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Leopoldo López: “Esto no es un juicio sino un paredón de fusilamiento”

Familiares y compañeros de partido de Leopoldo López lo acompañaron en tribunales | Foto José Pacheco

Familiares y compañeros de partido de Leopoldo López lo acompañaron en tribunales | Foto José Pacheco

Una vez más fueron rechazadas las pruebas promovidas para demostrar la inocencia del líder de oposición

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En menos de diez minutos la jueza 28ª de juicio, Susana Barreiros, dio las respuestas que se esperaban. Pero lo hizo en términos jurídicos incomprensibles para muchos de los presentes en la audiencia, incluso para el principal acusado, Leopoldo López, quien le preguntó a su abogado: “¿Qué pasó, nos volvieron a negar las pruebas?”. El defensor asintió y López frunció el ceño mientras preparaba el reclamo que iba a formular desde el banquillo de los acusados.

“Esto no es un juicio, sino un paredón de fusilamiento. ¿Qué sentido tienen debate oral y público si solo se admiten las pruebas de la Fiscalía para incriminarme y ninguna de las promovidas por nosotros para demostrar que el llamado a conquistar la democracia no constituye delito? Es absurdo. De nuevo se verifica la naturaleza política de este proceso y es necesario que todo el mundo lo sepa”, expresó con indignación el dirigente de Voluntad Popular.

Barreiros argumentó que la admisión o rechazo de las pruebas promovidas por las partes es una potestad de los tribunales de control y no de los tribunales de juicio, como el que ella preside.

La defensa de López también había pedido ante el Tribunal 28° de Juicio un cambio de la calificación jurídica de los hechos por los cuales se le acusa, como efecto extensivo de la decisión que había tomado la jueza 16ª de control, Adriana López, al decretar la prohibición de salida del país de la exdiputada María Corina Machado. Según Juan Carlos Gutiérrez, en uno y otro caso los hechos son los mismos, pero a Leopoldo López se le atribuyen los delitos de asociación para delinquir, instigación pública, daño e incendio, mientras que a Machado solo intimidación pública. La jueza Barreiros solo se limitó a señalar que el efecto extensivo era improcedente porque no son los mismos delitos.

Gutiérrez reaccionó: “Nos respondió con la misma pregunta y queda sin resolver una contradicción determinante, en términos de debido proceso: la misma jueza, Adriana López, califica los mismos hechos de manera distinta: en el caso de López los considera constitutivos de cuatro delitos, y en el caso de Machado solo de uno y diferente al atribuido a López”.

En todo caso también quedó negada la posibilidad del enjuiciamiento en libertad de López y de Cristian Holdack. Marco Coello, Ángel de Jesús González y Demian Martín sí están en libertad condicional.

El único aliciente que habría recibido Leopoldo López ayer fue el abrazo de Jeneth Frías, madre de Bassil Da Costa, uno de los tres asesinados el 12 de febrero.

No se conocían. López se le acercó y le dio el pésame. Ella se sentó en uno de los bancos de la sala de audiencia y él se puso de cuclillas. Conversaron tomados de la mano. La mujer le regaló dos estampitas religiosas y le decía: “Debes tener mucha fuerza y mucha fe. Dios no nos desamparará; ni a ti, ni a mí, ni a los muchachos que todavía están presos, ni a todos los venezolanos que queremos un cambio”. Durante el tiempo que duró la sesión, la madre de Da Costa giraba entre sus dedos un rosario de diez cuentas.


El Dato
La próxima sesión del debate oral y público fue fijada para el 28 de agosto a la 1:30 pm. En esa oportunidad comenzará la evaluación de pruebas y testimonios. Leopoldo López está inmerso en un juicio con 142 pruebas en contra (todas las promovidas por la Fiscalía) y solo una a su favor, pues casi la totalidad de las promovidas por la defensa fueron rechazadas. Juan Carlos Gutiérrez no descarta solicitar que el Tribunal Supremo de Justicia corrija tal desequilibrio.


Crecer como
ser humano,
no como preso

Leopoldo López cuenta que un recluso de Ramo Verde le dijo que en la cárcel había dos tipos de personas: las que crecen como presos y las que crecen como seres humanos.

“Yo opté por lo segundo. No me puedo anclar en la frustración diaria de no obtener la libertad. Debo fortalecerme por mis convicciones, por mi país y por mi familia”, dice como una especie de mantra que le ha permitido mantenerse en pie después de casi seis meses de encarcelamiento.

En verdad, cuando habla con los que lo han acompañado en tribunales sonríe y devuelve las manifestaciones de afecto con la misma efusividad. Por el contrario, cuando se dirige a los jueces y los fiscales, se enseria y proyecta la voz para exigir sus derechos.

Ayer ratificó que permanece aislado en el piso 3 del edificio anexo de Ramo Verde, conocido como área de castigo. “Allí colocaron cuatro cámaras de un circuito cerrado de televisión. Vigilan cada uno de mis movimientos. Sabrán, por ejemplo, que ahora estoy leyendo un libro titulado El capital, del francés Tomás Piketty, y que ayer terminé Bolívar en vivo, una charla imaginaria entre Francisco Herrera Luque, Miguel Otero Silva y el Libertador”.

López relata que todos sus días comienzan de la misma manera: “Me levanto a las 4:45 am y hago ejercicios espirituales basados en las enseñanzas de san Ignacio de Loyola. Antes hacía deportes en las mañanas, ahora lo hago en las tardes. Nos permiten bajar a la cancha hora y media. Es la oportunidad para reunirme con los otros presos políticos recluidos en el área de castigo: Enzo Scarano, Daniel Ceballos y Salvatore Luchese. Pero siempre estamos vigilados muy de cerca por un funcionario de la DIM, al que no le ha quedado más remedio que jugar básquetbol con nosotros. Incluso tuvo que ver con nosotros la película Libertador. La vimos en la celda de Daniel, porque a mi me han quitado todo. No tengo ni un radio. Ese funcionario de la DIM no se separa de nosotros ni los miércoles, cuando un sacerdote viene a oficiar misa para nosotros cuatro. Ni siquiera para rezar nos permiten el contacto con otros detenidos”.

Para variar la rutina López aprende a dibujar con carboncillo (animales y paisajes), así como a tocar cuatro. “Ya toca ‘Compadre Pancho”, dice orgullosa su esposa, Lilian Tintori, que no deja de abrazarlo.

“Me han hecho ocho requisas. En la última –asegura López– unos militares encapuchados irrumpieron en mi celda y se llevaron hasta el manuscrito de un libro sobre petróleo que estoy escribiendo. Una de las pocas cosas que me queda es un mapa de Venezuela (mucho más grande del que tiene tatuado en la pantorrilla de la pierna izquierda). Lo tengo pegado en la pared junto a un montón de imágenes de santos que manda la gente. Al país y a la fe me aferro para crecer como ser humano”.