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MUD: Lo anunciado por Maduro se limita a cambios burocráticos

Ramón Guillermo Aveledo / José Pacheco

Ramón Guillermo Aveledo / José Pacheco

La Mesa de la Unidad Democrática fijó posición sobre el discurso de Nicolás Maduro en la AN

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El miércoles 15 de enero, tal como lo establece nuestra Carta Magna, la Constitución de la República, Nicolás Maduro acudió a la Asamblea Nacional a presentar la Memoria y Cuenta 2013 de su gestión. En su largo discurso el presidente se centró en una serie de anuncios relacionados con situación económica y social que sufrimos los venezolanos, no sin antes desentenderse de las responsabilidades de su gobierno en estos graves problemas que nos acosan y acusar a la “guerra económica”, a la “burguesía”, al capitalismo, a los medios de comunicación de todos los males; enemigos etéreos e imaginarios frente a los cuales su gobierno pasa a ser una víctima de conspiraciones galácticas, y él, un héroe del siglo XXI.

Ante esto, la Mesa de la Unidad Democrática, de manera responsable, fija posición sobre el monólogo de Nicolás Maduro, presenciado por todo el país y que solo sirvió como lista de excusas para ocultar el fracaso del modelo que se intenta implantar en Venezuela, con graves consecuencias para el progreso y la paz de todos los venezolanos.

Lo anunciado por Nicolás Maduro, solo se limita a cambios burocráticos y administrativos como la desaparición de CADIVI y su sustitución por el Centro de Comercio Exterior; la fusión de los ministerios de Finanzas y de Banca Pública; la creación de la Superintendencia de Ganancias, Costos y Precios Justos; y, nuevamente, nuevos enroques de ministros y altos funcionarios, que pasan de un despacho a otros, una y otra vez.

Es de destacar el nombramiento de Nelson Merentes, quien ahora pasará a ser, de nuevo, presidente del Banco Central de Venezuela, el cuarto presidente del BCV en cinco meses, señal clara de la improvisación y la volubilidad de las decisiones relacionadas con las áreas económicas de este gobierno.

Nicolás Maduro afirmó también que la tasa de cambio del dólar permanecerá en 6,3 bs/$ para algunos rubros, no especificados; anunció el fortalecimiento del SICAD para abatir el dólar negro, trasladando el resto de los rubros a este sistema, lo cual constituye una devaluación por cuotas que tendrá una gran incidencia sobre la inflación.

Más importante que los anuncios de Maduro fue lo que no dijo en su discurso. No anunció ninguna medida con respecto a cómo enfrentará el gigantesco déficit fiscal, la caída de las reservas internacionales, ni la escasez generalizada de divisas, la baja gradual de la producción petrolera y la situación económica deficitaria de PDVSA.

Aparte de más represión para los supuestos especuladores y acaparadores, no hubo ningún anunció dirigido a reducir la inflación, que alcanzó en el 2013 a 56,4% y en alimentos a casi 80%, medidas para estimular la producción nacional, ni anuncio detalles de planes de inversión en ningún campo que permitan superar, por ejemplo, la crisis de la vialidad y del transporte. No se refirió a cómo resolverá el gravísimo problema de la escasez generalizada de alimentos que está impactando sobre la salud y la nutrición de los venezolanos de menores recursos. No habló tampoco de la escasez de cemento, cabillas y muchos insumos industriales, de repuestos, de equipos y vehículos, etc. que obstaculizan la producción de bienes y la prestación de servicios fundamentales.

Tampoco se refirió a la grave situación que están confrontando los millones de venezolanos cuya remuneración real disminuyó en el 2013 en cerca de 12% como consecuencia de la alta inflación que no es compensada con los aumentos de salarios mínimos, que no alcanzan ni para adquirir la canasta básica alimentaria.

No abundó Nicolás Maduro sobre la crisis del sistema de salud: sobre el repunte importante de dengue y malaria, la carencia de medicamentos y de materiales y equipos para tratamientos como radioterapia y estudios diagnósticos, que se traduce en una reducción de la esperanza de vida de los pacientes. No mencionó qué hará para enfrentar el desabastecimiento de medicamentos que en los últimos meses ha oscilado entre 20% y 40%. La crisis hospitalaria, con 50% de las camas de hospitales no operativas.

En el discurso de Nicolás Maduro no hubo menciones con respecto al sistema educativo en el 2013: El ministerio de Educación ha planteado que hacen falta al menos 3.250 planteles y se ha contabilizado por lo menos un millón de jóvenes fuera del sistema escolar, lo que favorece la delincuencia, la violencia y el aumento del embarazo precoz. Igualmente, hay un grave déficit de profesores en matemáticas, biología, física, química e idiomas, entre otras, todo lo cual disminuye las oportunidades de acceso a la educación de los sectores más necesitados y en la calidad de la educación.

Pero Maduro, si tuvo que referirse al severo problema de la inseguridad; no había manera de no tocar este problema que nos toca a todos, independientemente de nuestra opiniones políticas, condición social y económica. El 2013 cierra como el más violento de nuestra historia, cuando ocurrieron 24.700 homicidios. Frente a esta dura realidad, el discurso de Maduro es de un voluntarismo lleno de promesas de “mano dura” que sabemos no conducen a nada concreto. Incontables planes de seguridad se han anunciado y los índices criminales no han hecho sino aumentar en todo el territorio del país. La realidad es que el gobierno falla en las tres áreas básicas de la seguridad ciudadana: prevención del delito, sistema de justicia y rehabilitación a través del sistema penitenciario. Los operativos “Patria Segura”, “Patrullaje Inteligente” y “Corredores Seguros”, no han dado resultados efectivos a pesar de que la propaganda incesante del gobierno no hace sino proclamar supuestos avances contra el crimen que la realidad de todos los días refuta.

Los venezolanos no estamos para más cuentos ni para más promesas incumplidas; esperamos nuevas medidas para sacar a la economía del estancamiento y de la incertidumbre, terminar con la inflación galopante que empobrece a los venezolanos, resolver el drama de la escasez; enfrentar la inseguridad que nos arrebata miles de compatriotas y bajar el clima de confrontación y de violencia.

Los venezolanos esperamos que se establezca un verdadero diálogo con la participación de todos los sectores del país, interesados en que los graves problemas que sufrimos se solucionen mediante esfuerzos serios y concertados, y que cese la diatriba estéril, la confrontación interminable, que consume buena parte de la energía del país y que nos concentremos todos en enfrentar al verdadero enemigo: la pobreza, el atraso, la violencia y la negligencia.