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José Miguel Arias: “Quiero un clima de libertad mayor, y mejores condiciones de vida”

Participó en la misma protesta en la que mataron a Génesis Carmona y ahora vive con una limitación que, por lo pronto, le impide ganarse el sustento 

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El 18 de febrero a eso de las 3:00 pm, salí de la casa y me sumé a quienes regresaban de la marcha que partió temprano desde dos puntos de Valencia: la avenida Bolívar Norte y el Shopping Center, pasó por la avenida Cedeño y la avenida Fernando Figueredo.

La protesta había terminado. Yo había ido temprano, pero mucha gente se quedó en la avenida Cedeño para seguir manifestando contra el gobierno de Nicolás Maduro. Había malestar porque piquetes de la Guardia Nacional Bolivariana no permitieron llegar al Palacio de Justicia de Carabobo.

Desde nuestra casa, en Los Colorados, se escuchaban los pitos y consignas, pero también detonaciones. Mi esposa me pidió que tuviera cuidado cuando le dije que volvería a la manifestación.

Me fui con otras personas a la intersección entre la Bolívar y la Cedeño. Allí estaba una tanqueta y efectivos de la GNB. Les pedimos que controlaran a quienes disparaban desde las calles Montes de Oca y Carabobo, pero lo que hicieron fue retirarse al rato. Había tensión en el ambiente.

Decidí volver a casa y en la esquina de la calle Montes de Oca me interceptaron cinco hombres, tres de los cuales estaban encapuchados. Me dispararon y al caer al suelo empezaron a golpearme. Creo que eran miembros de un colectivo vinculado al gobierno por como hablaban de los opositores.

Me amenazaron con arrastrarme hasta la avenida Cedeño para matarme frente a las personas que allí estaban y que me grabaran con celulares para que el pueblo aprendiera.

Me hirieron la cabeza del fémur izquierdo, me dieron patadas y me lanzaron piedras. Tuve además ocho puntos en la cabeza

Quedé tendido en la calle. Unos estudiantes me llevaron en carro hasta la clínica Guerra Méndez en el centro de la ciudad. Me cuentan que esa tarde los heridos llegaban en seguidilla, entre ellos la estudiante Génesis Carmona que desafortunadamente falleció al día siguiente por las heridas de bala que recibió en la cabeza.

Quedé muy agradecido con quienes me ayudaron: los que me trasladaron, los médicos de guardia, los enfermeros, la junta directiva de la Guerra Méndez, en especial a la doctora Marielena Pegues y al doctor Alain Daher, especialista en cadera, que apenas supo del caso se dispuso a operar. Yo no tengo recursos para pagar esa operación, pero ellos me ayudaron en todo. Les escribí una nota en agradecimiento.

Pasada la emergencia, me llamaron de la Oficina de Atención a la Víctima del Ministerio Público para conocer mi versión y me dieron una nueva cita. No pude asistir por las dificultades para el traslado. Dijeron que harían una visita domiciliaria, pero no ha ocurrido. También fui al Cicpc donde rendí declaraciones sobre lo sucedido, pero aún no sé quiénes me atacaron. Nadie se ha ocupado más de mi caso, porque éste se vincula al de Génesis Carmona.

Desde hace meses estoy desempleado. Era técnico instalador en una contratista de TV por cable. Todavía espero que me paguen lo que me corresponde por 15 años de servicio.

Me siento preso y decaído. En mi condición actual, veo difícil conseguir un empleo para mantener a mi esposa y mis tres hijos. Por ahora camino con muletas y cuando el dolor me deja ayudo a mi señora en un pequeño taller de costura en casa.

Yo no tengo abogados, pero confío en que se haga justicia. El poder de hacer justicia no está en los ciudadanos, sino en quienes la ejercen. Mantengo mi idea de que haya un cambio. Quiero un clima de libertad mayor al actual, y mejores condiciones de vida para los ciudadanos, sin distingo de su condición política.

No estoy seguro de que valió la pena salir a marchar ese día. Si pudiéramos preguntárselo a Génesis Carmona, yo creo que también diría que no. A mí me hirieron y golpearon, pero en realidad me duele el corazón por ver estas injusticias.


CASO CLÍNICO

El 19 de febrero José Miguel Arias fue operado por el especialista en cadera, Alain Daher. Señala que era una fractura muy difícil pues rompió la arteria de la cabeza de la cadera. La bala penetró el glúteo, rompió el hueso de la cadera y se le quedó alojada en el cuerpo.

“Esta intervención es de elección para pacientes jóvenes que tienen ruptura de la armonía de la cadera, esperando que los vasos sanguíneos que llevan oxígeno estén continuados. Si en 6 meses él manifiesta dolor o molestia, quizás se deba a que los vasos, luego de que la bala los perforó, no se restituyeron. En ese caso por su edad –43 años– se colocaría un implante en cerámica, que dura 40 años con 90% a 95% de posibilidades de quedar satisfecho”, refirió. El implante no se hizo de inmediato porque se requiere la primera operación, en la que se colocaron tornillos de titanio especiales.

La clínica costeó los gastos de Arias porque no contaba con recursos. Si necesita la otra intervención, podría costar 200.000 bolívares, aproximadamente.

Ya han transcurrido 4 de los 6 meses de recuperación. La rehabilitación consiste en caminar, pero según su relato apenas lo hace 15 minutos y se acuesta por el dolor. “Una vez que la intervención se consolide, él podrá rehacer su vida. En este momento hay una limitación temporal”, explicó Daher.