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Ausencia de diálogo y eliminación del parlamentarismo caracterizan al fascismo

Hemiciclo de la Asamblea Nacional / José Pacheco

Hemiciclo de la Asamblea Nacional / José Pacheco

Analistas advierten rasgos fascistas en el país, como militarización de la sociedad, rechazo a la crítica y culto al líder  

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Desde que comenzó la campaña para las elecciones del 14 de abril, y tras los estrechos resultados de esos comicios, el presidente de la República, Nicolás Maduro, y el ex candidato de la oposición Henrique Capriles Radonski no se cansan de llamarse el uno al otro fascista.

Pero el concepto de fascismo es difuso y difícil de aprehender. El reputado intelectual italiano Umberto Eco afirma sobre el fascismo eterno (Ur-Fascimo): “Se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y siempre podremos reconocerlo como fascista”.

Puede haber democracias con rasgos fascistas, o gobiernos autoritarios que no son fascistas. Lo que sí han dejado claro los historiadores, politólogos y la historia (Benito Mussolini, Francisco Franco y José Stalin) es que el fascismo se ejerce desde la estructura del Estado y el Gobierno.

Guillermo Tell Aveledo, profesor de Historia de las Ideas de la Universidad Metropolitana, explicó que el fascismo es un término circunscrito a la sociedad preindustrial del siglo XX y a la depresión económica, y que es difícil proyectarlo en la historia; por eso se dice que es ahistórico.

“Desde la perspectiva de la democracia liberal, todo lo que sea autoritario, estatista, uniformice a la sociedad y tenga pretensiones mesiánicas se suma a ese concepto nebuloso de fascismo. El término tiene una carga cultural y emotiva muy fuerte y negativa en la política”, argumentó.

Indicó que hay que ser cuidadoso con el uso del término, y que lo que tiene en común el fascismo descrito por Eco con la circunstancia venezolana es la no deliberación en la Asamblea Nacional, el mesianismo, la sublimación de individuo y la militarización de la sociedad.

“Expresiones como desinfectar a Venezuela o hablar de que hay opiniones enfermas se acercan a lo que dice Eco sobre los  rasgos fascistas que persisten hoy por hoy”, enfatizó.

El académico subrayó que desde la perspectiva oficialista los temores a un golpe de Estado se identifican con el fascismo.

“Pero en la oposición no hay culto al líder ni fuerzas militares o paramilitares. El fascismo eleva al poderoso sobre el débil. No ves las camisas amarillas marchando sobre Caracas. Si es así, cualquier líder carismático como Barack Obama es fascista”, arguyó. Sin embargo, los seguidores del Gobierno acusan a la oposición de fascismo por el frustrado golpe de Estado de 2002 y los sucesos en la Embajada de Cuba.


Una sola visión. El abogado Gustavo Tarre Briceño, diputado de Copei hasta 1993, identifica rasgos fascistas que empiezan a delinearse en el Gobierno de Nicolás Maduro.

Por ejemplo, la negativa del presidente de la Asamblea Nacional a que los diputados de la bancada de la unidad tengan derecho de palabra.

“En la AN se sustituye a los diputados por partidarios del régimen y hay una exaltación del líder. En Alemania decían que el führer siempre tenía razón”, argumentó. Considera que el afán del Gobierno por controlar los medios de comunicación e imponer una sola visión del mundo es otro rasgo. “Las mentiras que se repiten constantemente en las cadenas para presentar una información ‘oficial’. El ideólogo del nazismo, Joseph Goebbels, decía que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad”, apunto.

Tarre Briceño aseguró que el Gobierno se publicita como de izquierda, pero sus acciones demuestran todo lo contrario.

“La izquierda no es mesiánica, no exalta el poder ni es centralista. La izquierda moderna es contraria al capitalismo de Estado, que es lo que tenemos hoy en Venezuela. La socialdemocracia europea es de izquierda, pero es la negación del chavismo”, expresó.

Recordó que hay un eterno debate entre si José Stalin y Adolfo Hitler eran fascistas. “La diferencia entre Stalin y Hitler es muy pequeña. Ambos tuvieron campos de concentración y mataron a sus enemigos”.


Liquidar el Parlamento

Una de las primeras frases pronunciadas por Benito Mussolini en el Parlamento italiano en los años treinta fue: “Hubiera podido transformar esta aula sorda y gris en un viva que para mis manípulos”. Quiso decir que podía convertir a los diputados en su guardia principal, como lo fueron las unidades tácticas de la antigua legión romana.

En su libro Cinco escritos morales Eco dedica un capítulo al fascismo e identifica rasgos de ese concepto en la actualidad. Algunos de ellos son miedo a la diferencia; rechazo al pensamiento crítico; nacionalismo y obsesión por el complot; heroísmo; principio de guerra permanente; llamamiento a las clases medias frustradas; envidia y miedo al “enemigo”, y oposición a los “podridos” gobiernos parlamentarios, entre otros.

“Mussolini poco después liquidó el Parlamento. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del Parlamento porque no representa ya la ‘voz del pueblo’, podemos percibir olor de Ur-Fascismo”, recuerda Eco en el texto.