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El Gobierno agarra la bandera de la corrupción de manera propagandística

El historiador Ángel Lombardi / Ana María Otero

El historiador Ángel Lombardi / Ana María Otero

El historiador Ángel Lombardi señala que en Venezuela se usa la técnica del dictador Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana: “A los amigos, todo; a los enemigos, la ley”. Afirma que la complicidad es el delito convertido en nuevorriquismo 

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Ficha técnica

Escritor. Historiador. Rector de la Universidad Católica Cecilio Acosta desde 1998. Ex rector de la Universidad del Zulia (1992-1996).

Ángel Lombardi alerta en su blog cómo Venezuela es un país con vocación de atraso, una especie de torre de David signada por la desidia, donde las viejas y nuevas élites constituyen las élites del petróleo que, luego de 14 años en el poder, se instauran como una revolución reaccionaria cuyo fin es impedir que la oposición las desplace.

En el empeño de perpetuarse en el poder, afirma, levantan cruzadas contra la corrupción y una persecución contra quienes piensan distinto del Gobierno. “Revolución y totalitarismo llegan a ser casi sinónimos para configurar un sistema político totalitario, no importa si se llama comunista o fascista”, escribió el 3 de febrero en el blog, con el título “La revolución reaccionaria”.

Los nuevos sistemas, dijo, se caracterizan por 14 condiciones: “1, por un nacionalismo a ultranzas. 2, una negación de los derechos humanos. 3, identificación de un enemigo externo unificador, como por ejemplo el capitalismo, el imperialismo, la burguesía, los judíos, etc. 4, supremacía de lo militar. 5, sexismo rampante. 6, control de los medios de comunicación. 7, obsesión con la seguridad nacional. 8, sincretismo entre religión y política. 9, el poder corporativo es protegido. 10, el poder laboral es suprimido. 11, desprecio por los intelectuales y las artes. 12, obsesión por el crimen y el castigo. 13, rampante amiguismo y corrupción, y 14, elecciones fraudulentas”.

La decimatercera característica existe en Venezuela, donde, según el profesor universitario, priva el pensamiento del dictador de República Dominicana Rafael Leonidas Trujillo (entre 1930 y 1938, y luego entre 1942 y 1952): “A mis amigos, todo; a los enemigos, toda la ley”.

—¿Cómo evalúa la “guerra contra la corrupción” decretada por el presidente Nicolás Maduro?

—Son medidas efectistas, con un tinte electoral. Venezuela es un país rentista, en el cual el mejor negocio es mantener una buena relación con el partido de gobierno y las autoridades y así acceder a los contratos y recursos. Existe una cultura de la corrupción, alimentada por los gobiernos y promovida por los ingresos petroleros. La corrupción es proporcional al ingreso petrolero. En este caso la corrupción es mayor porque es mayor lo percibido por la renta petrolera.

—200 millardos de dólares anuales.

—Esta es la corrupción más escandalosa por los niveles de ingresos multimillonarios. Es una corrupción multimillonaria. La sociedad venezolana se asienta en una cultura corrupta y el Gobierno, en lugar de atacarla, agarra la bandera de manera oportunista, propagandística. ¿Por qué? Miraflores administra una crisis profunda en lo económica y, en respuesta, recurre a la distracción. A la amenaza contra la oposición y el propio chavismo como una fórmula para intimidarla, para atemorizarla y perseguir al otro y evitar una nueva disidencia. La ley es usada como un instrumento de persecución contra adversarios del Gobierno.

—¿No cree que arroje resultados?

—No. Se repetirá el chiste del “chino de Recadi”, una persona que cayó presa mientras los altos funcionarios evadieron la justicia. No tendrá resultados porque no hay voluntad para corregir, sino unas razones políticas para atacar al otro. En algunos casos conviene que caigan algunas personas, pero sin importancia.

—¿Eso tiene relación con las personas que mientras Chávez vivió guardaron sus riquezas y ahora compran bienes y nadie les pregunta el origen de los fondos?

—Es la explosión del nuevo rico. Es la ostentación de riqueza. Hay una necesidad sicológica de mostrarse poderosos porque saben que no les ocurrirá nada. Nadie delata, todos callan como una manera de protegerse. Es la complicidad en el delito convertida en la cultura del nuevorriquismo. Eso no es algo novedoso, pero en este caso sí es escandaloso.

