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Adiós al inspirador de la institucionalidad cultural

Como gestor insigne, especialmente en el área editorial, Consalvi fue forjador de la identidad nacional

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La única garantía que un pueblo tiene para la paz es consolidar la permanencia de sus instituciones y asegurar la educación para proteger de la injusticia. Ambas lecciones las enseñó Simón Alberto Consalvi a través de su protagonismo en el proceso de institucionalización cultural de Venezuela.

“Cuando uno analiza las políticas públicas en el ámbito cultural a partir de 1958 consigue en todas la mano de Consalvi: en la creación de Monte Ávila Editores, de la revista Imagen y del Consejo Nacional de la Cultura, por ejemplo. Su vinculación con los proyectos que culminaron con la formación y consolidación de las instituciones culturales fue, en unos casos, como coordinador de las iniciativas y, en otros, como parte del grupo que las hizo posibles”, explica la antropóloga Ocarina Castillo.

 

Hombre de libros y abogado de la tolerancia

Pero fue en el área de las letras que la gestión de Consalvi tuvo más impacto. Cuando creó Monte Ávila, junto a Benito Milla –también fundador del Grupo Alfa, la editorial independiente más antigua del país–, el catálogo del sello estadal agrupaba obras tanto de escritores venezolanos como extranjeros. Así comenzó el arduo trabajo de sistematizar el corpus de la literatura nacional y de crear un catálogo de publicaciones universales de interés para el lector del país. Consecuentemente, la influencia de Consalvi saltó de las instituciones a la identidad de los venezolanos. Y su influencia en la gestión editorial no cesó allí, pues también participó en la fundación de la Biblioteca Ayacucho, que por su calidad académica es una referencia literaria de Venezuela en el resto del mundo.

Más recientemente había emprendido un proyecto similar que unía sus dos pasiones: los libros y la historia. La Biblioteca Biográfica Venezolana, que hizo accesible para los lectores contemporáneos la vida de más de 200 figuras de la historia nacional. Por eso Iván Diéguez, presidente de la Junta Directiva de la Cámara Venezolana del Libro, lo distingue por su labor con las nuevas generaciones: “Consalvi sembró un legado a lo largo del tiempo que quedará allí y que será el recuerdo permanente de su persona para el mundo de la letras”.

Pero su influencia en la cultura no sólo se limita a las letras, sino a la actitud que marcó siempre su gestión. Fue su capacidad conciliatoria la piedra sobre la que construyó las instituciones culturales de la democracia en el país.

“Una día, el presidente Raúl Leoni le reclamó que el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, creado por él, era un ‘remanso de guerrilleros’. Consalvi argumentó que los personajes claves de la cultura eran de izquierda y, después, el Presidente terminó por felicitarlo pues la iniciativa de inclusión de la oposición le había permitido al gobierno estar en paz con el mundo de la cultura y la izquierda”, recuerda el académico y militante de izquierda Oswaldo Barreto. Y al que lo escucha se le hace un hueco en el alma, porque qué falta hace la tolerancia en estos tiempos.