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Américo Martín: “Esta vez el tiempo corre contra el gobierno”

Américo Martín | Foto Leonardo Guzmán / Archivo

Américo Martín | Foto Leonardo Guzmán / Archivo

El dirigente afirma que el primer logro de la oposición fue sentar al gobierno a dialogar. Sostiene que sobre Nicolás Maduro recae el peso mayor para alcanzar resultados que destraben la crisis política, social y económica

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PERFIL
Abogado. Escritor. Exguerrillero en la década de los sesenta. Integrante de la Mesa de Negociación y Acuerdos 2002-2004. Militó en AD y en el MIR

Américo Martín formó parte de la representación de la Coordinadora Democrática, en la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2002-2004, que sentó a dialogar al gobierno del fallecido Hugo Chávez con la oposición, ante la crisis de gobernabilidad suscitada en aquel entonces.

12 años después, Martín reflexiona sobre ambos procesos, sus diferencias y semejanzas, y las oportunidades que se abren ahora, con espectadores tanto internos como externos que observan con otros ojos al gobierno, ahora encabezado por Nicolás Maduro, y a la oposición apoyada en una nueva plataforma política como lo es la Mesa de Unidad Democrática.

“El mensaje del expresidente Lula, gran aliado de Hugo Chávez, es muy importante. Él exhorta a Maduro a formar un gobierno de coalición en el entendido de que esa fórmula sería la única que posibilitaría bajar tensiones y encontrar salidas rápidas y concertadas a los problemas más apremiantes. Aunque en el contexto de polarización política actual la fórmula de Lula es francamente inviable, revela que desde el exterior se percibe que el gobierno venezolano no está en condiciones de afrontar la crisis y que Maduro no puede responder a la coyuntura por sí solo”, afirma Martín.

Uno de los aspectos que el exmilitante de la izquierda radical de los años sesenta considera fundamental para lograr el éxito de esta nueva iniciativa de diálogo es la moderación del lenguaje: “Maduro tiene que usar un lenguaje en el que las palabras se apeguen a los hechos, un lenguaje de respeto. Como diría el filósofo africano Léopold Sédar Senghor, debe ajustar el signo al sentido”.

Martín respeta las posturas más radicales que niegan toda posibilidad de diálogo gobierno-oposición, pero no las comparte.

“Desde el año 452 después de Cristo, cuando León I El Magno se reunió con el sanguinario Atila y negoció con él para que no entrara a saquear a Roma, la historia se ha encargado de ratificar que hasta en las situaciones más complejas de confrontación el diálogo es la respuesta. León I cedió, pero logró el retiro de Atila. En Venezuela lo que se busca con estos acercamientos es frenar una catástrofe social que nos arrastre a todos. Si el gobierno se sigue equivocando, reprimiendo, insultando y hablando con el lenguaje de Diosdado Cabello, afectará negativamente la percepción de los suyos y de sus aliados sobre su real compromiso con resolver la crisis”, vaticina.

—Visto en perspectiva, 12 años después ¿cuáles fueron los aciertos de la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2002-2004?
—El principal acierto fue que esa Mesa logró su objetivo. La tarea central encomendada fue lograr una salida pacífica, constitucional y electoral a la crisis de aquel momento. Eso se logró con la convocatoria y realización del referendo revocatorio.

—¿Cuáles fueron los desaciertos?
—Una consecuencia negativa fue que la dinámica de la Mesa de Negociación le permitió al gobierno adoptar una política de ganar tiempo y aplazar aspectos del debate que también eran importantes. Sin embargo, creo que fue la pérdida de fuerza de la oposición, a raíz del decaimiento del paro general indefinido, lo que le bajó la presión al gobierno para aplicar las otras medidas que habían acordado bajo la facilitación de la OEA, el PNUD y el Centro Carter.

—El desarme de la población y la comisión de la verdad…
—Así es. El gobierno se sintió fuerte frente a una oposición que se embarcó en un paro indefinido sin objetivos ni metas, más allá del paro mismo. Eso debilitó y dividió a la oposición transitoriamente, lo cual, a su vez, impidió que se hiciera seguimiento a la concreción de los otros acuerdos. El fracaso de ese paro repercutió en la actitud y en la fortaleza del gobierno.