—¿Una emergencia constitucional y las iniciativas del Consejo de Estado acabarán con la cultura de la corrupción?

—Eso es pantallerismo, distracción. Una política más eficaz es aquella que es discreta. En este caso es sólo publicidad, sin que presenten resultados. El plan es crear una matriz de un gobierno anticorrupto, mientras esconde los problemas de inflación, una Pdvsa quebrada y las divisiones internas. “La cuzada anticorrupción” es un focus de atención que suena bonito y vende la idea de que Maduro predica honestidad y una lucha moral; pero, como dice el refrán, “dime de qué ostentas y te diré de que careces”.

—¿No es necesario revisar leyes?

—En Venezuela hay una tradición medieval, según la cual creemos que con las leyes y con las palabras se cambia la realidad. Desde la Colonia las leyes de Indias eran una especie de decorado: se acatan, pero no se cumplen, como pasa con la Constitución.

—¿Hay una manera de acabar con la corrupción?

—Si hubiera honestidad todos deberíamos trabajar desde las escuelas, en los hogares y en la vida diaria por corregir las desviaciones rentistas. El problema es que los ciudadanos estamos sometidos a gestorías, a pequeñas corruptelas permitidas por el Estado, donde reina la complicidad, la permisividad y los pagos para agilizar cualquier trámite. La corrupción es institucional. Este mal debilita las instituciones y se multiplica por la impunidad creciente.

—Chávez fue percibido como decente, aunque no efectuó una “cacería” como Maduro.

—En el país se es hipócrita con la corrupción. En época de Luis Herrera se dijo: “Es honesto y deja robar”, y con los adecos se decía: “Se vive mejor, roban y dejan robar”. El decir popular se expresó como un sentir nacional. En este gobierno se dice: “El Presidente es honesto, el entorno es corrupto”. Ahora la corrupción no sólo es coger dinero, sino que existe el peculado. Los funcionarios deben vivir de acuerdo con los ingresos reales. Sin embargo, hay presidentes, ministros y directores que viven como millonarios; eso es peculado.

—¿Deberían mostrar el origen de ese modo de vida?

—Identificar los corruptos es fácil: hay que ver el estilo de vida y lo que declaran al Fisco, a la Contraloría General.

—Si es así, ¿todos los funcionarios deberían ir presos?

—El modelo rentista es cómplice de la corrupción, es un problema estructural que no se resuelve con escándalos ni planes mediáticos como pasa con la seguridad, que ha tenido 22 planes y la inseguridad continúa.

—¿En el pasado se combatió la corrupción?

—En el primer período democrático, en la Venezuela de Rómulo Betancourt, de Raúl Leoni y Rafael Caldera se controló. Había corrupción, pero menos impunidad. Luego la cosa se desbordó y vimos a Juan Pablo Pérez Alfonzo, creador de la OPEP, advirtiendo del despilfarro y de la corrupción.

—¿Y en la “revolución chavista”?

—Indistintamente de que hay gente, militantes y dirigentes honestos, el ingreso petrolero ha sido brutal y rompió los diques de contención moral.

—¿Hay intocables?

—Sí, están en el poder.

—¿Quiénes serían esas figuras emblemáticas?

—En un país sin garantías, sin imparcialidad de justicia es preferible no dar nombres. Sería injusto cuando hay miles de intocables.

—¿Se castigará a gobernadores o ex gobernadores?

—Desde que los judíos agarraron un chivo para exculpar sus penas, se castiga a uno para que los demás escarmienten. En el país el castigo responde a intereses políticos, hay una persecución contra el opositor.

—¿Cómo evalúa el papel de la Fiscalía General, que ha detenido a 50 personas en 12 días?

—Es una campaña publicitaria con fines electorales y las instituciones actúan como una orquesta. Tocan en la misma dirección, nadie quiere desafinar. ¿Por qué no actuaron contra Aponte Aponte? ¿Contra Makled?

—Margarita López Maya denunció peculado de uso en La Casona, ocupada por la familia de Chávez. ¿Hay corrupción?

—Venezuela es una sociedad desquiciada, la lógica elemental no funciona. La Constitución establece La Casona como residencia para la familia del presidente titular, por lo que López Maya tiene razón en alerta que no debe estar otra familia. Es peculado de uso, independientemente de si fue cedida por el Presidente.