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Posibles escenarios que podrían ocurrir en Venezuela tras los comicios del 7-O

Henrique Capriles y Hugo Chávez han discutido ideas, pero separados / BBC

Henrique Capriles y Hugo Chávez han discutido ideas, pero separados / BBC

Cualquiera de las dos opciones supondrá cambios políticos de gran calado en la nación con mayores reservas mundiales de crudo, donde la disparidad de escenarios que arroja los sondeos alimenta el temor a tensión en la calle si hay un final cerrado

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La elección presidencial más reñida de las tres últimas décadas en Venezuela mantiene en vilo al país, que el 7 de octubre decidirá si acepta radicalizar el socialismo de Hugo Chávez o apuesta por el giro al centro que propone su rival Henrique Capriles.

Cualquiera de las dos opciones supondrá cambios políticos de gran calado en la nación con mayores reservas mundiales de crudo, donde la disparidad de escenarios que arroja los sondeos alimenta el temor a tensión en la calle si hay un final cerrado.

La mayoría de los estudios -realizados durante septiembre- dan ventaja al líder socialista, pero dos reconocidas empresas apuntan a un empate técnico, alimentando la esperanza de Capriles de poner fin a 14 años de gobierno de Chávez.

La autoridad electoral ha dicho que sólo publicará los resultados cuando la tendencia sea definitiva, lo que podría abrir un tenso compás de espera en el que comandos estarán manejando sus propios datos de encuestas a boca de urna y conteos rápidos.

Tanto Chávez como Capriles han asegurado que aceptarán el resultado, pero el ambiente es de sospecha mutua.

A continuación, los escenarios que pueden arrojar las urnas:

Chávez gana con comodidad

Una victoria contundente de Chávez sería el escenario más estable, ya que alejaría la posibilidad de que la oposición denuncie fraude en la votación y desactivaría las tensiones.

El mandatario ya ha advertido que, de ganar, su prioridad será aplicar un “cerrojo” para que Venezuela nunca se desvíe de la senda socialista marcada por su Gobierno. Ese plan incluiría medidas radicales y profundos cambios en su gabinete, incluyendo la figura clave del vicepresidente.

Pero el principal reto e incertidumbre para el chavismo seguiría siendo el espinoso tema de la sucesión.

Chávez aseguró haber superado el cáncer, cinco meses después de la última operación para extirpar un segundo tumor en la zona pélvica, pero expertos creen que deben pasar varios años ante de declarar a un paciente en total remisión.

El presidente no vería su cargo en juego al menos hasta el 2016, cuando la Constitución permite un referendo revocatorio.

Para Capriles, en tanto, una derrota por amplia brecha implicaría una seria amenaza a su liderazgo al frente de la coalición opositora y podrían volver a surgir disensos sobre la nueva estrategia para enfrentar a Chávez a pocos meses de la elección de gobernadores en diciembre y de alcaldes en abril.

La agenda económica de un Chávez reelecto tendría como prioridad la búsqueda de más fondos para financiar sus nuevos planes de vivienda, empleo, pensiones y subsidios.

El Gobierno promete elevar en más de un tercio la producción petrolera hasta el 2014, una meta clave para poder captar divisas que permitan hacer realidad sus proyectos de diversificación hacia otras industrias, aunque los actuales niveles de bombeo están por debajo de lo prometido.

Los analistas avizoran más expropiaciones de empresas, probablemente en sectores sin demasiada presencia estatal -farmacéutico y salud- y en otros donde quedan pesos pesados de la empresa privada, como alimentación y banca.

Además, se incrementarían los controles para subordinar el sector privado al interés estatal, sobre todo en fiscalización de costos, niveles de producción y fijación de precios.

Los analistas también ven inevitable una devaluación de la moneda local en el 2013 para hacer frente al creciente gasto interno, mientras señalan el riesgo de los grandes vencimientos de deuda y mayor dependencia de unos altos precios del crudo.

Chávez gana por estrecho margen

Una victoria muy ajustada del presidente podría generar momentos de tensión en la noche del 7 de octubre, en la que ambos bandos concentrarán miles de seguidores en las zonas de votación para “defender” los resultados.

Chávez ha advertido que su Gobierno actuará con contundencia si sus adversarios tratan de desestabilizar el país cantando fraude o llamando a manifestaciones para disputar el resultado, como ha denunciado durante toda la campaña.

Cuanto menor sea el margen de diferencia, más oportunidades tiene Capriles de afianzar su liderazgo y podría forzar al mandatario a dialogar con una oposición a la que ignora pese a que ha incrementado su presencia en espacios políticos esenciales, como el Congreso y gobernaciones clave.

Además, una victoria estrecha obligará a Chávez a involucrarse más en las elecciones de gobernadores de diciembre tras el reto físico que supuso la campaña presidencial.

Mientras, seguiría avanzando sin pausa en sus políticas socialistas, pero tendrá que ser más cuidadoso con medidas económicas de impacto y habrá más presión para cumplir sus promesas electorales en vivienda, empleo y seguridad.

Capriles gana

Las declaraciones de Chávez sobre el caos, e incluso la guerra que se podría desatar en Venezuela si pierde, han puesto en alerta a muchos en la oposición, donde los sectores más radicales dudan de que él o su entorno vayan a aceptar la derrota.

Capriles se muestra confiado en que una eventual transición no será traumática y apuesta a la institucionalidad de la Fuerza Armada para defender la elección ante cualquier contingencia.

El presidente dijo en una entrevista el mes pasado que, en el “supuesto negado” de que perdiera, continuaría activo en la arena política, donde conservaría mucho poder, una amplia base de seguidores y un partido fuerte para obstaculizar a Capriles.

El primer reto clave para el opositor sería ampliar su apoyo en las elecciones de gobernadores de diciembre, a pesar de que Chávez aún seguiría siendo presidente para ese entonces.

Capriles, que de ganar asumiría en enero, ha dicho que un cambio en las cúpulas de instituciones que hoy se declaran apegadas al proceso, como la petrolera estatal PDVSA, el sistema de justicia, la Fiscalía o los ministerios, sería suficiente para abrir paso a una “nueva realidad política”.

Pero analistas creen que un gobierno de Capriles, en minoría en la Asamblea Nacional, se verá obligado a negociar con los sectores más abiertos de lo que sería una nueva oposición socialista para asegurar la estabilidad política.

Capriles heredaría un complejo panorama económico y tendría un estrecho margen de maniobra financiero que espera aliviar restaurando la confianza del sector privado y de los inversores extranjeros. Para ello revisará los controles de precios y de cambio, así como las nacionalizaciones.