• Caracas (Venezuela)

Política

Al instante

"Ahora nuestros familiares están más desaparecidos que nunca"

 Parientes de las víctimas del Caracazo fueron excluidos de la Comisión de la Verdad / William Dumont

Parientes de las víctimas del Caracazo fueron excluidos de la Comisión de la Verdad / William Dumont

Integrantes de Cofavic que cumplen hoy 24 años buscando a sus parientes asesinados impunemente piden a la Fiscalía trabajar en conjunto

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Para la mayoría de los venezolanos hoy se conmemora un año más del Caracazo, para los familiares de las víctimas es más que eso: se cumplen 24 años de que sus parientes desaparecieron o aparecieron muertos sin que hasta ahora haya algún culpable.

Las integrantes del Comité de Familiares de las Víctimas de los Sucesos del 27 de febrero y marzo de 1989 (Cofavic) advierten que sus derechos han sido aún más vulnerados por el Estado debido a que han sido excluidas de los procesos realizados por la Fiscalía.

"Antes por lo menos sabíamos que estaban en La Peste, pero ahora nuestros familiares están más desaparecidos que nunca", dijo Aura Liscano, que a más de dos décadas no sabe dónde está enterrado su hermano José Miguel Liscano.

Hasta septiembre de 2009 los cuerpos estuvieron en una fosa común en el Cementerio General del Sur, pero el 21 de ese mes los restos de quienes en su mayoría cayeron a causa de la represión militar y policial fueron llevados al Fuerte Tiuna para intentar identificarlos.

Los miembros de Cofavic aseguran que no fueron llamados para ese proceso ni para la inhumación de febrero de 2011, cuando 72 osamentas (70 sin identificar) volvieron a ser enterradas, ni para integrar la Comisión de la Verdad que investigará los crímenes políticos cometidos entre 1958 y 1998, y que se instalará hoy.

Ni vivo ni muerto. José Miguel Liscano, de 21 años, salió de su casa en la Cota 905 a jugar básquet. Era 28 de febrero de 1989. Jamás volvieron a verlo.

Su hermana Aura Liscano no pudo encontrarlo cuando lo creía vivo ni cuando supo que estaba muerto.

"Yo me entero de que mi hermano está muerto a través de un fax que envió la CIDH a Cofavic en el que mandaba un informe que el Estado había presentado. ¿Si la Fiscalía lo sabía por qué no nos lo dijo?", pregunta indignada.

Cuenta que la madre, de 76 años de edad, aún tiene la esperanza de darle cristiana sepultura a su hijo. "Ojalá que su fe no se equivoque", dice.

Lo perdieron en la morgue. El cuerpo de Roberto Valbuena Borjas se perdió el 2 de marzo de 1989 en la morgue de Bello Monte. Sus familiares fueron a reclamar el cadáver, pero luego de una larga espera les dijeron que se lo habían llevado con otros muertos para enterrarlo en una fosa común. Eso fue lo último que supieron.

La última vez que su tía Yudith Borjas lo vio estaba herido sobre el pavimento, cerca de su casa en Petare. "Él había salido a llamar por el teléfono para saber si tenía que trabajar. Cuando fui a buscarlo seguían los disparos, miré para arriba y eran militares los que disparaban", contó.

Luego de hacer una pausa para llorar dice con tristeza que a su hermana le tomaron muestras de ADN, pero que la Fiscalía nunca la llamó.

Tres testigos han muerto. "¿Usted es la madre de Richard? Su hijo se cayó de la platabanda".

Esa es la explicación que le dio un policía metropolitano a Hilda Páez sobre la muerte de su hijo, Richard José Páez, de 17 años de edad.

"Siempre nos dicen que la investigación está abierta pero nunca hemos ido a juicio, y eso que tenemos placas de las patrullas y retratos hablados", dice la mujer que cuenta con dolor que ya han muerto tres de los testigos que ese 3 de marzo de 1989 vieron cuando el joven que estaba en la azotea fue alcanzado por una bala.

Tres juicios, ningún culpable.

A Luis Manuel Colmenares ­que para 1989 tenía 22 años de edad­ lo había amenazado uno de sus compañeros cuando trabajaba en la Policía Metropolitana. El 7 de marzo de ese año, aprovechando el desorden de esos días, el hombre le disparó por la espalda.

Diez días después Colmenares murió en el Hospital Pérez de León en los brazos de su madre, Mery Castillo.

"El dolor que tengo es que no he podido hacerle justicia a mi hijo", dice llorando la mujer, que sabe el nombre del policía al que no duda en señalar como responsable: José Antonio Jiménez.

El hombre ha sido enjuiciado dos veces, pero los procesos han sido anulados y la mujer aún espera por un tercer juicio.