—¿Cuáles diferencias advierte entre aquel proceso de diálogo y el actual?
—Ahora se nota algo importante: el gobierno está debilitado en su base de respaldo, en lo económico y sobre todo ha perdido coherencia en sus decisiones. Ellos reconocen esa debilidad y por eso aceptaron, bajo la presión de la Unasur, la idea de un diálogo. En este momento hay grandes contradicciones que hacen que el gobierno se incline más a negociar.

—¿Cómo ve el papel de la Unasur y del Vaticano como facilitadores?
—No hay que olvidar que la idea del gobierno era traer a la Unasur para que lo respaldara y condenara el supuesto golpe de Estado. Sin embargo, la extraordinaria lucha de los estudiantes permitió al mundo conocer atropellos a los derechos humanos y la represión de protestas pacíficas. Eso llevó a la Unasur a colocarse en una posición más o menos equidistante. La Unasur no vino, como quería Maduro, a respaldar al gobierno, sino que se inclinó por un diálogo en condiciones de igualdad. Eso era muy parecido a lo que pedía la MUD, que era tener al Vaticano como tercero de buena fe para que sirviera de facilitador. Finalmente se logró la facilitación mixta.

—¿Qué se puede resaltar de los primeros encuentros?
—El gobierno insiste en que no está negociando; eso genera poca credibilidad en ellos, porque ¿qué es lo que está haciendo en esa mesa si no es negociar? La falta de un lenguaje franco es lo que le impide al gobierno ir al fondo del problema. Además, ahora tratan de satanizar la palabra negociación, y dicen que negociar es una traición pero no recuerdan, o no quieren recordar, que Chávez negoció y que la instancia creada para resolver aquella crisis se llamaba Mesa de Negociación y Acuerdos. En la primera reunión en cadena nacional quedó en evidencia el malestar, la causa de las manifestaciones estudiantiles, vecinales y de los trabajadores. No es un malestar impuesto por una maquinación golpista, sino a una crisis profunda y real que la representación de la MUD demostró ante los delegados internacionales y ante el país con cifras, y que además el gobierno no rebatió.

—¿Podría Maduro aplicar la misma fórmula de Chávez y usar el diálogo para ganar tiempo?
En aquella ocasión el tiempo estaba a favor del gobierno, esta vez el tiempo corre en su contra porque todos los problemas se están agravando. Organismos internacionales proyectan que Venezuela decrecerá 0,5% este año 1% el próximo, ¡estaremos en el último lugar de AméricaLatina! Además, todo indica que se repetirá la escandalosa tasa de inflación de 2013. Es un coctel explosivo. El gobierno no puede estar interesado en que eso avance; necesita llegar a acuerdos. Tienen el tiempo en contra, a diferencia de 2002. Podríamos decir que el gobierno va contra la corriente, mientras la oposición va con la corriente.

—¿Así como el paro debilitó a la oposición en 2002-2004, no cree que las divergencias frente al diálogo podrían debilitar a la oposición de 2014?
—El hecho de haberse sentado a dialogar ya es un éxito de la oposición. Claro que siempre hay riesgos cuando hay desacuerdos internos. Es evidente el desacuerdo de la MUD ante el diálogo. Nadie puede decir de antemano que este diálogo tendrá éxitos, pero tampoco es dable aceptar que el reto de ir a una nueva mesa de negociaciones, bajo la mirada del mundo, será negativa. El mundo entero se enteró de que la oposición es mucho más responsable, más seria y más profunda que la representación gobierno. Además, quedó claro que los argumentos del gobierno de un golpe, de una guerra económica, de una conspiración no eran más que la propaganda unilateral de un gobierno que domina los medios de comunicación. La oposición demostró que el malestar se debía al fracaso del modelo.

