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Abuelos protagonizaron verificación de firmas en El Hatillo

La fila se alargó en el transcurso de la mañana y se extendió por tres cuadras hasta la tarde. Hubo un retraso en el proceso, ocasionado porque solo habían dos máquinas para un centenar de personas que permanecieron a pesar de la lluvia y el cansancio

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Lídice de Serrano, de 77 años de edad, acudió junto a su esposo, de 80 años, a validar su firma este lunes en el Polideportivo La Boyera, uno de los 13 centros de validación habilitados por el CNE en Miranda.

La mujer narró como ambos hicieron el esfuerzo para llegar al lugar. Su marido padece diabetes. Presentó una baja de glicemia en el camino y tuvo que inyectarse una dosis de glucosa. “Ellos pensaban que no íbamos a luchar, pero sí lo hacemos”, declaró.

La fila para llegar al centro de validación era larga. No solo personas del municipio Baruta y El Hatillo estaban en el sitio, los firmantes de otras localidades se dieron a la tarea de acercarse. El Poder Electoral solo dispuso centros en 13 municipios de los 21 que conforman el estado Miranda.

Para Marco Antonio Araujo Padrón, de 65 años de edad, el organismo habilitó a más ancianos para retrasar el proceso y afectar la eventual activación del referéndum revocatorio.

“Todo son estadísticas. Ellos trabajan en base a eso, al estar asociados con el gobierno, están bien  asesorados”, acotó.

En el transcurso de la mañana, la fila se extendía por tres cuadras en una subida empinada. Las personas se animaban unos a otros y preguntaban a los salientes cómo les había ido. La lluvia llegó tiempo después; no obstante eso no impidió que los presentes se quedaran.


Julio Dávila, de 71 años, aseguró que a tan avanzada edad, su único incentivo es que termine el mandato de Nicolás Maduro. Dijo que la situación está grave en todos los niveles de alimentación y salud. “Ellos no paran de ponerle obstáculos a la oposición”.

Gladis Valera fue otra de las presentes, quien expresó su indignación con la situación del país. Ella coincidió con Dávila y otros en que es necesario un cambio de administración.

Prescindió del deber para asistir a la validación

Ana Camila Araujo, de 20 años de edad, es estudiante de urbanismo de la Universidad Simón Bolívar. Explicó que dejó de hacer sus trabajos para estar allí.

“La situación está demasiado crítica para andar de brazos cruzados. Vine en representación de mi mamá, mi papá y el resto de mi familia, porque ellos no fueron habilitados (…) Si eres una de esas pocas personas que tiene la posibilidad de hacerlo, no te puedes quedar en tu casa.”, detalló.

Solo dos máquinas

El retardo no fue producto de la atención, sino de la falta de máquinas. Solo estaban disponibles dos laptops y su respectivo captahuellas, insuficientes hasta para los empleados del CNE, quienes tenían que lidiar con el gran número de ciudadanos que llegaba.