• Caracas (Venezuela)

Perkins Rocha

Al instante

Ha llegado aquel famoso tiempo…

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Recurrentemente se afirma que ha sido mucho el tiempo en que hemos permanecido con un país sumido en esta especie de oscurantismo, que nos ha contraído no solo nuestras esferas básicas de comodidades existenciales, sino, especialmente, nuestros proyectos de vida en libertad y democracia. Abundan las personas que afirman que ya no es soportable el tiempo en que se ha extendido esta pesadilla, este ostracismo ideológico que ha obligado a muchos a abandonar el territorio o plantearse la posibilidad real de hacerlo; y a otros –quienes optamos por quedarnos– a vivir un exilio en nuestro propio país, tal como si fuéramos invitados obligados de una película con un idioma inentendible, con dantescos personajes sin libreto, argumento ni dirección.

Si bien comparto con todos ellos el estupor y la sorpresa escalonada que la ocurrencia de acontecimientos sociales, económicos y especialmente políticos les han provocado, observo que parte sustancial de ese desespero existencial obedece a una forma muy básica de medir los “tiempos políticos”, el rumbo y desenlace de los acontecimientos. Quizá pedirle al venezolano que a la fuerza y sobre la marcha ha aprendido de procesos constituyentes y revocatorios, que ha incorporado a su léxico ordinario palabras como “desproclamado”, “inhabilitado” o “habilitante”; además exigirle que, dimensione el “tempo” que vive y lo comprenda en su justa medida, sería un esfuerzo sobrehumano altamente exigente para cualquier pueblo caribeño que, como el nuestro, tienen tan solo dos estaciones y un sol casi permanentemente brillante.  

Sucede que en este momento a los venezolanos, nuevamente, se nos escapa la comprensión temporal del país que vivimos. Así como de 2002 a 2003 o de 2007 a 2008, sentimos colectivamente que el gobierno chavista había llegado al final y lamentablemente nos equivocamos; son muchos quienes ahora se niegan a creer, lo dudan o rechazan en sus fueros internos, no solo que ganamos de manera mayoritaria y aplastante el 6-D, sino que, lo más importante, estamos experimentando nuevamente la transición de lo que Antonio Gramsci describió como “lo nuevo que no termina de nacer y lo viejo que no termina de morir”.

Solo el cambio es permanente, decía Heráclito, y contra esa máxima juega el chavismo, sucumbiendo en el ocaso de una pretendida revolución que no pasó de ser un gran y desordenado revolcón y que a estas alturas huele a naftalina, a gaveta de abuela, que perdió la frescura inicial y hasta la capacidad de sorprendernos. Pero tengo la firme convicción que no daremos el paso definitivo al desarrollo de otra “república” hasta que todos nos convenzamos de que, ya y desde hace tiempo, estamos viviendo un nuevo estado de cosas, un nuevo tiempo absolutamente indetenible, un proceso no cambiante, cuyas ideas e ideario muchos ignoran en este momento, sin saber que al final se impondrá, pues, tal como lo sentenció Víctor Hugo, “no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”. Y ese tiempo llegó, y somos sus protagonistas generacionales. 


@PerkinsRocha