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MUD descarta que algunos partidos quieran abandonarla

Ramón Guillermo Aveledo / Henry Delgado

Ramón Guillermo Aveledo / Henry Delgado

El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad asegura que la organización aún es necesaria. Ramón José Medina pide más disciplina a sus miembros 

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La Mesa de la Unidad Democrática no le teme al cambio, de hecho, lo incentiva. Luego del revés electoral del 7 de octubre de 2012, la alianza inició el trabajo para reformarse, con la instalación de comisiones que abordaron distintas áreas. La elección sobrevenida de abril de este año y las municipales del 8-D detuvieron momentáneamente la transformación. Pero ya arrancó de nuevo, con la calma que brinda un año (2014) sin elecciones.

Ramón Guillermo Aveledo, secretario ejecutivo de la organización, tomó la iniciativa: puso su cargo a la orden. ¿Por qué tomó esa decisión? “Porque la unidad es mucho más que las personas, y porque soy consecuente con lo que predico, o al menos lo intento. Voy a poner mi mejor esfuerzo para que esta renovación se complete y, cumplido ese trabajo, pondré mi cargo a la orden. En realidad, siempre ha estado a la orden. La que ejerzo es, para usar un término del Derecho Constitucional, una ‘magistratura de persuasión’ que se basa en la confianza de los miembros de la MUD”, explica.

Asegura que si en la alianza no quieren que siga al frente, no guardará resentimiento alguno y trabajará por la unidad desde cualquier espacio, así sea desde un comando familiar. “Así como he sido secretario ejecutivo sin ser aspirante a nada, puedo servir a la causa de la unidad sin ser secretario ejecutivo. Porque para uno darse su puesto, o para que a uno le den su puesto, no hace falta que le den un puesto”, agrega.

Aveledo confirma que la MUD ya discutió el informe que se realizó después del 7-O, que incluye las recomendaciones para reformar la alianza. Pero admite que las presidenciales del 14-A, la impugnación y la campaña para las municipales obligaron a la organización a cambiar sus prioridades: “Habría sido inexplicable que nos hubiéramos dedicado a la reforma interna en ese contexto tan exigente”.

Ahora la alianza retoma el trabajo. Partirá de un informe con recomendaciones que elaboró Arístides Hospedales, y de las sugerencias de las comisiones que se activaron luego del 7-O, coordinadas por Armando Briquet.

El secretario ejecutivo de la MUD resume los objetivos de ese proceso de revisión en tres: estar más unidos, más abiertos y mejor preparados.

El primer aspecto, estar más unidos, se refiere a las políticas, mensajes y al cumplimiento de los acuerdos de los dirigentes de la MUD.

“Si el foco de la estrategia está en los problemas económicos y sociales, no debemos atentar contra nuestra eficacia distrayéndonos. Las agendas parciales, sean personales o partidistas, no deben privar sobre la agenda unitaria”, indica Aveledo.

La directora del Instituto de Estudios Sociales y Políticos, Francine Jacome, considera sano que, tras el 8-D, la Mesa de la Unidad inicie un proceso de revisión y cambios. Opina que, como ha admitido la propia MUD, la alianza debe abrirse a sectores no partidistas, como la sociedad civil y las ONG.

Precisamente, ese es el segundo punto de las recomendaciones. “Estar más abiertos significa establecer mayor contacto con la sociedad civil; relacionarse con trabajadores, empresarios, gremios profesionales, universidades, centros de conocimiento y ONG”, detalla Aveledo.

La tercera recomendación es estar más preparados, agrega el dirigente, lo que  significa estar mejor organizados como alianza para actuar, para estudiar los problemas y plantear soluciones. “Hay que fortalecer las mesas regionales y municipales, hay que dotarlas de una mejor organización y hacer mejor seguimiento de su trabajo”.

Fuentes políticas aseguran que en algunos partidos se discute la pertinencia de que la MUD continúe y que, incluso, algunas organizaciones evalúan separarse. Aveledo aclara que no conoce de ningún partido que quiera retirarse de la alianza. Admite que algunos han expresado diferencias con ciertas políticas, pero siempre con respeto.

Asegura que la MUD, como alianza, siempre será indispensable mientras sea necesaria la unidad: “Eso no quiere decir que sea inmodificable. El instrumento está al servicio del objetivo, y el objetivo es la unidad como vía para construir la alternativa de cambio político que haga posible la unidad nacional. La MUD existe para ser útil a la unidad. Y si para ese fin debe cambiar, pues cambiará”.

