• Caracas (Venezuela)

Perkins Rocha

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Un decreto socialmente incongruente

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Más dudas que certezas se abren en la percepción de quien, en primer lugar, haya oído a Maduro anunciar su decisión de dictar un decreto de estado de excepción sobre unos municipios del Táchira, fronterizos con Colombia; posteriormente, se haya informado de los acontecimientos que presuntamente motivaron esta decisión presidencial; y posteriormente, lea el contenido de este instrumento jurídico, que restringe derechos y garantías constitucionales para el territorio, ahora de seis municipios del Táchira.

Lo primero es que, si bien el incidente contado por el primer magistrado del país nos trasladó de manera inevitable –probablemente sin proponérselo el narrador– a una especie de selva fronteriza en la que imaginamos permanentemente a nuestros dignos y valientes soldados venezolanos enfrentados contra la barbarie de la frontera, visualizándolos en nuestra mente sorprendidos a sus espaldas por un contingente de paramilitares, lo cierto es que lo ocurrido acontece entre “la carrera 9, con calle 12”, en la muy concurrida población de San Antonio del Táchira, a las 4:30 de la tarde del miércoles 19 de este mes. Es decir, no fue una misión militar en plena tierra de nadie sino un hecho, hoy por hoy, harto común para cualquier venezolano –incluso, para funcionarios no solo militares sino especialmente policiales– más si se encuentra en estas ciudades fronterizas venezolanas, como lo es el “ataque a tiros por al menos dos sujetos que viajaban en una motocicleta y que desenfundaron armas automáticas, disparándoles a pocos metros de distancia”, según reportan –a diferencia del parte presidencial– con mayor precisión los medios de comunicación privados, lo cual nos acerca a algo distinto al  paramilitarismo y lamentablemente cotidiano: el hampa común.

Con los 25.000 asesinatos violentos que hubo en 2014 –calculados por la Organización Mundial de la Salud (OMS-WHO, 2014)– Venezuela se ubica como el segundo país con la más alta tasa de homicidios del mundo, solo superado en su magnitud por Honduras. En Venezuela se cometen actualmente muchos más asesinatos que en países considerados tradicionalmente violentos como Jamaica (con una tasa de 45 por 100.000/hab.), El Salvador (con 44 por 100.000/hab.), Colombia (44 por 100.000/hab.) y con una tasa mucho más elevada que la de Brasil (32 por 100.000/hab.) o México (22 por 100.000/hab.). Entonces, ¿por qué este ataque a 2 militares, que afortunadamente sobrevivieron, nos iba a impactar?

Adicionalmente, incongruente con la alocución presidencial que comunicó el día viernes 21 la decisión de declarar el estado de excepción en la frontera tachirense, fue el contenido del Decreto Nº 1950 publicado días después (G. O. Nº 6194): Maduro, lejos de justificar esta excepcional medida constitucional por el estado de conmoción interior en los indicados municipios tachirenses, ocasionados por los ataques violentos como los relatados, que bien pudieron haber causado daños en “la convivencia ciudadana o seguridad pública” de estos pobladores (artículo 13 y 14 de la Ley Orgánica sobre Estados de Excepción del 15/08/2001), tal como era lo esperable, toma la errada decisión de fundamentarlo en el “estado de emergencia económica” (artículo 10 ejusdem). Es decir que, congruente con su cacareada guerra económica, el señor Maduro termina siendo incongruente con las víctimas militares de los hechos narrados; con los familiares de los venezolanos que han sido asesinados por la violencia urbana que él se niega a combatir; y en definitiva, incongruente con el sentimiento general del país, pues vuelve a evadir el núcleo del problema por una clara intención político-electoral.


@PerkinsRocha