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Francesca Commissari: “No quiero escaparme, porque no he hecho nada malo”

A través de una cuenta en Twitter, Commissari logró avisar a una colega que había sido detenida por la GNB | Foto Archivo El Nacional

A través de una cuenta en Twitter, Commissari logró avisar a una colega que había sido detenida por la GNB | Foto Archivo El Nacional

La fotógrafa italiana obtuvo la libertad plena este domingo. Asegura que hallará lo positivo de la experiencia, aunque le quitaron su cámara fotográfica

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En el apartamento de Francesca Commissari se escucha la alegría. Luego de pasar 35 horas privada de libertad, tras ser detenida el viernes 28 de febrero en Altamira cuando cubría una manifestación estudiantil, el tribunal segundo de control dictaminó su libertad plena, motivo por el cual ayer los amigos se acercaron a saludarla.

Brindaban, la abrazaban, se tomaban fotos con ella y escucharon su relato de lo ocurrido. Más de uno en tono irónico, le preguntaba sobre sus supuestas actividades terroristas. Hacían referencia a la información divulgada por la ministra de Información, Delcy Rodríguez, quien indicó que entre los aprehendidos durante la protesta había ocho extranjeros requeridos por terrorismo internacional.

Commissari ríe y permite la entrevista, pero subraya que necesita tomarse un tiempo para internalizar todo lo que le ha ocurrido en menos de 48 horas: pasó a tener 14.900 seguidores en twitter cuando antes registraba 195, se encontró con 1.480 mensajes en su cuenta gmail, y tiene que interrumpir el diálogo con sus amigos para atender llamadas en directo para la Televisora Rai de Italia, o NTN 24 de Colombia: “Cuando salí del Palacio de Justicia llegué a sentirme como Ingrid Betancourt por el impacto mediático inesperado que alcanzó mi caso”, dijo.

No es para menos. Tiene 34 años de edad y es nacida en Finale Emilia, en la provincia italiana de Módena. Filósofa egresada de la Universidad de Bologna, admite haber llegado a Venezuela por casualidad para unas vacaciones. Luego se enamoró de las costas, de los verdes inéditos de la selva amazónica y ahora está empecinada en fotografiar una realidad social que la seduce.

-¿Quién es Francesca Commissari?
-Una fotógrafa amante de la vida, interesada en dar a conocer lo que ve y que cuando decide que ya es hora de volver a su continente, siente el llamado de informar sobre el estallido social que vive el país y retratar a los sectores involucrados.

-¿Cómo la aprehenden el viernes 28 de febrero?
-Fui a Altamira y me encontré con una situación mucho más crispada de la que había visto en otras ocasiones. Noté un choque fuerte entre los manifestantes y la Guardia Nacional Bolivariana. Creí que podía subir y bajar por la avenida Altamira Sur y esquivar las bombas lacrimógenas, pero hubo un momento que creo haber visto que la manifestación quemó un escudo de un funcionario de la GNB, tomé fotos pero en ese instante hubo un recrudecimiento por parte de los funcionarios y todos comenzaron a correr.

Cuando creía que le había agarrado el modo a la protesta, empezaron a lanzar lacrimógenas desde las motos. La gente corrió y yo me encontré sola y asustada. Vi que tres personas se escondían en una bomba de gasolina y pensé que era el sitio más indicado para resguardarme. Fue desconcertante. Cuando creí que los funcionarios de la GNB se habían marchado, guardé mi cámara y me paré para irme, pero en ese momento vi a unos de pie que nos señalaron con una luz y gritaron: “Mi comandante aquí hay cuatro”.

-¿Qué sentiste?
-Pensé que se había acabado todo. Tuve tanto miedo que me paralicé a nivel físico pero en la mente me pasaban todas las imágenes de los videos que había visto en días recientes, sobre actuación de los cuerpos de seguridad, y no creía que esto me estuviera pasando a mí.

-¿Qué pasó luego?
-Yo repetía: por favor, por favor, por favor. Me levantaron entre dos hombres y me colocaron sobre una moto. Dijeron tres veces que me quitara el bolso. Me negué al principio, pero luego me dejé llevar. Me trasladaron hasta donde estaban las barricadas de la GNB. Allí respiré hondo, miré al cielo y vi las estrellas. Le pedí a mi abuelo Renzo que me cuidara: “Nonno Aiutami”, dije.

-¿Cómo te sentiste de estar detenida por 35 horas, desde las 8:00 pm del viernes y las 7:00 am del domingo?
-Tuve miedo pero cuando me llevaron mis documentos a Fuerte Tiuna pude respirar mejor. Sentí que no estaba sola, que estaba respaldada, porque mi familia vive al otro lado del océano.

