• Caracas (Venezuela)

Perkins Rocha

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Tenaza a la vista

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Con lo ocurrido en la OEA surge evidente lo que desde hace mucho tiempo los conocedores del tema advertían, acerca de las peligrosas consecuencias que para nuestro país tendría el jugar con la política internacional tal como el “modelo Chávez” lo hizo y Maduro pretende emular, mediante el chantaje económico con el que se direccionaron las dádivas petroleras venezolanas a países “hermanos”. Tal afirmación es mi conclusión luego de conocer el resultado de la solicitud que ante las naciones representadas en la OEA hiciera Colombia de convocar a una reunión extraordinaria de cancilleres para tratar la crisis fronteriza con Venezuela, principalmente por las terribles violaciones de derechos humanos que a sus connacionales ha ocasionado la decisión de Venezuela de deportar ciudadanos colombianos que presume terroristas. 

A primera vista, cualquiera podría concluir con razón que se trata de una derrota diplomática de Colombia, probablemente marcada por el apresuramiento de no contar con la posición “neutral” que al final tuvo Panamá, y esta conclusión, inocentemente, podría justificar una afirmación de que fue un triunfo, también, diplomático de Venezuela. Sin embargo, como enseña la máxima oriental de que no todo triunfo es ganancia ni toda derrota pérdida, aquí también tendríamos que aplicarla especialmente si analizamos el asunto desde el ángulo venezolano: seis países miembros de la alianza Petrocaribe, creada por Venezuela, votaron en contra de ella y a favor de la petición colombiana. Es decir, solo dos naciones de dicha alianza, Haití y Nicaragua, votaron en contra de la propuesta colombiana, además de Venezuela, pues el resto de los miembros de Petrocaribe (Belice, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Antigua y Barbuda, Granada y República Dominicana) se abstuvieron de votar. ¿Es esto un triunfo o una derrota caribeña de Venezuela?

Pero lo grave del asunto para el gobierno, particularmente si pensamos en los futuros derroteros por los que inevitablemente tendrá que transitar, es que, al visualizar el mapa del norte del Cono Sur americano, encontramos un perfecto alicate que hacen Colombia y Guyana (que votó en contra de Venezuela y a favor de Colombia), teniendo a Brasil neutral en el medio de ambas tensiones –como punto fiel de la balanza o tornillo que permite el giro– que aprisionan a Venezuela. Esto tiene hoy en día, en un mundo donde los recursos naturales como el agua y el gas –entre otros– marcan el crecimiento futuro, una importancia geopolítica nada despreciable.

Parece que a la hora de cocerse las habas de nada valieron los multimillonarios contratos otorgados a Odebrecht y al pana Lula, pues su posición terriblemente neutral –al igual que la de Argentina– no deben haber sido sorpresa para Colombia pero sí para el ALBA y Venezuela.

Adicionalmente, hay algo que se cuela detrás de esta votación americana y es probablemente la razón que explica la política grosera e injustificable de Maduro contra los colombianos a última hora, enfriando paralelamente el tema del reclamo limítrofe contra Guyana: Venezuela tiene en los actuales momentos absolutamente perdido el tema del reclamo de la Guyana Esequiba. Si no pensemos en ¿cuál hubiese sido la votación de Cuba en la OEA sobre la solicitud de Colombia: a favor de Venezuela y en contra de Colombia, que permitió que en su territorio se discutiera la propuesta de paz del ELN? y, ¿cuál sería la posición en bloque de los países del Caribe (incluido Cuba) en relación con nuestro reclamo contra Guyana? Esto es pelota de grandeligas, y el equipo de Maduro aún está jugando en los criollitos.