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Crónica. La fotografía del proceso de validación de firmas

El proceso finalizó este lunes a las 5:20 pm | Aly La Riva

El proceso finalizó este lunes a las 5:20 pm | Aly La Riva

En la Escuela Técnica Popular Don Bosco, en Los Ruices, el proceso de validación de firmas se extendió hasta las 5:20 pm. Al menos 400 personas, algunas allí desde las 10:00 am, no pudieron cumplir con el proceso. Dos captahuellas fueron insuficientes para la cantidad de gente, que de tanto en tanto gritaba “Revocatorio ya”

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A la 1:40 pm pasé por la avenida principal de Los Ruices para llegar a la Escuela Técnica Popular Don Bosco, único punto de validación de firmas para el referéndum revocatorio en el municipio Sucre. A la izquierda, había una cola para el Central Madeirense del centro comercial Los Ruices; en frente, otra fila se hacía en el supermercado Icoa. Crucé a la derecha. Vi a un señor hurgando en la basura y a otro vendiendo fresas en un puesto improvisado bajo el potente sol. Parecía una señal: iba dejando atrás la tragedia del venezolano, esas escenas diarias que duelen tanto ver.

Llegué al sitio en el que estarían ciudadanos dispuestos a validar sus firmas para cumplir con la primera etapa del referéndum revocatorio. La cantidad de gente hacía casi imposible definir en dónde empezaba o terminaba una cola, las personas abarrotaban la vía y las aceras de la calle A de Los Ruices. El primer paso fue ir a un puesto con toldo azul en el que colaboradores de la Mesa de la Unidad Democrática confirman al ciudadano si debe validar o no. Una vez que lo certifican, le entregan un pequeño papel en el que se indica el estado en el que vota, nombre y número de cédula. Ese papel se entrega al finalizar el proceso para colaborar con los conteos de la MUD.


Aproximadamente a las 2:00 pm más de 500 personas esperaban afuera para ingresar al centro electoral, que en elecciones maneja 23 mesas y que en esta oportunidad solo contó con dos máquinas. Las personas de la tercera edad fueron ubicadas en dos filas de sillas blancas plásticas, una frente a la otra, y bajo un largo toldo blanco.

En estas colas, a diferencia de las que se hacen para intentar comprar alimentos, no había hostilidad. Todo lo contrario: había optimismo.  Las consignas gritadas por algunos estaban en boca de todos: “Revocatorio ya”, “Sí se puede” y la famosa y para otros pavosa “Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”.

De repente, unos fuertes aplausos celebraron la asistencia de un joven de 22 años de edad en silla de ruedas. Me dijo su nombre, pero después un familiar pidió que lo obviara por el temor de que el gobierno le niegue un trámite que introdujo ante el Cencoex. De piel blanca, cabello castaño oscuro y ojos grandes, explicó con convicción sus razones para validar su firma. Padece de artrogriposis, un síndrome congénito que implica la contracción permanente de varias articulaciones. No consigue el tratamiento que requiere para su enfermedad y tampoco los medicamentos que necesita para tratar sus episodios de ansiedad y pánico. La silla de ruedas se la compraron en Estados Unidos porque en Venezuela no se consigue o es muy costosa.

“El país es un desastre. Los venezolanos deben terminar de abrir los ojos, estamos en un pozo sin fondo desde que se montó Chávez. Todo está mal, le economía, la inseguridad”, dijo con la voz entrecortada y con vehemencia, casi con desesperación.

Las personas ingresaban a la Escuela Técnica Popular Don Bosco de 30 en 30. La meta era cruzar el portón color aguamarina con los dos funcionarios de la Guardia Nacional que custodiaban la entrada.


Después de ingresar, la primera imagen es un salón con aproximadamente 100 sillas blancas de plástico ocupadas por personas de la tercera edad. Al fondo y a la derecha unas escaleras llevan a un largo y ancho pasillo. Casi a la mitad de éste se encuentra el salón en el que están instaladas las máquinas para validar las firmas. Lucila Herrera, de 80 años de edad, salió de allí apoyada del brazo de Juan David Martín, quien se ofreció a acompañarla y ayudarla. De piel morena, con lentes correctivos y un pañuelo morado en la cabeza, lo que más resaltaba en ella era el color blanco pulcro del tapabocas que tenía puesto. Padece de leucemia y en Venezuela no consigue el tratamiento para su enfermedad. Sus dos hijos se fueron del país y le enviaron quimioterapia oral desde Chile y Perú.

“Vine por mi país, por mis dos hijos que se me fueron. La inseguridad es grave, la pérdida de los valores”, sostuvo. Mientras tanto, una mujer salía de validar su firma con una bebé en brazos y un niño de aproximadamente 5 años de edad que la llamaba, la abrazaba y la rodeaba una y otra vez, a modo de juego. “Por ellos es que hay que luchar”, se escuchó en la cola del pasillo. La cola de personas también bordeaba las canchas de la escuela. Se prolongaba aproximadamente 100 metros.


En medio del bullicio natural por la cantidad de personas, gritos de mujeres sobresaltaron la cola. Al gobernador de Miranda, Henrique Capriles, el Consejo Nacional Electoral no le autorizó validar su firma; sin embargo, fue al lugar a saludar y agradecer a quienes sí pueden cumplir con el proceso. En compañía del diputado de Primero Justicia, Miguel Pizarro y de Juan Carlos Caldera, el dirigente opositor saludó a las personas que permanecían en la cola, desde el inicio hasta el final. Por aproximadamente una hora y media, ciudadanos le manifestaron su apoyo y confianza. Mientras algunas lo bendecían y le pedían que tuviera fortaleza, otras bromeaban: “Capriles, voltea pa’ que te enamores”. Él sonrió. Después también llegó el alcalde del municipio Sucre, Carlos Ocariz.

Las 4:00 pm, cuando Capriles se fue del lugar, es en teoría la hora tope para la validación de las firmas. No obstante, como electores continuaban en la cola el proceso en la Escuela Técnica Popular Don Bosco se alargó hasta las 5:20 pm. A esa hora una representante del CNE le notificó respetuosamente a aproximadamente 400 personas que había finalizado el proceso por ese día y que se les entregaría un número para que al día siguiente tuvieran prioridad al llegar. Los reclamos no se hicieron esperar. Una mujer se paró en frente de la funcionaria pública y le recriminó: “No se cansan de abusar de nosotros”. Colaboradores de la MUD contribuyeron a mantener el orden en el centro, que en su primer día validó la firma de aproximadamente 1.600 personas.


A las 6:00 pm todavía quedaba un remanente de personas saliendo del centro con el compromiso de volver al día siguiente para poder validar su firma. Algunas llegaron a las 10:00 am y no pudieron cumplir su objetivo después de haber pasado más de 7 horas en cola. La cantidad de personas y el funcionamiento de solo dos máquinas retrasaron el proceso.

“Nos vamos como con las colas de la comida: sin nada”; “una humillación más”; “esto es un abuso, yo espero que todas las ánimas del purgatorio vuelvan loca a esta gente”; “esto es una burla, estas son órdenes de Tibisay Lucena”. Pero ni siquiera en casos de evidente frustración el venezolano opta por rendirse: “No nos vamos a cansar, mañana volvemos a venir”; “aquí nunca se acaba la esperanza”, “ellos nunca podrán con nuestra fuerza”. Un señor sentado a mi lado suspiró y susurró: “Qué alivio, qué orgullo”.