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Capriles votó tranquilo y aferrado a lo que siempre le dio la victoria

Con sus viejos zapatos de color marrón, esos que siempre usa en las elecciones, el candidato confió en el proceso electoral y llamó a la calma

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Ayer, cuando ejerció su derecho al sufragio en el colegio Santo Tomás de Villanueva, lucía sereno ­mucho más que cuando participó en las primarias­, con una sonrisa permanente y con la capacidad, incluso, de hacer bromas. El trabajo estaba realizado, sólo quedaba esperar.

Capriles contó cómo jugaba cuando era pequeño al acompañar a su madre a votar. "Yo me metía y me manchaba el dedo con tinta, le pedía a alguien que lo hiciera, y le decía a mi mamá que yo tenía un contacto que me dejaba votar a pesar de que era menor de edad", expresó. Los periodistas en el lugar celebraron con risas la historia.

De no ser por la emoción que desató cuando apareció en el centro de votación, cualquiera podría pensar que participaba en una elección cualquiera ­no la más importante en décadas­ y en la que él no era uno de los protagonistas.

A pesar de que lucía más tranquilo, Capriles se aferró a los rituales que lo acompañaron en procesos anteriores. El más famoso: sus zapatos de la suerte, que son de color marrón, de cuero y lucen desgastados. Desde temprano colgó una foto de estos en Twitter para animar a sus seguidores.

Siempre los usó, junto con la misma cédula, en todas las elecciones en las que participó y jamás perdió.

Antes de que llegara, la mayoría de los votantes en el centro electoral había sufragado, pero se quedaron para verlo. El sol obligaba a buscar refugio bajo una sombrilla, un árbol, una pared o una gorra. A pesar de eso, las personas se mantuvieron horas en el lugar. Capriles llegó a las 2:30 de la tarde; muchos lo esperaban desde las 10:00 de la mañana. El agua, que vendían a 10 bolívares, se acabó temprano y un expendedor de cepillados hizo un dinero extra ofreciéndolos a 15 bolívares. Incluso frente al edificio del que salió las personas los esperaban cantando el himno nacional.

La cara de cansancio de la gente se convirtió en euforia cuando vieron al Flaco con camisa blanca y los zapatos de la suerte atravesar por entre la multitud. Se formó el remolino a su alrededor, con gritos de emoción cuando se conseguía una buena foto o un apretón de manos del candidato.

Él, desde un principio, despejo dudas sobre su esperanza firme en el árbitro comicial y, ante una pregunta, expresó: "Si yo no tuviera plena confianza en este proceso electoral, no estaría aquí".

Pidió paciencia a los electores que llevaban horas en cola para votar, y les dijo: "El futuro de Venezuela lo vale todo; esperemos lo necesario para poder participar".

Interrogado por la prensa.

Su madre lo observaba en todo momento y sonreía cada vez que Capriles decía alguna frase que desatara los aplausos del público. Un hombre le preguntó al candidato sobre la "primera madre de Venezuela" y este le respondió: "Allá está, mi madre, a quien yo quiero mucho".

Tanto como de no hablar de una eventual derrota, Capriles se cuidó de no mencionar qué haría luego de una posible victoria en varias áreas sobre las que le preguntaron. Privó su interés en respetar la normativa electoral y pidió participar y mantener la calma.

En un momento hizo una denuncia clara. Pidió a algunos grupos, que aseguró que están plenamente identificados, que no empañaran lo pacífico que había sido el proceso. Aseguró, como es habitual en sus discursos, que los venezolanos están cansados de la violencia.

Capriles permitió más preguntas de las acordadas. Recordó que la elección de ayer fue una entre invictos y aseguró que a la primera persona que llamaría si ganaba la Presidencia sería a Hugo Chávez.

"Mañana no habrá pueblo derrotado. Todos, sin importar cómo piensen, ganarán.

Mañana vamos a ser una sola Venezuela".

Luego de la rueda de prensa el candidato se retiró sonriente. Se permitió, incluso, romper el protocolo y entró en la Iglesia del colegio, donde se arrodilló y rezó algunos minutos, solo, frente a la imagen de Cristo. Su fe despertó con él el 7 de octubre. Cuentan que durmió poco y que antes de salir a votar estuvo rezando. "Estoy en las manos de Dios", expresó en la rueda de prensa.

Ayer también, como en las primarias, el candidato terminó de votar y se retiró para aislarse con parte de su equipo a monitorear los resultados.

Hermético hasta el final, no se supo nada de él hasta que el CNE dio el primer boletín. Su presencia la mantuvo en Twitter, donde a las 6:00 de la tarde pidió cerrar los centros de votación en los que no había votantes. Se jefe de campaña, Armando Briquet, tampoco reveló dónde se encontraba el candidato, pero sí dijo que tenían suficientes motivos para estar contentos.