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Jon Lee Anderson: En Venezuela intentan hacer un país más cerrado y polarizado

El escritor admite que muchas veces es difícil mantener la integridad en momentos de polarización | Cortesía Rafael Hernández

El escritor admite que muchas veces es difícil mantener la integridad en momentos de polarización | Cortesía Rafael Hernández

El periodista criticó que el gobierno niegue los dólares a la prensa con el pretexto de la burocracia del control de cambio

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En declaraciones para El Nacional, el escritor estadounidense Jon Lee Anderson aseguró que la polarización en Venezuela es un legado dañino que dejó el fallecido presidente Hugo Chávez y que ha empeorado con Nicolás Maduro.

“La situación en Venezuela se ha convertido en un pastel muy difícil de definir. La polarización empezó con el mandato de Chávez –aunque los chavistas dirían que mucho antes, pero él la definió y la hizo más palpable–, creo que fue un legado dañino y Nicolás Maduro obviamente es un hombre incapaz que lo ha hecho peor. Es muy triste porque intentan hacer un país más cerrado, más hermético, polarizado, antagónico y eso me resulta un espectáculo repugnante”, dijo el autor de El dictador, los demonios y otras crónicas.

Sobre la situación que en la actualidad presenta el diario El Nacional, que no ha recibido los dólares para la adquisición de bobinas de papel periódico, el periodista enfatizó que le parece increíble que Venezuela tenga tal desastre en la economía. “Me parece increíble la situación en Venezuela, que por razones aparentemente políticas le están negando el papel bajo pretextos burocráticos del control cambiario. Es un gobierno que ha hecho un caos de la economía”, afirmó.

—¿Cuál ha sido la vivencia que más le ha impactado como periodista?
—Son muchas. La matanza de Uganda fue un hecho que me impactó, porque cuando el periodista cruza el umbral y se da cuenta de que no puede ser un simple observador y no puede hacer las cosas bien, tiene que presenciar la injusticia más atroz, que es una masacre, sin poder ayudar. Es quizás el momento en el que un periodista se siente más inútil.

—Usted ha dicho que el periodista nunca debe abandonar su condición como ser humano. ¿Cómo ha logrado hacerlo?
—Aprendí rápido que uno tiene que ser humano sobre todas las cosas. Cuando fui a México, las horas después del terremoto de 1985, que fue devastador, había gente muerta en la calle y otros todavía atrapados bajo los escombros. Durante las primeras horas salí a cumplir con mi misión como periodista, y recuerdo que me acerqué a una mujer sentada cerca de un montón de sillas de niños, en las afueras de una escuela colapsada. Me le acerqué por detrás y le dirigí la palabra sin darme cuenta de que seguramente me estaba acercando a la madre de uno de los niños. Volteó hacia mí y con furia me dijo: ‘Vete buitre’. Eso fue muy aleccionador, sentí vergüenza y me hizo pensar que era una madre. Me sentí obligado, por mis editores, que me dijeron: ‘Oye Jon, lo que nos interesan son historias humanas’. Me di cuenta que nunca más haré eso. La gente necesita su espacio y no hay que violentarlo como periodistas.

—¿Cuál es su recomendación a los reporteros que cubren eventos bélicos para que ejerzan el periodismo sin restricción y sin ver amenazada su seguridad?
—Cada vez es más difícil. Tengo seis amigos rehenes en Siria, amigos presos en Egipto y seis o siete amigos muertos en los últimos tres años. Asesinados, caídos en combate. Es muy peligroso, hacerlo no es fácil. Yo diría que hay que tener mucho cuidado, tener la ética íntegra y ser precavido, sobre todo no dejarse confundir por los lados en un conflicto. Es difícil pero no hay que dejar que un bando piense que tú sirves al otro.

—¿Como lo que ocurre en Venezuela?
—Sí, exacto. En las atmósferas muy polarizadas resulta difícil mantener la integridad propia. Intentar mediar en una sociedad polarizada es peligroso y muy difícil, a veces es casi imposible de lograr.

—¿Se siente identificado con la frase "Jon Lee Anderson es el heredero de Kapuscinski"?
—Me lo andan diciendo, mucha gente lo repite sin pensarlo mucho. Es un halago, pero no sé si alguien como Kapuscinski tiene herederos.

—¿Para usted es importante un premio?
—No, no, más bien que la gente lo lea a uno, lo pase a otros y lo recuerden después por muchos años. Cuando tú dejas algo en la gente, ese es el mayor premio.