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MHO reivindicó en la ULA la lucha por la verdad

“Les toca a ustedes, le toca a El Nacional, me toca a mí (...) derrotar al mal político que ha pretendido destruir nuestras libertades y apropiarse de nuestras vidas”, dijo Miguel Henrique Otero | Foto Leo León

“Les toca a ustedes, le toca a El Nacional, me toca a mí (...) derrotar al mal político que ha pretendido destruir nuestras libertades y apropiarse de nuestras vidas”, dijo Miguel Henrique Otero | Foto Leo León

En el 230° aniversario de la casa de estudios Miguel Henrique Otero expresó respeto por el sacrificio y la valentía de los estudiantes 

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Reivindicar la verdad y el derecho de defenderla ante quienes desde el poder buscan distorsionarla y manipularla para mantenerse precisamente en su círculo de privilegios, fue la petición que hizo el presidente editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, a quienes escucharon sus palabras como orador de orden en el 230° aniversario de la Universidad de los Andes, en el estado Mérida. 

Otero celebró el talante democrático de la casa de estudios en un momento adverso para los ciudadanos amantes de la libertad. 

Dijo que cuando el Estado se reestructura con el objetivo de consagrarse a mentir, como aseveró que ocurre en Venezuela, la sociedad comienza a correr riesgos: surge la distorsión de la realidad, la polarización de los fanáticos y la descalificación de todo el que insiste en ver y denunciar la realidad. 

Luego viene la última fase: la deshumanización de las personas. “Se nos persigue, se nos acosa, se nos amenaza, se nos excluye, se nos lista, se nos detiene, se nos tortura, o se nos mata para que no se pronuncie el dolor, para evitar que, dentro y fuera del país, se escuche la protesta, el grito, las voces que resisten, tanto al poder siniestro como a la indiferencia cómplice”, expresó Otero. 

Los actos para celebrar los 230 años de la ULA se prolongarán hasta el 29 de marzo, día del aniversario. El rector Mario Bonucci, junto con el arzobispo de Mérida, monseñor Baltazar Porras, las autoridades de la universidad y el presidente editor de El Nacional caminaron ayer, acompañados por la banda marcial de la casa de estudios, desde el Rectorado hasta la Arquidiócesis de Mérida, donde Porras ofició una misa en la que celebró que el aniversario coincidiera con la Anunciación del Señor.

“Lamento que a veces, desde el mismo poder, se impulsa el odio, la intolerancia y el miedo para convertir a los ciudadanos en seres indefensos. Lo que no se puede suscribir se soporta con la esperanza de encontrar un final feliz”, expresó monseñor Porras.

Pidió abrirse a la sensibilidad y no dejarse afectar por la indignación ante la adversidad: “Oremos por la universidad, por el país, para superar la crisis. No nos dejemos afectar por la desesperanza”. 

Al finalizar la misa, cuando las personas regresaban al Rectorado de la universidad, se toparon precisamente con una pequeña dosis de ese odio e intolerancia a la que se refería monseñor Porras: seguidores del oficialismo, que recogían firmas contra el imperialismo, subieron el volumen de la música de Alí Primera al percatarse de la caminata. El “Yankee go gome” opacó, por unos segundos, la melodía de la banda marcial. 

 

Cambios necesarios. Sobre soberanía habló precisamente el rector de la ULA: “Somos defensores de la verdadera soberanía: un país que dependa de otro para comprar sus alimentos, nunca podrá llamarse un país soberano”. 

Dijo que en sus 230 años la Universidad de los Andes ha superado muchos obstáculos: ha visto pasar gobiernos, asfixias económicas y hasta guerras, pero no han podido derrotarla. 

Afirmó que Venezuela necesita cambios que vayan más allá de sustituir a los que gobiernan. “Debe desaparecer el caudillismo, ahora el del siglo XXI, para entrar a un nuevo tiempo. No podemos seguir esperando a un mesías, el mesías esta en cada uno de nosotros”, señaló.

Bonucci advirtió que el populismo debe desaparecer y se debe asumir que el progreso, el desarrollo y la libertad dependen del esfuerzo de cada uno.

El dirigente estudiantil Jorge Jiménez también intervino en el acto. Con un discurso emotivo aclaró dos cosas: que ni la ULA ni sus estudiantes son oligarcas o excluyentes, como aseveran en el oficialismo, y que los jóvenes están dispuestos hasta a dar la vida para recuperar la democracia, que es la forma de vida que les enseñan en las aulas.

“El alma y corazón de los estudiantes está en las calles defendiendo la democracia, en las cárceles acompañando a los presos políticos y está junto con los que murieron defendiendo sus ideales”, aseveró.

El rector Bonucci agradeció a Otero por la lucha de El Nacional en la defensa de la libertad de expresión y la democracia, en un momento en que los medios afrontan serias dificultades. 

“Hemos visto cómo en Venezuela se han cerrado canales, han dejado de circular diarios, vemos periodistas perseguidos, detenidos y amenazados. La ULA siempre estará del lado del pueblo, la libertad y la democracia. No quedaremos como cómplices silentes del atropello de los derechos de los venezolanos”, dijo.

Otero, ante un Aula Magna llena, hizo una invitación: “Les toca a ustedes, le toca a El Nacional, me toca a mí, y sé que no estamos solos sino que nos acompañan millones de personas, derrotar al mal político que ha pretendido destruir nuestras libertades y apropiarse de nuestras vidas”.

Expresó su respeto por el sacrificio de los estudiantes, sus luchas y su valentía. Cerró con una promesa: “Estamos cada día más cerca de vencer al régimen de las mentiras. Pueden estar seguros de eso”.

La verdad –se manipule luego o no– es que el Aula Magna de la ULA estuvo llena. En cambio, quienes recogían firmas contra el imperialismo estaban solos, con sus planillas. 


Contra el imperio, por leche 
La ciudad de Mérida luce bien. Sus calles están limpias, hay orden, una montaña imponente la rodea y, si el cielo está despejado, se deja admirar, aunque se cuida: que la vean desde lejos, porque el teleférico, que el gobierno promete entregar cada año desde 2008, aún no sirve. 

Mérida luce bien, pero se notan las carencias. Marcos Delgado, presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad, admite que la principal falta es, justamente, el turismo. Una merma que afecta a todo el estado. 

“El aeropuerto Alberto Carnevali no funciona y los turistas tienen que viajar a El Vigía. Conviasa redujo la oferta de vuelos. El teleférico no lo inauguraron el primer trimestre de 2015, aparentemente ahora esa promesa pasa a 2016. El teleférico es el motor de todo el desarrollo turístico del país”, expresó.

Asegura que el estado también sufre por el desabastecimiento, porque el gobierno discrimina a las zonas andinas en la distribución de alimentos y productos de primera necesidad. “Los hoteles tienen que pedir el papel sanitario a sus huéspedes”, afirmó.

La leche, como tantos otros alimentos de la canasta básica, es otra carencia. Quien necesita dos litros, que desaparecieron de los mercados, los puede conseguir por un buen precio en algunos puestos de Mercal. Con una condición: colocar su firma en un papel que rechaza la supuesta pretensión de Estados Unidos de invadir Venezuela.