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Capacidad de negociación es la carta que respalda a Maduro

El vicepresidente Nicolás Maduro / AVN

El vicepresidente Nicolás Maduro / AVN

Analistas señalan que Chávez escogió al vicepresidente como potencial sucesor por su habilidad para conciliar dentro y fuera del chavismo. Anticipan que hará contrapeso al sector militar

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Sindicalista, constituyente, diputado, canciller y vicepresidente. Esas cinco palabras pueden resumir el currículum de Nicolás Maduro en dos décadas de vida pública, pero ninguna de ellas describe la responsabilidad que Hugo Chávez le entregó el sábado en la noche: ser el hombre que garantice la continuidad de la revolución bolivariana en caso de que el Presidente, que sufre un cáncer que amerita otra operación de emergencia en Cuba, quede inhabilitado para terminar su mandato y empezar el período para el que fue elegido el 7 de octubre.

La designación de Maduro terminó con meses de apuestas sobre quién recibiría la venia para una hipotética sucesión. Los analistas la interpretan como un gesto de racionalidad de Chávez en la evaluación de los cuadros políticos disponibles para afrontar su eventual desaparición de la escena política. Al vicepresidente se le percibe, antes que nada, como a un hombre que ha sido leal al jefe del Estado. Sin embargo, también se le atribuye capacidad de negociación necesaria para conciliar con los grupos en disputa dentro del chavismo y para manejar la relación con sectores adversos al proyecto presidencial.

“Chávez seguramente evaluó que el vicepresidente es hoy la persona que puede ganar más voluntades dentro de sus seguidores. Ahora él tendrá que legitimarse”, dice el politólogo Nicmer Evans. Edgar Zambrano, diputado del partido opositor AD, deja testimonio de ello. Ha discutido con el vicepresidente sobre la liberación de los presos políticos venezolanos: “Nicolás es capaz de entablar diálogos inteligentes”.

Vladimir Villegas fue viceministro en la Cancillería. Afirma que Maduro no sólo tiene ascendencia en los movimientos sindicales y sociales sino que además interpretó con precisión las aspiraciones diplomáticas de Chávez. Eso le dio una proyección internacional propia. La exposición en el cargo le hizo tener contacto con Fidel y Raúl Castro, quienes, según fuentes políticas, lo respaldan. Villegas rechaza que se diga que es el candidato de los cubanos: “Es una simplificación decir que por eso el Presidente lo escogió”.

Afirma que Maduro es capaz de hacer contrapeso al sector militar. “Quizá Chávez hubiera preferido a alguien formado en los cuarteles, pero la realidad política le exigió decidirse por él”, dice Villegas. Diosdado Cabello, un ex compañero de armas del jefe del Estado, quien hoy preside la Asamblea Nacional, siempre fue considerado como uno de los líderes que podía suceder al primer mandatario. La selección de éste era un asunto difícil según observadores como Eduardo Semtei: “Cabello perdió una elección con Henrique Capriles y eso es un peso para él”. La escogencia de Maduro es vista por muchos como la victoria del ala civil chavista sobre la militar. Evans piensa que esa es una óptica atrasada sobre el asunto. Fuentes políticas, sin embargo, refieren que en 2011 Cabello y Maduro acordaron evitar divisiones.

Cuestión de carácter

Maduro no se ha librado de expresiones públicas que han generado controversia. En abril de este año, en un acto frente a la Embajada de Cuba, en Chuao, en el que conmemoraban el ataque a esa sede durante el golpe de 2002, se arriesgó. “Así será la calaña de estos sifrinitos, mariconsones, fascistas, que pretenden darle lecciones al pueblo de Venezuela. Pero no han podido con el estirpe libertador de nuestro pueblo y no podrán jamás”, dijo sujetando una flor roja. Rápido, sin embargo, se retractó: “Pido disculpas si alguien se sintió agredido por una expresión que tenía otra connotación, me disculpo”.

“Seis años y tres meses”, respondió con precisión cuando Chávez le preguntó el sábado en la noche cuánto tiempo ejerció el cargo de canciller. Nacido el 23 de noviembre de 1962, casado con Cilia Flores –procuradora general de la República–, fue conductor de Metrobús, fundador del Sindicato del Metro de Caracas y militante de la Liga Socialista y del MBR-200 antes de ser uno de los dirigentes principales del Movimiento V República, organización que antecedió al PSUV.

“El Metrobús se inició en 1987 y él llegó después. Empezó su carrera como chofer y así la terminó; no fue promovido dentro de la empresa porque, entre otras cosas, su actividad política le tomaba tiempo”, recuerda un ex empleado del Metro de Caracas que trabajó 30 años en la empresa.

Los intereses políticos de Maduro lo acercaron a la figura de Chávez después del golpe de 1992. Su pareja, Cilia Flores, frecuentaba a los militares como abogada defensora y allí nació el vínculo que, robustecido por su fidelidad, lo convierte en el hombre fuerte del Gobierno. No sólo el poder ha unido a Maduro y a Flores. El sitio web radiosai.org publica en sus páginas que, en 2005, la pareja visitó en la India a Swami, un gurú del hinduismo, que los recibió en una audiencia privada.

La dupla Maduro-Flores ocupó la presidencia de la Asamblea Nacional la mayor parte de los 14 años que lleva el gobierno chavista: él, desde 2000 hasta 2005, y ella, desde 2006 hasta 2011. “Es un venezolano típico, echador de broma, inteligente. En el año 2000 no tenía mucha fuerza dentro del partido, pero se veía que era muy movido. Después de la salida de Luis Miquilena tomó una posición más beligerante y llegó a ser presidente de la Asamblea. Era una persona con quien se podía conversar, de los pocos con los que se podía conversar. Tuvimos muchas diferencias políticas y personales, pero tenías acceso a conversar con él, que ya en esa época era un hecho excepcional”, recuerda el ex diputado Ramón José Medina. Esa cualidad ahora es rescatada para la hora que vive el país, pero que nadie se equivoque: el socialismo del siglo XXI es su proyecto.