—La negativa de Antonio Ledezma, María Corina Machado y de Voluntad Popular a participar en el diálogo es percibida como una fractura de la MUD.
—Cierto que Ledezma, María Corina y Leopoldo tienen posiciones menos confiadas frente al diálogo, pero ninguno ha repudiado el hecho de que los que fueron a la reunión se hayan sentado. Si se dan resultados tangibles, estoy seguro de que ellos van a acercar más sus posiciones a este diálogo. Por otra parte, la lucha estudiantil no ha perjudicado las conversaciones, sino que las ha reforzado; posiciones como las de Juan Requesens, de defender la posibilidad de dar la lucha en la mesa y en la calle, son importantes. Toda la representación de la MUD que acudió a la primera reunión envió su abrazo y saludo emocionado a los estudiantes, al tiempo que enfatizaron que no los representaban. Eso desmontó cualquier discurso que apuntara hacia el supuesto de que la MUD estaba ahí en contra de la voluntad de los estudiantes a pesar de ser sus voceros.

—¿De qué dependen los resultados?
—Dependerán principalmente de la actitud del gobierno, que es el que tiene que abrir el compás: ¿negará la ley de amnistía? ¿Les dirá a los delegados que no cesará en la represión? Puede hacerlo, pero eso mermará su imagen internacional.

—Si esta mesa nos llevara a un nuevo revocatorio como en 2004, ¿quién tendría más oportunidad, el gobierno o la oposición?
—Si ese fuera el acuerdo de la Mesa, así habría que tomarlo; ese o cualquier otro acuerdo que representara soluciones de fondo. Ahora, el gobierno no ha estado interesado en esa opción porque sabe que la oposición tiene potencial electoral en este momento.

—Para un país agobiado por la inflación, la escasez y la inseguridad personal, ver resultados a corto plazo es imperativo. ¿Cuánto tiempo se necesita para ver acuerdos concretos?
—El trabajo de la Mesa de 2002-2004 se extendió por tantos meses porque sus logros fueron progresivos. Se fue avanzando desde un acuerdo hacia el siguiente. En este caso, primero habría que ver si es posible obtener un logro y cuál sería. Todo depende del gobierno porque es el que está obligado a ofrecer, debido a que el malestar es producto de su mala gestión. Si Maduro venciera las presiones internas que lo paralizan y neutralizan, tomaría conciencia de que debe comenzar por atacar los problemas más sensibles: los presos políticos y los estudiantes detenidos, encarcelados, torturados. Él tiene en sus manos una ley de amnistía; aprobarla sería un resultado concreto que puede promover Maduro en el corto plazo. Si ese resultado se da, sería un gran logro. Lo otro tiene que ver con el restablecimiento de los mecanismos democráticos, el garantizar el respeto a los derechos humanos, políticos, sociales.

—¿Qué puede hacer este nuevo diálogo para resolver los problemas cotidianos de la gente?
—Si se logran unos primeros resultados que la gente perciba como favorables habrá una expectativa mayor de que se puedan ahondar otros problemas, relacionados con la democracia y la economía. Discutir, por ejemplo, con profundidad, la naturaleza de la crisis y el menoscabo de las instituciones democráticas. Lo que pasa es que hasta ahora el gobierno sigue hablando en un lenguaje confuso.

—¿Qué podría torpedear el diálogo?
—Aunque el lenguaje es importante para crear un clima favorable al diálogo, lo fundamental son los hechos. El lenguaje en sí mismo no puede torpedear el diálogo: si Maduro dice que Chávez es más grande que Bolívar y Napoleón pero suelta a los presos políticos, eso generaría buena impresión. Puede decir cualquier cosa para tranquilizar a sus radicales internos, lo importante son los hechos. 

El Dato
El 29 de mayo de 2003 la oposición y el gobierno acordaron, entre otros puntos, realizar un referendo revocatorio, propiciar la autonomía de los poderes públicos, desarmar a la población civil, constituir la comisión de la verdad, elegir un árbitro electoral imparcial y crear una comisión de enlace para hacer seguimiento al plan de desarme.