-¿Qué pasó en Fuerte Tiuna?
-Representantes de la Fiscalía, funcionarios de la GNB, Sebin, Cicpc y Defensoría nos interrogaron cada dos por tres, desde las 10:00 pm del viernes hasta las 12 del mediodía del sábado. Luego, hubo un momento de fraternidad entre hombres y mujeres con opiniones diversas sobre el país. La esencia de esta experiencia es que pude ver que todavía las personas pueden comunicarse.

-¿Estás al tanto de que el tribunal pidió investigar casos crueles y tortura contra detenidos?
-Eso es necesario, creo que está bien que puedan revisarse las situaciones de exceso.

-¿Fuiste testigo de agresiones contra los detenidos?
-No, pero sí vi un chico con la cabeza partida, otro que cojeaba y uno con un ojo negro y la cara hinchada porque le habían caído a patadas. Un cuarto con dolor de espalda porque le habían dado golpes; y una chica nuestra que tenía un chichón.  

-¿Cuándo te enteraste del comentario sobre los extranjeros requeridos por terrorismo internacional?
-Al momento del juicio, el domingo a las 2:00 am, cuando mi abogado, Nizar El Fakid, dijo que me habían sembrado una molotov en mi acto judicial. Sentí indignación y un poco de temor.

-¿Qué pensaste?
-De esta también saldremos, me dije. Estoy tranquila con lo que soy y lo que hago. No tengo nada que esconder. Nada. No tuve rencor, solo tenía muchas ganas de que se acabara todo.

-Hubo reacciones en la red social twitter que advertían que tu caso fue una cortina de humo para desviar la atención de las represiones de los últimos días en el país.
-Solo pensaba en salir de allí.

-¿Qué pensabas durante las siete horas que tuviste que esperar, entre las 7:30 pm del sábado y las 2:30 am del domingo, cuando comenzó la audiencia en tribunales?
-Estaba cansada, me dolían las muñecas por las esposas que tuvimos colocadas todo el tiempo antes de la audiencia. No entendía por qué me pasaba a mí que solo hacía mi trabajo.

-¿Eres seguidora del proceso revolucionario?
-Sentí afinidad hacia conceptos, ideas y propuestas de lo que era el mensaje de Hugo Chávez. Me encariñé, no puedo negarlo, y estaba en un grupo que también era afín a esa ideología. Una amiga me propuso para sacarle unas fotos para un concurso en Argentina y muy sencillamente participé. Por eso salí retratada en una foto que apoyaba a Chávez. Luego pasan cosas, cambian las situaciones, pero yo no me arrepiento de haber creído.

-¿Qué dices a las personas que plantean que tu caso es un montaje del Gobierno y tú te prestaste para ello?
-Entiendo perfectamente que en medio de este caos mediático es fácil tomar esta situación escandalosa para encasillarme en algo. Tengo una convicción bien particular de la política. Puedo decir lo que he visto, lo que he sentido y nada más. No estoy pendiente de lo que piensen los otros sobre una manipulación. Sé que quienes me quieren saben quién soy.

¿Te prestarías para un juego del Gobierno?
-¡Má! Ni del Gobierno, ni de la oposición, ni de nadie.

-¿Otra vez agarrarías ese cartelito?
-Ese cartelito era hacia una persona en particular. De repente puedo levantar un cartelito que reivindique mi pensamiento.

-¿Qué diría el aviso, Francesca?
-Que otro mundo es posible, que existe la posibilidad de dialogar. Al final creo que todos buscamos vivir bien y en tranquilidad.

-¿Por qué se le concedió libertad plena a los dos extranjeros y los otros detenidos tienen que cumplir régimen de presentación?
-Cuando averiguan que las personas no tienen nada que esconder no tienen por qué insistir en algo improbable. Creo, además, que de ambos lados hubo intención de evitar un escándalo internacional.

-¿No hubo inequidad en la justicia?
-No. Ni yo ni el ciudadano portugués estábamos haciendo nada malo. Los demás están en un proceso de investigación.

-¿Qué harás ahora?
-Quiero buscar mi cámara fotográfica. Aprovecharé este momento para descansar y tomar mi cámara analógica y registrar sensaciones.

-¿No tienes miedo de seguir fotografiando?
-Absolutamente no. Ahora como nunca tengo ganas de escribir, de fotografiar, de contar lo que siento a través de ese medio.

-¿Qué sientes ahora?
-Estupor. Nunca pensé que me ocurriría nada parecido. Quiero tomar distancia para que no me afecte tanto. Quiero hacer deporte en estos días para drenar el dolor de estómago que tengo y estar con mis amigos, con mi gente. Aprovechar mi vida.

-¿Qué pensaste cuando se planteó tu deportación?
-Me molestó, me dio tristeza. Yo tengo una fecha para irme, pero quiero que sea cuando sea oportuno. Todavía quiero vivir cosas de este país que adoro. Aprovechar el tiempo con mis amigos e irme cuando yo decida, porque no he hecho nada malo. Estaba trabajando, informando, y divirtiéndome porque también mi trabajo es diversión.