidad para domar la economía.

El presidente deberá tomar medidas para que drenen los dólares a la economía, para frenar la escalada de precios de productos básicos e incentivar la producción de las empresas nacionalizadas, con un equipo donde predomina una muy influyente facción del socialismo ortodoxo.

Aquella facción encabezada por el ministro de Planificación, Jorge Giordani, se niega a realizar reformas de fondo que relajen los controles que asfixian a la economía venezolana.

"La principal razón para la lenta implementación de las reformas es la falta de liderazgo, diferencias ideológicas dentro del gabinete y la resistencia de grupos que se benefician del 'statu quo'", dijo Barclays en una nota a clientes.

En un país que compra la gran mayoría de bienes que consume, Maduro deberá colocar más dólares en las manos de los importadores, pero el riesgo político de una segunda devaluación en apenas un año podría disuadirlo.

Oposición agazapada

Para ganar tiempo, el gobernante cuya carrera política despegó bajo la sombra del cáncer de Chávez se vio obligado a negociar con el enemigo. Se sentó a conversar con empresarios, medios de comunicación y hasta la Iglesia Católica en un intento por limar asperezas.

"Chávez era militar, creyó en derrotar al enemigo. Maduro era sindicalista, cree en negociar con el enemigo", según León.

La oposición, sin embargo, no le ha tendido la mano. Su líder y ex candidato presidencial, Henrique Capriles, exigió una auditoría más amplia a la usual, que el árbitro electoral dijo haber cumplido y ratificó el triunfo de Maduro.

Pero Capriles insistió en impugnar los comicios y anunció una serie de visitas por América Latina buscando eco a su causa, aprovechando el mejor momento de la oposición en 15 años.

Algunos dignatarios han advertido que no recibirán a Capriles para no ganarse líos ajenos luego de que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, despertó la ira del Gobierno de Maduro por reunirse con el líder opositor.

Consciente de que su cruzada no dará frutos pronto, Capriles ha soslayado la idea de ir a un referéndum que revoque el mandato de Maduro en el 2016.

Además, Capriles ha planteado las elecciones municipales de diciembre como un plebiscito para demostrar, con votos, que el Gobierno no tiene el apoyo que asegura.

"Nosotros estamos con Maduro, pero él tiene que estar con nosotros", dijo Rodríguez, vecina de Macarao. "No puede olvidarse que gracias a los votos de los pobres llegó a la presidencia: nosotros lo pusimos y nosotros podemos sacarlo", añadió.