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Liliana Hernández: “Cuando Maduro se mira en el espejo ve la cara de Capriles”

Liliana Hernández | Foto: Archivo El Nacional

Liliana Hernández | Foto: Archivo El Nacional

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—Luego de la emboscada en la Asamblea Nacional, ¿queda duda de quién es el fascista?

—Sin duda. Diosdado Cabello es todo un misil contra el gobierno de Maduro, quien no tiene liderazgo, no lo puede controlar y lo deja ser. 

—¿Democracia participativa?

—Madurismo… Madurofidelismo, con todo y acento cubano, y su típica cobardía.

—¿Una autocracia que celebre el 1° de Mayo para exaltar al autócrata?

—Otra gran contradicción. Se trata de reivindicaciones en las que el patrono no cabe; menos cuando, además de haber sido reposero como obrero, ofrece sólo 20% de aumento salarial.

—¿Otra que haya ganado elecciones limpiamente?

—No es autocracia hasta el momento en que las ganan.

—¿Qué delata más: los nervios y las omisiones del 14-A, o las contradicciones y negaciones postelectorales?

—Los nervios. Esos nunca se acaban.

—¿Qué delata a un fascista?

—Su violencia, que aquí es en gran parte psicológica, “por ahora” (un término que se usa con Chávez porque controlaba la locura).

—¿Proyecta el fascista su fascismo?

—Como cualquier fascista. Maduro se ve en el espejo y ve la cara de Capriles.

—¿A quién ve usted?

—A una demócrata, completica toda, sin echarle la culpa al imperio.

—¿Le sirve al imperio el general Rivero?

—Otra emboscada típica del fascismo; todo un guión de novela: su compañero y amigo lo cita al ministerio, y son sus esbirros quienes lo reciben y detienen.

—¿Un fascista ilustrado?

—Goebbels. De aquí, José Vicente Rangel.

—¿Con qué ojos ve a la otra mitad de país?

—Con ojos de cariño, encuentro, tolerancia y respeto.

—¿Incluso a quienes desean su “desaparición política”?

—Son demasiada minoría, como en los buenos fascismos.

—¿Cómo siente que la ve la mayoría revolucionaria?

—Con ojos de buenos amigos (carcajadas).

—¿Revolucionaria?

—Pero no de la boca para afuera.

—¿En qué deben ceder ambas partes?

—En quitar dogmas y encontrar puntos de acuerdo.

—¿Reconoce a Maduro como presidente?

—Proclamado por el CNE e impugnado por nosotros.

—¿Reconoce al CNE?

—(Risas) Lo que no reconozco es su integración.

—¿Y al cineasta gringo subversivo?

—Sólo cuando el fascismo lo hizo famoso.

—Como abogado, ¿faltó acción gremial para impedir que el Poder Moral fuera la base del “madurofidelismo”?

—Hubo acción, pero no receptor de las denuncias; puro pitcher.

—Y la oposición, ¿hubiera podido?

—Sí, pero hubo acciones aisladas, tonalidades propias de la pluralidad. Hoy la MUD está compacta.

—¿Al igual que el PSUV?

—Con Hugo había un solo comandante y una sola voz. Hoy es un acuerdo de intereses particulares.

—De ser jefe de la MUD…

—Mantendría la cohesión; no sustituiría a Ramón Guillermo Aveledo. Ha sido excelente.

—Luego de estar en AD, PJ y UNT, ¿le apetece otro movimiento?

—Ninguno. Soy adeca de corazón y socialdemócrata por convicción.

—¿Su cuota de responsabilidad en todo esto?

—No haber irrumpido más; no haber agarrado una topa del Metro y abrir camino.

—Hoy la mujer es protagonista del proceso…

—Y de la oposición también, pero las que están en la revolución se colocan al servicio de un hombre.

—¿Erótica?

—Normal.

—Pareciera que pudorosa…

—En la izquierda uno es muy liberal en el pensamiento, pero más estricto con tu vida.

—¿Traje de baño?

—Bikini, pero nunca hilo dental. No hay con qué (carcajadas).

—¿Un defecto publicable?

—A veces soy muy pasionaria.

—¿Llorona?

—Cuando siento impotencia.

—¿El 14-A?

—No. La convicción sobre el triunfo no me permitió llorar.

—¿El oficialista más acercado a la conciliación?

—Merentes en la economía cuando Chávez.

—Pareciera que extraña a Chávez…

—Él nos preparó para su partida.

—¿Se vengó con su herencia?

—¡Eso sí, con los locos que no dejó!

—¿Un tormento?

—Hugo Rafael (carcajadas). Su legado es un tormento.

—¿El opositor problema?

—Los radicales. Innombrables.

—¿Teme que empastelen el reclamo electoral?

—Ellos son malos en los dos bandos y en cualquier escenario.

—De confirmarse la victoria de Capriles, ¿será fácil convencer a la otra mitad?

—¡Seguro! Con confianza y respeto.

—¿A qué estaría dispuesta?

—A dialogar, a trabajar, buscar acuerdos.

—¿Incluido echar un pie con un “bolivariano”?

—(Risas) No le veo guateque a ninguno.

—¿Y si el recuento se convierte en otro cuento?

—Se convertirá en la puerta a la libertad.

—Y si, bajo la misma “integración” del CNE, los resultados les son adversos, ¿reconocerían a Maduro?

—Aunque perdamos por un solo voto, pero auditando el proceso como lo pedimos nosotros.

—¿Podría recordarlo?

—Revisión del acta y de la papeleta, de los cuadernos o un informe estadístico de las captahuellas.

—Mientras, cada una de las partes sigue jurando que el fascista es el otro. ¿Acuerdos?

—Somos sinceros. Buscamos la conciliación.

—En último caso, ¿qué pasaría en Venezuela si no se impugnasen las elecciones?

—Estoy convencida de que se van a impugnar, lo que tendrá un resultado positivo para el país porque se reafirmará el triunfo de Capriles el 14-A.