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Aplausos, protestas y abucheos fuera de la Asamblea

Oficialistas protestaron contra el alcalde de Puerto Cabello, Rafael LacavaChavistas le pidieron al presidente Maduro que libere a Numa Rojas | AVN

Oficialistas protestaron contra el alcalde de Puerto Cabello, Rafael LacavaChavistas le pidieron al presidente Maduro que libere a Numa Rojas | AVN

Mientras el artista Winston Vallenilla recibió vítores, el diputado Julio Borges se quedó con los abucheos

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Las afueras de la Asamblea Nacional estuvieron agitadas a partir de las 2:30 de la tarde. Desde la esquina de El Chorro hasta La Pedrera, en la avenida Universidad, estuvo bloqueado por agentes de la Policía Nacional. Todo a la espera del presidente Nicolás Maduro.

Al frente de la fachada principal del Palacio de las Academias dispusieron gradas para que los transeúntes pudieran ver la transmisión de la memoria y cuenta del mandatario. Además colocaron una pequeña tarima para un grupo musical frente a la iglesia de la esquina San Francisco. Muchos de los peatones se quejaban al darse cuenta de que no podían acceder con facilidad a la entrada de la estación del Metro de Capitolio desde La Ceiba.

A las 3:50 de la tarde ingresaron los 20 gobernadores del PSUV a la Asamblea. Ningún mandatario de la oposición estuvo presente. En las afueras pequeños grupos agitaban a los curiosos para gritar consignas a favor del chavismo y proferir insultos a los diputados de la oposición que asistieron al Palacio Legislativo. “Si pitan es un escuálido”, explicó un hombre a una mujer que preguntó por qué abucheaban al diputado William Dávila.

A las 4:00 pm comenzaron a llegar representantes de los poderes: Tibisay Lucena y Luisa Ortega. A través del tramo cerrado de la avenida Universidad los vehículos oficiales llegaban hasta la esquina San Francisco donde se bajaban autoridades y miembros del cuerpo diplomático para tener acceso a las instalaciones de la Asamblea.

También instalaron graderías frente a la fachada este del Parlamento, desde donde los militantes chavistas abucheaban o aplaudían a quienes iban llegando. Por ejemplo, los diputados Omar Barboza y Alfonso Marquina, de UNT, quedaron en el primer grupo. El diputado Julio Borges se llevó los insultos más altivos. Mientras que Winston Vallenilla, la fiscal Ortega y la rectora Lucena formaron parte del segundo grupo: recibieron vítores.

Esos mismos militantes que ocuparon las graderías laterales del Palacio Legislativo paradójicamente portaban pancartas de protesta a favor de la liberación del exalcalde de Maturín, Numa Rojas, y contra el alcalde de Puerto Cabello, Rafael Lacava, que, aseguraron los manifestantes, ordenó el desalojó del mercado municipal de Tejerías de manera violenta, sin reubicarlos.

Muchos de los presentes frente a la puerta este de la Asamblea estaban cargados con carpetas de peticiones para cualquier funcionario que pasara. Freddy Bernal fue uno de los pocos que se detuvo a escuchar a algunas de las personas y recibir documentos.

Los ensayos generales de la formación militar para rendir honores al presidente comenzaron a las 4:10 de la tarde. Muchos se detenían a ver la formación por unos minutos y seguían su camino. A los diputados se les notificó en la invitación que el único orador sería Maduro y que el traje debía ser formal. Además, al momento de ingresar al salón protocolar se les informó que no habría posibilidad de salir una vez iniciado el acto.

En el perímetro del Poder Legislativo se encontraban los acostumbrados buhoneros vendiendo mercancía con la imagen del fallecido Hugo Chávez. Cobraban desde 50 bolívares por una chapa con la fotografía hasta 150 bolívares por una franela con “los ojos” de Chávez. Ninguno de los objetos a la vente tenía la imagen de Nicolás Maduro.

Todos los ministros del gabinete se reunieron en el Palacio de Miraflores y llegaron acompañando al presidente Maduro a las 5:30 de la tarde.

Dentro del Parlamento se tendió la tradicional alfombra roja desde las escalinatas que conducen a la oficina de la presidencia del Legislativo hasta la entrada del salón protocolar. En las adyacencias, muchos salían de sus trabajos para ver el despliegue de seguridad y seguían su camino a casa.