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Diego Arria: “El liderazgo de la calle desbordó a los partidos políticos”

Diego Arria

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El diplomático aseveró que Venezuela necesita un Consejo de Estado, plural y representativo, para ser refundado y salvar la democracia en el país

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El liderazgo que necesita Venezuela no se alimenta de caudillos ni de figuras únicas, afirmó el ex embajador ante la ONU, Diego Arria, quien plantea que el país necesita un Consejo de Estado para ser refundado y salvar la democracia. Señaló, también, que se requiere de una oposición plural y unida, que sea representativa y legítima de los intereses nacionales. Consideró que los partidos políticos tienen una función importante, pero que sus intereses no necesariamente coinciden con los requerimientos de Venezuela y que, sin duda alguna, el liderazgo de la calle los desbordó.

 

—¿Es este el inicio de una transición o una radicalización del comunismo?

—Las dos cosas se están dando simultáneamente. Tal vez, la radicalización del proceso de intentar hacer a una sociedad comunista generó la falencia, los problemas que han inspirado y promovido la reacción, inicialmente de los estudiantes y luego de la sociedad en general.

 

—¿Aconsejaría a los estudiantes?

—He visto suficientes manifestaciones para darme cuenta de que es innecesario darles consejos. Leen el viento mejor que los demás y no son controlables. Actúan de acuerdo con la inspiración y las reacciones que le producen ciertas circunstancias y son capaces de pensar fuera de la caja. En situaciones como estas que son totalmente inéditas, nadie mejor que los jóvenes para ver como se manifiestan. Sin la menor duda a los jóvenes no hay mucho que enseñarles.

 

¿Cuál es el principal problema de los venezolanos?

—Uno es que no ha habido una construcción política, realista, sincera, que deje de vivir en la negación de la realidad. Tenemos más de 10 años diciéndoles a los venezolanos y a su dirigencia política que cada vez ganaremos más espacios, que esto es un proceso político, que se puede votar con el CNE y esperar que si ganamos los poderes públicos cambiarán y se ajustarán a las nuevas necesidades. La Constitución no tiene atajos, como dicen algunos, tiene una autopista de oportunidades constitucionales para modificar la situación actual.

 

—¿Puede haber un cambio real sin Constituyente?

—No puede haberlo. A menos que se cree un gobierno de transición o un Consejo de Estado. Se necesita un proceso de transición de tres años para refundar la república. Ahora con el CNE no se puede. Tenemos que buscar modalidades para imponer una fórmula.

 

—¿Aún tomaría tres años esta transición?

—Decía que en tres años se puede hacer este conjunto de medidas, hay que desmantelar la telaraña judicial que se montó en el país. Por fortuna hay algunos juristas que vienen trabajando este tema y se sabe cuáles son esas cosas que tienden a hacer de Venezuela un país gastado en sus potencialidades, tutelado por una minoría política como el PSUV, con los militares, que se han encargado de recrear una sociedad inoperante. Estas medidas deben ser tomadas creando los amortiguadores sociales que hagan esta transición lo menos penosa posible a la gente de menos recursos y no me refiero solamente a los más pobres, sino también a la clase media.

La primera medida para proteger a estos sectores es suspender los regalos y ventas preferenciales de petróleo que se hacen al exterior y crear un fondo para mantener todos los programas de asistencia social. Hay que crear instituciones y no misiones.

 

—¿Qué opina de las barricadas?

—De no ser por las barricadas estos “amigos” de Unasur ni siquiera habrían mandado una postal a los venezolanos. Lo único que puedo decir es que gracias a ellas y a los estudiantes se contribuyó a develar un régimen dictatorial que durante 15 años gastó 90 millardos de dólares para crear una fachada distinta a la que realmente tiene. Esa imagen la han tumbado los jóvenes, los estudiantes y las barricadas.

 

—¿Qué piensa de la misión de Unasur y el encuentro con la MUD?

