• Caracas (Venezuela)

Perkins Rocha

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¿Quo vadis Nicolás?

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Una técnica común en los líderes que carecen de convicciones democráticas y de sólida formación política, es fomentar el miedo cuando enfrentan realidades económicas proclives a generar climas sociales altamente conflictivos e inmanejables por ellos. Mientras juegan a la teoría de las probabilidades (apostando a una suerte mínima pero estadísticamente probable de que las cosas pudieran abruptamente cambiar favorablemente con un aumento de los precios del petróleo, por ejemplo) o esperan que “Dios vaya proveyendo”, van creando una atmósfera de terror social que no solo entretiene a un considerable número de individuos, sino que crea una especie de manto protector provistos de múltiples justificaciones para los que aún permanecen en la ignorancia de creer que las cosas están mal porque las fuerzas universales conspiran contra el líder y su legado.  

Estos improvisados líderes que llegan al poder por los caminos más inverosímiles -por una suerte de azar, orden militar dada o legado en rictus mortis, entre otras formas exóticas con las que se accede al poder en este lado del Ecuador- creen que una tabla de salvación y permanencia del estatus al cual han accedido, es la de provocar miedo en los demás, y resulta que, esa provocación es absolutamente proporcional al intenso pánico que padecen no solo por perder la estabilidad política, sino también, por sufrir las evidentes consecuencias jurídicas que la responsabilidad pública que genera objetivamente sus actuaciones, irremediablemente desatara en contra de un gobierno que ha sido lesivo a los más elementales derechos humanos. 

Así, es fácil prever la estrategia que Maduro desea desarrollar. Esta no es otra que mantener una dominación psicológica de extenso espectro social, que minimice el impacto que ya está produciendo en la colectividad la inflación, la escasez  y sobre todo, ese macabro mecanismo de exterminio social consentido por él, que no es otro que la delincuencia, que por obvio consentimiento, es hoy la herramienta de intimidación social más depurada con la que cuenta el gobierno. La delincuencia desatada con su alta dosis de impunidad asociada, es actualmente, dado el pobre o nulo desempeño que en su erradicación ha puesto el gobierno, una presunta política pública no declarada, de terror social de la cual se ha valido -por acción u omisión- el gobierno nacional, para infundir temor a las legítimas y democráticas manifestaciones sociales y públicas de descontento y disidencia política.

Esta dominación se dirige, por un lado, a crear la imagen de víctima política, al menos así lo demuestra la recurrencia en la reciente utilización de la imagen de Allende para compararla con un futuro y eventual Maduro, preso de los demonios militares ajenos a su gobierno. En caso de una asonada, de cualquier orden o naturaleza, crea las bases para que los suyos inmediatamente procedan a condenar a quien insurge contra él.

Por otro lado, al mejor estilo de los nacional-socialistas, esta dominación vertida en campaña del miedo, labra la justificación del  autoritarismo, como un velado modelo político del gobierno. Como bien lo decía Erich Fromm en su conocido estudio sobre el "Miedo a la Libertad", la personalidad autoritaria tiene elementos sadistas y masoquistas a la vez. Un líder autoritario debe ganar control para tratar de imponer un orden a él conveniente y a la vez, debe engañar con la falsa idea de someterse a una fuerza superior y abstracta que lo guía: el pueblo.

Con estos elementos, Maduro se prepara para otra guerra. Ya no económica, pues ese  disco se le rayo. Consciente cada vez más de que el tiempo se le está terminando, pues los recursos -materiales e ideológicos- que le legó su Padre eterno, se están agotando, entra en la fase de convencimiento, de que le corresponde librar la batalla definitiva, la guerra final. El problema adicional es que, sus mejores aliados, ya no están a su alrededor. La incompetencia y avaricia carcome a estos. Sus nuevos y seguros aliados son seres anónimos que con la figura de agentes encubiertos (“patriotas cooperantes”, mejor conocidos como “sapos”, y algunos como “sapos ilustrados”), fueron entrenados en Cuba antes que Raúl pactara con los Estados Unidos,  y ahora, están siendo adiestrados en cursos faz-trakc por los pranes en cárceles venezolanas.

Con esta legión y con el miedo que pretende sembrarnos, cuenta Maduro para transitar sus nuevo camino y con ellos, sueña ganar su nueva guerra, a donde está dispuesto a llevarnos a todos, si hiciere falta, pues ellos sienten que llegaron para quedarse y cualquier resquicio de futuro dialogo, acercamiento o vinculo democrático con los opositores, será muestra de debilidad o fracaso. Ellos no tienen duda de ello. ¿Alguien acaso la tiene? Ellos se sienten predestinados y están dispuestos a quemar sus naves aun en contra de la razón que les grita que es equivocado el camino que tomaron y a donde nos llevan.

Próximos a la semana mayor, bueno es recordar aquella leyenda y tradición católica, según la cual, el apóstol Pedro le dijo en tono interrogante “¿Quo vadis dominis?” a Jesús, mientras él (Pedro) huía de Roma para ponerse a salvo de la persecución que contra los cristianos había ordenado Nerón. Se dice que Jesús le respondió “Voy a ser crucificado en Roma por segunda vez porque mis propios discípulos me abandonan”. Avergonzado de su cobardía, el apóstol Pedro regresó a Roma para afrontar lo que el considero estaba escrito, su destino: el martirio. Respetando el notable valor espiritual, ético y cultural que este pasaje encierra para muchos, lamentablemente, algunos en estos tiempos, no responden con valor el llamado de su destino, asumiendo como Pedro asumió, sus errores y desaciertos  con honor y fuerza, sino que huyen hacia adelante, al mejor estilo delincuencial, evitando encontrarse con la verdad, llevándose si fuere necesario y sin escrúpulo alguno, a todo un Pueblo con él y con sus miedos. Dios nos proteja.

@PerkinsRocha