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Impiden envío de materiales a estudiantes encadenados frente a la Embajada de Cuba

Estudiantes protestan frente a la Embajada de Cuba | Foto: EFE

Estudiantes protestan frente a la Embajada de Cuba | Foto: EFE

La GN apunta al desgaste de los jóvenes con la retención de alimentos, el desarme de los baños portátiles y la presencia intimidante

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Desde hace por lo menos dos días, cada vehículo que pasa por las calles aledañas a la Embajada de Cuba es sometido a una exhaustiva revisión por parte de funcionarios de la Guardia Nacional. No buscan armas o drogas, función que le corresponde a ese cuerpo castrense. La requisa está destinada a evitar que algunos conductores solidarios lleven comida, colchonetas o productos de higiene personal a los estudiantes que protestan encadenados frente a la sede diplomática, en una acción denominada Operación Soberanía.
Si los guardias detectan ese tipo de “mercancía”, obligan a los conductores a abandonar el lugar o a sacarla de los vehículos. Aunque algunos obedecen, muchos de esos productos rechazados son llevados a otras calles cercanas, donde ciudadanos desarrollan una compleja logística para que puedan llegar a los jóvenes, que protestan contra la injerencia cubana en el país.
Muchos de los alimentos que no lograron pasar la revisión de la GN son guardados en bolsas de plástico y llegan a los estudiantes a través de los portones de casas vecinas de la urbanización Chuao. Cada bolsa pasa por los patios internos hasta llegar a manos de Yusbrangelis Díaz, miembro de logística de Operación Soberanía y una de los 200 jóvenes que se encargan de recolectar los insumos.
Los jóvenes denuncian que la retención de los productos es una de las estrategias que usa el Gobierno para amilanar la protesta, además de la violación del libre tránsito por las calles cercanas y la presencia de un gran contingente de militares para desgastar la iniciativa estudiantil.
“Nos tienen cercados. Esta es una trinchera de lucha. Pedimos disculpas a los vecinos, pero tenemos que pensar en lo grande, no en lo pequeño”, señala Eduardo Bittar, uno de los estudiantes encadenados, que contabiliza el despliegue militar venezolano en la zona: seis barricadas de, aproximadamente, 14 funcionarios con equipos antimotines, que son rotados cada hora, y una alcabala cerca de la clínica Rescarven, además de 4 patrullas de la Policía Nacional.

Ni las necesidades básicas. Mientras llega la comida a los encadenados, una vecina recibe alguna bolsa de verdura y presta su cocina. Ahí se logra hacer una sopa para los huelguistas, mientras que los muchachos de la logística sólo pueden comer alguna chuchería.
Algunas de esas golosinas son llevadas por Carmen  Salazar, habitante de Chuao, quien tiene decenas de caramelos escondidos en cajas de pastillas para la tensión dentro de su koala, para evitar que sean detectadas por los militares.
La GN desmanteló los cuatro baños portátiles, pero uno fue desarmado y trasladado a la carpa de los huelguistas por los caminos verdes, contaron los estudiantes. Sin embargo, es uno solo para los, hasta ahora, 21 encadenados, por lo que muchos de ellos han tenido que recurrir al ingenio para resolver sus necesidades fisiológicas.

Ancianato apolítico. Si bien muchos vecinos apoyan a los jóvenes, en Chuao hay clínicas, guarderías y la casa hogar San Lázaro, donde viven 35 ancianos que se quejan del ruido. Yinet Guevara, enfermera del ancianato (quien se identifica con el chavismo) expone que los pacientes están muy inquietos: “La visita de los familiares fue suspendida y ellos no entienden porqué”.