El secretario ejecutivo adjunto de la MUD, Ramón José Medina, está de acuerdo con que se haga una revisión total de la estructura de la organización, así como de sus instancias de decisión. Pero no toda la responsabilidad recae en la MUD, advierte.

Cree que se debe dotar a la Secretaría Ejecutiva de atribuciones para hacer eficientes las decisiones de la alianza. “Así mismo, los partidos deben asumir disciplinadamente las decisiones que se tomen por mayoría y se ejecuten por unanimidad”, expresa Medina.

El balance

El 8-D fue agridulce, con victorias y derrotas importantes para la oposición. La MUD y su líder, Henrique Capriles Radonski, apostaron por sacar más votos y no se logró, pero aumentaron sus alcaldías, y ganaron las más importantes.

Aveledo admite que no fue lo que aspiraban ni lo que merecían: “Pero fue lo que pudimos ganar en una competencia muy desigual. En cada municipio hay que analizar los aspectos específicos, y a escala nacional el balance de aciertos y errores, pero creo que los venezolanos han apreciado el valor de nuestro esfuerzo. Lo que quedó demostrado, más allá de triunfos y fracasos que siempre tienen mucho de coyunturales, es que somos una fuerza real, implantada en toda Venezuela, y la esperanza más cierta para un cambio”.

En la contienda se evaluó el liderazgo de Capriles. Aveledo asegura que el esfuerzo del gobernador aportó votos que, sin él, no se hubiesen conseguido.

Cuestionado sobre el futuro de Capriles como líder de la oposición, dijo: “El papel de Capriles tiene arraigo popular, no es algo artificial o acordado. Sin él, el resultado no sería este. Capriles no es infalible ni se cree infalible. Discutiremos con él, lealmente, como compañeros. Tengo confianza en su calidad humana y en su potencial político. He aprendido a respetarlo y a valorarlo, a todos nos ha ocurrido, y a él con relación a todos nosotros. Hoy nos conocemos mejor. Creo que hoy es mucho más unitario que en 2012”.

Los resultados del 8-D se plantearon como un primer paso para activar mecanismos constitucionales para cambiar el gobierno. Que el voto nacional haya sido adverso, no entierra la ambición: “Las cosas como están no están bien, y si el gobierno sigue por este curso, como se infiere de sus palabras, sus gestos y sus decisiones, lamentablemente empeorarán. Si el gobierno no cambia, si no rectifica muy a fondo, la realidad le pasará por encima. Si no hay un cambio en el gobierno, la situación del país reclamará un cambio de gobierno. Ese cambio debe ser pacífico, democrático, constitucional y electoral. Nosotros estamos a la orden, porque la unidad existe para garantizarlo”, añadió Aveledo.

El plan

Henrique Capriles Radonski propuso que el siguiente paso de la Mesa de la Unidad Democrática sea consultar al país en 2014 sobre cómo quiere solventar la crisis “política, económica y social que vive”.

Ya la MUD cuenta con un proyecto. En el documento "Un plan a largo plazo y una alianza política para su realización (2013-2019)", se esbozan sus objetivos fundamentales. Se elaboró luego del 7-O y su primer punto es la reafirmación del compromiso de establecer un gobierno de unidad nacional sin exclusión de las organizaciones que integran la MUD.

Ese gobierno debe: rescatar la institucionalidad democrática, poner el poder público al servicio del pueblo, construir una sociedad productiva, combatir la pobreza y desarrollar una política exterior amplia.

Sobre la institucionalidad democrática, la MUD buscará reivindicar el estatus constitucional y las funciones de la Vicepresidencia Ejecutiva, así como respetar la función legislativa y de control de la Asamblea Nacional.

La alianza también pretende “promover la institucionalización de la FANB y garantizar la libertad de los presos políticos y el regreso del los exiliados”.

Para mejorar la economía, busca generar nuevos empleos y fortalecer la producción, garantizar seguridad jurídica a las empresas y estabilidad económica que propicie la inversión.

Combatir la inseguridad también es prioridad en el proyecto. Se propone la creación de un sistema nacional de seguridad ciudadana, la implementación de políticas para el desarme, y formar, equipar y pagar mejor a los policías.