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Leopoldo López: “Estoy convencido de que ha valido la pena mi encarcelamiento”

López confía en la potestad de la AN para decretar la amnistía | Foto Omar Véliz / Archivo

López confía en la potestad de la AN para decretar la amnistía | Foto Omar Véliz / Archivo

El dirigente reivindica su lucha para sustituir al gobierno “ineficiente, corrupto y antidemocrático”, como primer paso para superar la crisis. Afirma que el mecanismo constitucional se decidirá por consenso: “Le quedan horas a la dictadura”

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En 1975, el régimen comunista de Vietnam arrestó al cardenal François-Xavier Nguyen van Thuan, quien pasó 13 años en prisión, 9 de ellos en un régimen de absoluto aislamiento. Su experiencia ha sido una inspiración para Leopoldo López, que hoy cumple dos años tras las rejas, también aislado en la cárcel militar de Ramo Verde.

Uno de los primeros libros que leyó en prisión relata la experiencia del cardenal, a quien Benedicto XVI propuso beatificar. Cuenta que en el texto, Van Thuan afirma que la principal frustración del preso es pensar todos los días en que saldrá lo más rápido posible, sin que eso ocurra. Sin embargo, el coordinador nacional de Voluntad Popular no se desespera, sabe que es inocente y saldrá en libertad, ya sea por la amnistía que impulsará la Asamblea Nacional o por un cambio de gobierno que vislumbra cercano.

López tiene prohibido contactar a la prensa, pero desafía esa decisión nuevamente y en pedazos de servilletas o en medio de documentos de sus abogados logró responder unas pocas preguntas a El Nacional.

—Luego de dos años preso, ¿confía en que una ley de amnistía aprobada por el Parlamento lo saque de la cárcel? El presidente ha negado esa posibilidad y el TSJ puede bloquearla.
—No me he fijado plazos, sé que voy a salir en libertad. Cuando lo haga estaré más fuerte de alma, mente y cuerpo. Saldré sin rencores y seguiré luchando por las mismas causas por las que siempre he luchado: el bienestar y prosperidad de nuestro pueblo, la defensa de la democracia y la libertad de los venezolanos. Mi inocencia hace insostenible mi prisión. Debería estar libre porque no he cometido ningún delito, lo han dicho los organismos de derechos humanos más prestigiosos del mundo, premios nobel, gobernantes, Parlamentos. Todo el mundo sabe que mi juicio fue una farsa en la que el fiscal acusador confesó que había recibido órdenes del Ejecutivo para fabricar acusaciones en mi contra. La nueva Asamblea Nacional tiene la legitimidad de decretar la amnistía, ya que está integrada en sus dos terceras partes por diputados de la Mesa de la Unidad Democrática. Además, la Asamblea tiene la competencia constitucional de decretar la amnistía, le guste o no a mi carcelero.

—La crisis económica, política y social se ha intensificado. ¿Desde la AN se puede solucionar o es necesario cambiar al gobierno? ¿Cuál es la mejor vía?
—Sin duda, hay que cambiar a este gobierno ineficiente, corrupto y antidemocrático. Por tener esa convicción, hace dos años hicimos un llamado a conquistar un cambio pacífico democrático y constitucional, que nos costó nuestra libertad. Hoy estoy más esperanzado y me digo que ha valido la pena todo esto, porque  veo que esta convicción es de toda la Unidad Democrática, que está más dispuesta que nunca a concretar este 2016 el cambio. Todo lo que he hecho es por impulsar un cambio para Venezuela. La Asamblea puede contribuir a la mejora de los problemas de los venezolanos a través de un conjunto de iniciativas de leyes, pero su competencia no es Ejecutiva y nuestro pueblo lo sabe. La verdadera solución a la crisis de los venezolanos va más allá de tomar unas medidas particulares que les pongan paños calientes a los problemas. Hay que cambiar el modelo que fracasó. Quienes hoy desgobiernan nuestro país no solo son los responsables de esta enorme crisis por ineficientes e incapaces, lo son por corruptos, porque se robaron el mayor ingreso petrolero de nuestra historia. También se dedican a bloquear toda iniciativa para arreglar los problemas que pueda tener la AN al burlarse de la voluntad popular. Ante este cuadro resulta hasta una obligación moral sacarlos del poder, y la Constitución nos da a los venezolanos las herramientas para hacerlo, pacífica y democráticamente. Me preguntas cuál es la mejor vía: allí está el revocatorio, la enmienda, la renuncia o la constituyente. En mi criterio, lo más importante hoy es que toda la Unidad está de acuerdo con la política del cambio urgente. El mecanismo se definirá por consenso.

—El forcejeo entre los poderes continúa mientras la crisis económica se intensifica. ¿Qué medidas son urgentes para superarla?
—Una de las grandes causas de la enfermedad económica que padece Venezuela es una adicción incontrolable a las importaciones, que destruyó nuestro aparato productivo. Esta política fue creada para ser financiada a costa de una gran bonanza petrolera, pero ante el saqueo de la mayor corrupción de nuestra historia y el descalabro de los precios del petróleo, esos dólares se acabaron. Si a esto le sumamos los controles de precios, la burocracia y el control de cambio, tenemos una economía deprimida y controlada que castiga a todos los venezolanos con la escasez de alimentos y medicinas y una espiral de inflación incontenible.

Para acabar con este círculo vicioso es imperativo comprometerse  con el sector nacional y asegurar el desarrollo industrial y agropecuario para impulsar el empleo productivo. Hay que fortalecer  las relaciones comerciales con otros países. También debemos garantizar la competencia para abatir la inflación y promover la inversión productiva, para generar millones de nuevos empleos de calidad y bien remunerados. Otro eje fundamental de nuestra estrategia es la consolidación de la seguridad. Para incentivar el desarrollo comercial, industrial y turístico es esencial acabar con la delincuencia que somete a las fuerzas productivas. Sin embargo, tenemos que asegurar la estabilidad en las inversiones, dictar reglas de juego claras y defender la integridad de la propiedad privada. Es imprescindible apuntalar la seguridad jurídica y brindar condiciones para la creación de nuevas empresas, pequeñas y grandes, nacionales y extranjeras, que generen millones de empleos. Además de las medidas económicas, hay que implementar políticas que beneficien a los más desposeídos. Las personas que se encuentran en pobreza extrema deben gozar de subsidios directos mientras salen de esa condición.

—¿Qué ha sido lo más difícil de su situación?
—Lo más difícil de estos dos años es ver cómo en muchas ocasiones a  Lilian, que viene a visitarme con Leopoldo y Manuela, le niegan el acceso. Confieso que me pega mucho ver a mi esposa e hijos atropellados por la arbitrariedad y  me lleno de frustración e indignación. Lilian, en ocasiones, le ha dicho a nuestra hija que no podían pasar porque yo estaba en clases. Es un consuelo saber que la inocencia de los niños es aliada en situaciones como esta, pero en el fondo sé que Manuela e incluso Leopoldo, que dio sus primeros pasos en esta prisión, perciben lo que está pasando. Ellos también son víctimas del abuso, de la discriminación, de la violación de nuestros derechos. Pero estoy convencido de que ha valido la pena mi encarcelamiento, de que le quedan horas a la dictadura. Estoy convencido de que Venezuela va a superar esta situación.