—Si la Unasur hubiese tenido la más mínima disposición de intervenir en el proceso, lo primero que habría hecho es comunicarle al secretario general, Alí Rodríguez Araque, que está dispuesta a cooperar. Pero primero se deben tomar medidas que legitimen y hagan creíble la misión. Liberación inmediata de Leopoldo López, retorno inmediato de la diputación a la señora Machado, liberación de alcaldes y estudiantes presos. No es la MUD la que debe presentar el documento, es la Unasur que sabe muy bien lo que está pasando en Venezuela.

Ellos fueron para darle una salida política al régimen de Maduro. ¿Por qué no se escogió a la Iglesia Católica, la MUD y los estudiantes? Porque eso no solo la hacía más representativa, sino más peligrosa.

Nos podemos sentar con los cancilleres todas las veces que sea necesario, pero en este momento a quiénes representan Ramón Guillermo Aveledo, Henri Falcón y Omar Barboza. Ellos son el partido MUD, un cogollo de partidos que no es representativo para sentarse en nombre de Venezuela, pero sí de sus partidos. Es un descaro decir que ellos representan la unidad política venezolana.

 

—¿Considera que la oposición debe dialogar?

—Hay gente que hace oposición y otra resistencia. La MUD dice que es de oposición y los otros grupos del país dicen que hacen resistencia, a eso estamos enfrentados.

Como mínimo para haber ido yo, hubiera exigido la liberación de López y que le devolvieran su investidura parlamentaria a Machado. Eso es lo extremo del mínimo. Decir: “Señores, si ustedes logran y cumplen con estas cosas nos sentamos, si no, olvídense”.

He visto que Antonio Ledezma señaló el diálogo como una burla. Machado dijo que esto es consolidar una dictadura. Pienso en términos muy parecidos. Justamente cuando hay un régimen que está colapsando, la MUD le tiró un salvavidas gigantesco para que no se ahogue.

 

—¿Cómo puede haber relevo generacional si los jóvenes se van por que no tienen calidad de vida?

—La peor devaluación que ha tenido Venezuela es la depreciación del capital humano. Entiendo esta lucha permanente de los jóvenes, y que lo expresen en protestas indica que saben que su futuro se decide ahora. Si Venezuela se convierte en un país tipo comunista –como al que nos quieren llevar– saben que su vida está atada a un Estado mediocre dictatorial y buscarán otra salida. Uno de los daños más graves que se le han hecho al país es matar las esperanzas de los jóvenes. Que llegue el día que se diga “el último que se vaya apague la luz”, es terrible.

 

—¿Puede haber una política de retorno?

—Una política de retorno de capital humano es más difícil que una de capital financiero. Sería mucho más fácil que los venezolanos vuelvan a invertir en su país a que los venezolanos que han creado o expandido sus familias en el exterior a otros horizontes de educación, salud, tranquilidad, regresen. Hemos creado una situación que nos perseguirá durante muchos años. Una inestabilidad política, emocional, humana. Le doy importancia a eso porque creo que es lo que va a conformar el espíritu, la personalidad y el comportamiento de los venezolanos durante muchos años. Hasta que no se superen una serie de incertidumbres no podemos ser un país confiable, creíble, anticipable. Si no se tienen esas características no se puede hacer que regresen capitales y mucho menos la gente.

 

—¿El liderazgo surge de las bases, las cúpulas o procesos de partidos?

—Durante algunos años los medios de comunicación, Globovisión, contribuyó a crear la nueva clase política. De ahí salen Capriles, López, Machado; fueron mediáticos. Los medios asimilaron el crecimiento político de jóvenes en Venezuela. No fue así en el pasado, que era más difícil, cuando se requería de un gran trajinar y gimnasia política para poder ascender a determinadas posiciones, aquí los medios de comunicación hicieron ese trabajo. Las primarias la convirtieron en un American Idol, quien ofrece más, quien es más simpático, en vez de decir cómo vamos a manejar esto, como resolveremos la situación.