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Briceño León: Políticas de control fomentan el delito organizado en el país

“¿Alguien puede pensar que con los precios actuales es posible impedir el contrabando de gasolina a Colombia? Con acciones y omisiones se han creado inmensos mercados ilegales”, ndicó

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En uno de los focus group diseñados para medir la percepción del venezolano sobre el delito organizado, el sociólogo Roberto Briceño León se percató de hasta qué punto las mafias han reemplazado al Estado en las comunidades.

En una de las sesiones, una mujer declaró abiertamente su preferencia a entenderse con los malandros del barrio en vez de los policías. Argumentó que los primeros están todo el tiempo en el lugar, mientras que los uniformados se van al terminar la jornada. En este aspecto Venezuela no se diferencia en mucho de lugares como Sicilia o Nueva York, donde el crimen organizado se estructuró como servicios de seguridad.

-Hemos observado que el delito organizado crea mercados que luego intenta controlar a partir de la fuerza. Eso crea una cadena de efectos que al final repercuten en el incremento de la inseguridad. Es el mismo delito organizado que corrompe y afecta la democracia.

-En el informe que presentaron se sugiere una diversificación de las actividades del crimen organizado hacia nuevas áreas. ¿Cuál es la relación que se plantea entre estos grupos y el Estado venezolano?

-El Estado con sus políticas propicia el delito organizado. Las regulaciones, controles y subsidios fomentan el delito organizado. Con su incapacidad y, en algunos casos, con su complicidad lo favorece. Vea por ejemplo el contrabando de gasolina. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que con los precios que tiene actualmente existe siquiera la posibilidad de impedir el contrabando a Colombia? Con la decisión de tener este precio han creado un inmenso mercado para el delito organizado. En lo conceptual, este precio es absurdo. Cuando se crea la posibilidad de obtener una inmensa ganancia surge el mercado ilícito. Alguien va a querer controlarlo. Eso se hace a partir de la fuerza y de la corrupción.

-¿La fuerza de los militares?

-De los militares y de las bandas armadas. Esto hace que surja la violencia. Luego el Estado tiene que volver a intervenir para intentar la represión. Pero no tiene capacidad ni voluntad real. Lo mismo ha pasado con el mercado de las divisas. El raspadito de las tarjetas a escala es delito organizado. Podrán poner captahuellas, pero seguirán inventando modos de eludir los controles.

-Cadivi, control de precios en todos los niveles, Ley del Trabajo, ¿cuál es el propósito de tantos instrumentos legales?

-Ejercer un control social que impida la protesta y la lucha. Eso se viene dando en el país. Uno ve que en Brasil los maestros salieron a protestar por una mínima porción de lo que ocurre aquí. Hay también una inmensa tranca ideológica. El Gobierno cree que es posible regular la vida social y controlar a los individuos en todas sus actividades. Aquello del “hombre nuevo”. Esto criminaliza muchas conductas. Contradictoriamente, a pesar de todas estas normas, la gente hace lo que le da la gana. Vea por ejemplo el mercado de vehículos con la nueva ley. Los vehículos usados se venden con dos cheques. Uno, con el precio que está en el tabulador, y el otro, con el del mercado.

-La encuesta arroja cifras interesantes sobre el sicariato. ¿Hay en el país algo así como una Oficina de Envigado?

-Ya se habla de sicariato habitacional, ante el abuso de ciertos inquilinos. Cuando se tranca el juego con normas que obedecen a consignas populistas, y se crea un desbalance muy grande entre las partes, la amenaza hace que aparezcan grupos que ofrecen estos servicios. En la encuesta 4 de cada 10 personas dijeron que es muy fácil conseguir a alguien para matar. Estamos hablando de múltiples formas de delito organizado. Los grupos están en proceso de estructuración. Cada uno ve cómo explota estos sectores del mercado.

Briceño recordó que en las sesiones con grupos focales la mayoría de los participantes reprocha la decisión de tomar la justicia por cuenta propia. No obstante, aclaró, “a veces se ve como algo inevitable”.

-La misma semana que presentaron la encuesta sobre delito organizado vimos el saqueo de un camión de carne en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de Los Ruices. Algo de eso ya se ve en el oeste. ¿La gente siente que tiene el derecho de robar?

-Siente que tiene el derecho de hacer lo que sea con impunidad: robar, faltar al trabajo, robar donde se trabaja y que no la despidan. Siente que puede ofender o asesinar a policías y que no les pasará nada. Entonces, cuando se trata de poner orden vienen conflictos mayores.

-¿Es lo que ustedes sociólogos llaman anomia?

-Es el quiebre de la norma como reguladora de las relaciones sociales. Ahora, el exceso de normas también hace imposible que se acaten en su totalidad. La norma debe ser sencilla y que haga posible la vida en sociedad. Venezuela se nos volvió impredecible. Eso tiene altísimos costos que deben cubrir desde los grandes inversionistas hasta el bodeguero.

-¿Está el presidente Maduro en capacidad de darse cuenta de esta situación?

-No sé si captan el desastre que han causado en el país: esta anomia, que, en buen venezolano, es desmadre. ¿O es que tener que llevar milicianos para que sean cajeros del Bicentenario es normal?

-En todos estos temas aparecen los militares, pues el país está militarizado. Hay algo contradictorio: la gente cree que ello ponen orden, pero en la encuesta sale una mayoría que los implica en tráfico de drogas.

-Esa doble percepción existe en la población. Lo que la gente quiere cuando apela a las dictaduras es que se cumpla la ley. También por eso votaron por Chávez.

-¿Qué tanto coincide Venezuela con la experiencia soviética, donde toda una clase social, los llamados vor-y-zakone, se formó en las cárceles y en el enriquecimiento con la violación de las normas impuestas por el régimen? ¿Serán nuestros boliburgueses?

-En la Unión Soviética había orden y hasta disciplina. En Venezuela esto se da en medio del desorden. La percepción de la gente es que aquí hasta el delito organizado es incumplido. Hay tanto desorden que no pueden instituirse los grupos que de alguna manera usufructúan el poder. Por ejemplo, reformaron la Ley del Trabajo para destruir la empresa privada. Hasta cierto punto lo han logrado, pero crearon un monstruo que se les está revirtiendo.

-¿En Venezuela las mafias tienen una relación parasitaria con respecto al Estado? ¿Cómo es en otros lugares? ¿O hay una mafia que gobierna?

-Cuando un gobierno se enquista y se convierte en un cogollito no se diferencia en gran medida de la mafia. Esa diferencia la capta la población chavista. Se dan cuenta de la necesidad de tener un Estado que no sea simplemente el brazo de un partido político.

Pérdida de autoridad

Los números arrojados por la encuesta sobre delito organizado le permiten a Roberto Briceño León concluir que el Estado está en un proceso de pérdida de autoridad.

Una de las evidencias es la selectividad con la que actúa al momento de ejercer la represión. Mientras que algunos sectores reciben “todo el peso de la ley”, el sociólogo recuerda que a los colectivos armados no los han tocado. Grupos como La Piedrita y las Fuerzas Bolivarianas de Liberación ni siquiera figuran en el discurso oficial.

“Es necesario hacer que el Estado se convierta en un verdadero protector, pero no de un solo sector. Debe demostrar que es cualitativamente superior que una mafia”, señaló.