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Enrique Ochoa Antich: “Como el 4F, esta protesta tiene causas”

Enrique Ochoa Antich, defensor de DDHH | Foto Omar Véliz / Archivo

Enrique Ochoa Antich, defensor de DDHH | Foto Omar Véliz / Archivo

“El gobierno debe cesar en el lenguaje ofensivo”, aconsejó el defensor de derechos humanos

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Enrique Ochoa Antich entregó ayer al ministro Miguel Rodríguez Torres una carta dirigida al Presidente Nicolás Maduro y anunció que en los próximos días divulgará otra que envió a la MUD.

Estos son extractos de esa misiva:

“Usted y yo compartimos en las calles muchas luchas políticas y sociales por muchos años, uno desde posturas del socialismo radical, marxista-leninista, el otro desde el activismo por el socialismo democrático, socialdemócrata, si se quiere”.

“No sé si nos percatamos de la dimensión de lo que está ocurriendo, pero nos estamos adentrando en un laberinto sangriento del que, mientras más nos internemos en él, más nos costará encontrar la salida. ¿No habrán comenzado así las cruentas guerras civiles que muchos pueblos, como los de Centroamérica y España, padecieron por décadas?”.

“Cuando Chávez pretendió derrocar a un gobierno que, aunque lo adversábamos, había sido elegido constitucionalmente por el pueblo, nos atrevimos a decir y a escribir —usted debe recordarlo— que aunque por razones de principio contrariábamos cualquier intento de golpe de Estado, de izquierda o de derecho, más aún contrariábamos las causas que lo habían hecho posible. Ojalá todos en el gobierno puedan percibir que de estas protestas, incluso de las violentas que cuestionamos, puede decirse lo mismo. Hay causas, señor Presidente, de muy diversa naturaleza: política, económica, social, la más pequeña de las cuales no es precisamente el abuso constante y ofensivo del poder”.

“Creo que algunas de las medidas de gobierno adoptadas por usted recientemente, indican que está al tanto de algunas de ellas, en particular las relativas a la grave crisis económica, fiscal y monetaria que ha heredado. Sin desconocer que grupos muy pequeños puedan animar el delirio de, sobre estas condiciones objetivas, propiciar la violencia y el caos, pensando en propiciar una salida de fuerza. Pero a usted debe constarle que no es para nada la propuesta que anima a la clamorosa mayoría pacífica y democrática de la oposición”.

“Ese abuso del poder comienza por expresarse en el trato que el Estado da a sus ciudadanos, desde la palabra que se usa para referirse a la disidencia política hasta la violación de derechos humanos fundamentales como el de la vida y el de la integridad física”. 

Propuestas para el diálogo:

- Cesar en el lenguaje ofensivo para quienes adversan al gobierno democráticamente, es decir, desterrar del lenguaje oficial, el suyo inclusive, los insultos, las descalificaciones políticas y morales, y la mofa como instrumento deplorable del combate político. Sólo el trato respetuoso permite el diálogo con quienes disienten. Y bastaría este cambio para que fluyan las energías del reconocimiento y la tolerancia, estoy de seguro de ello.
- Sancionar de modo ejemplar la violación de los derechos humanos por parte de funcionarios militares y policiales, y permitir el escrutinio público de tales investigaciones.
- Impedir la acción de grupos civiles armados, no importa de qué signo político.
- Ofrecer como testimonio de buena voluntad iniciativas que incluso voceros pro-gobierno han propuesto, como las medidas humanitarias para el comisario Iván Simonovis, que es un caso emblemático; el retorno de los exiliados por razones políticas; y la libertad de los detenidos por razones políticas de antes y de los que lo han sido con ocasión de los actuales sucesos.

“No considero que éstas deben ser necesariamente condiciones previas al diálogo, de allí mi diferencia fundamental con la dirección política de la oposición. Sostengo que esos requerimientos deben ser el resultado de las conversaciones y no su pre-condición. Sí digo que, siendo el gobierno el primer responsable de cuanto ocurra en el país, ellas podrían por sí mismas abrir una nueva etapa en la relación de su gobierno con quienes se le oponen. No serían para nada una claudicación. Antes por el contrario, serían la prueba de una estatura política que se empine por sobre las miserias que a veces rodean al poder para mirar lejos los intereses de la patria y de sus hijas e hijos”.