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Editorial de O Globo: Venezuela refuerza señales de alergia al diálogo

Asegura que los gobiernos de Nicaragua y Ecuador también limitan la libertad de expresión / Foto Archivo

O Globo critica la "retórica jurásica" que el gobierno maneja para justificar su actitud | Foto Archivo El Nacional

El diario O Globo de Brasil dedica su editorial a la situación venezolana. Presentamos una versión libre del texto que retrata las distintas aristas de la crisis que atraviesa el país en materia de derechos humanos y políticos

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La forma truculenta como el régimen bolivariano de Venezuela reacciona a las críticas preocupa a la comunidad internacional y las organizaciones multilaterales. El gobierno del presidente Nicolás Maduro, sin embargo, ignora solemnemente los llamados al diálogo, lo que refuerza las sospechas de que el país se mueve cada vez más hacia una plena dictadura.

Las señales de violencia del Estado están en todas partes, como la detención arbitraria de dirigentes de la oposición y de los ciudadanos que participaron en las manifestaciones del año pasado; la coacción de la Legislatura y el Poder Judicial por el Ejecutivo; la proliferación de milicias bolivarianas; el control de los medios de comunicación y la incertidumbre de la fecha de las elecciones parlamentarias, lo que hace inviable cualquier campaña electoral.

El domingo pasado, durante la apertura de la 45ª Asamblea General de la OEA en Washington, el nuevo secretario general de la institución, el uruguayo Luis Almagro, pidió respeto a la oposición de ideas en el continente. Aunque no citó el país, se hizo evidente que el mensaje estaba dirigido a Venezuela, donde Leopoldo López, uno de los líderes de la oposición encarcelados injustamente, se encuentra en protesta a través de una huelga de hambre que ya lleva más de dos semanas.

El representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al Hussein, criticó ayer las condiciones carcelarias de manifestantes pacíficos en el gobierno de Maduro. “Estoy seriamente preocupado por la legalidad y las condiciones de las personas detenidas por ejercer pacíficamente su libertad de expresión y de reunión”, dijo durante la sesión inaugural del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, en referencia específica a Venezuela. “Algunos están en huelga de hambre desde hace semanas, lo que aumenta nuestra preocupación. Deben ser puestos en libertad rápidamente y sin condiciones”, añadió.

El gobierno de Maduro, no obstante, no solo renueva su alergia al diálogo al ignorar los alegatos de estas instituciones, sino que se justifica con una retórica jurásica de “amenaza imperialista a la soberanía del país”. El ejemplo más reciente fue la prohibición de la entrada de una delegación de senadores brasileños a ese país, entre ellos el ex candidato presidencial Aécio Neves, que planeaba visitar a los opositores encarcelados. El ministro de Defensa, Jacques Wagner, minimizó ese veto al decir que Venezuela también estudiaba la solicitud de autorización de ingreso a Caracas a un avión de la Fuerza Aérea de Brasil con una delegación. El Palacio de Planalto se negó a comentar el asunto.

Por cierto, el silencio del gobierno de Brasil en relación con la crisis venezolana es tan elocuente como contumaz. El discurso oficial es el de siempre: se trata de un asunto interno y que los organismos regionales como Unasur deberían adoptar una posición más firme. La Unasur, a su vez, parece más preocupada por las sanciones impuestas por Estados Unidos a funcionarios del gobierno de Maduro que por las violaciones a los derechos humanos, lo que pone en peligro la vida de los ciudadanos venezolanos. Lamentable.