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Harold Briceño comenzará trabajo comunitario en septiembre

Los abogados del estudiante de Educación lograron un acuerdo para suspender condicionalmente el proceso judicial 

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Harold Briceño, de 28 años de edad, comenzará a realizar dentro de ocho días trabajo comunitario en una escuela de la urbanización El Trigal, en Valencia, estado Carabobo. Es su “condena” por haber participado en una protesta en el distribuidor de ese sector el 20 de marzo pasado.
Había llegado al lugar de la manifestación cerca de las 5: 30 pm, luego de salir del trabajo, y se quedó porque sus hermanos estaban allí.
La Policía de Carabobo se retiró del sitio a las 6:15 pm, cuando finalizaba la movilización. Los hermanos Briceño emprendieron el camino a casa, pero cerca del distribuidor aparecieron guardias nacionales en motos y el grupo corrió. Harold Briceño entró en una calle ciega y allí comenzó su calvario.
“Llegó un guardia nacional en moto y disparó al aire. Me tiré al piso. Allí me agarraron, me golpearon y me dieron patadas. Tuve suerte de que no me dispararan”, expresa.
Otros manifestantes no corrieron la misma suerte porque a ellos sí les dispararon.
Briceño estudia Educación en la Universidad de Carabobo, pero eso no impidió que lo detuvieran. Por el contrario, lo llevaron al Destacamento 24 de la GNB. No supo de qué lo señalaban. A los dos días lo presentaron en el Palacio de Justicia y se enteró de que lo acusaban de corrupción de menores, agavillamiento, asociación para delinquir, obstaculización de la vía pública e instigación pública.
En el Destacamento 24 no le permitieron visitas ni podía ir al baño. Pero lo más grave fue que lo golpeaban con fusiles. Dormir era casi imposible. Se encontraba debajo de donde estaba un aparato de aire acondicionado y no tenía con qué arroparse. “Por eso usaba papel periódico para ponerlo debajo de la ropa y poder aguantar el frío. Dormía en el piso helado”.
 
Otra rutina

A Harold Briceño lo trasladaron después al Destacamento de Seguridad Urbana, Desur, en Tocuyito. Allí compartió prisión con los también estudiantes Humberto Mendoza, de la Universidad José Antonio Páez, y Carlos Álvarez, de la Universidad Arturo Michelena, a quienes detuvieron el mismo día que lo apresaron a él.
En el Desur se levantaban todas la mañanas a barrer, encerar el piso y pasar pulidora, así como a lavar los baños, recoger basura y pintar buena parte de ese comando.
“Nos ofrecíamos para esas labores porque preferíamos hacer algo que estar sentados en el piso, y de esa manera nos ganamos un poco la solidaridad de algunos guardias. Se dieron cuenta de que éramos distintos de otros presos que estaban allí por delitos comunes”, dice.
Recuerda que familiares les llevaban alimentos a mediodía, pero casi siempre debían dejarlos en la puerta porque no les permitían verlos.
El resto del día lo pasaban esposados, recostados a la pared de la fachada del comando.
 
El acuerdo

A Harold Briceño finalmente lo acusaron de dos delitos: resistencia a la autoridad e instigación pública.
El juez quería que admitiera los cargos. Pero gracias a la labor de sus abogados, entre ellos Luis Armando Betancout, del Foro Penal en Carabobo, logró un acuerdo para la suspensión condicional del proceso.