• Caracas (Venezuela)

Perkins Rocha

Al instante

Perkins Rocha

Corto e intenso

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Me copio parcialmente el título de una columna publicada por un conocido periodista venezolano, para referirme a un proceso que considero está en pleno desarrollo. Rafael Poleo titula una columna diaria como "Corto y Profundo", para referirse a comentarios políticos que son formulados de tajo. Yo por mi parte, me voy a referir a algo que considero intenso y no profundo, pues está compuesto por una serie de eventos que progresivamente presenciaremos como irán elevando su intensidad. Es necesario advertir en este momento al lector, que las próximas líneas estarán dirigidas a aquellas personas, ciudadanos de esta patria, que tomaron la decisión de permanecer en ella a pesar de las adversidades, ejerciendo el derecho más sagrado que un republicano puede hacer en estos tiempos como lo es el derecho a la ciudadanía. No tengo argumentos para dirigirme a quienes han decidido justificadamente, huir o emprender hacia otras tierras sus proyectos de vida. Comprendo y padezco sus mismas razones, y no me siento suficientemente responsable para decirle a un joven recién egresado de una de nuestras buenas  universidades, "quédate que esto va a cambiar", arriesgando con ello no solo su futuro profesional sino su integridad física y moral inmediata.

En nuestro país tristemente, hoy nada está garantizado, ni la permanencia de algo, ni el término o conclusión de una situación, ni el inicio de un proceso, ni lo bueno ni lo malo. Nada. El país que nos circunda, nos ha enseñado que nada es eterno, solo lo provisional o temporal -como el cruce caraqueño llamado "Puente Hierro" hecho para unos meses y ya con varias décadas funcionando-, donde cualquier cosa puede ocurrir, incluso en los actos más rigurosos y formales -como pudiera ser, por ejemplo, el discurso que diera el Presidente de la República recién electo, el 19 de abril de 2013, con ocasión a la conmemoración de uno de los días más gloriosos que en nuestra efemérides histórica, cuando en frente de al menos tres altos dignatarios extranjeros, un espontáneo atravesó su círculo de seguridad para empujarlo abruptamente y lanzar un grito- o el límite del absurdo en la seguridad pública -como lo fue el reciente robo y atraco a plena luz del día de un centro policial municipal con los funcionarios adentro-, por solo mencionar tres casos propios de nuestro realismo mágico.

En consecuencia, compartiendo en mi condición de padre la misma preocupación de la mayoría de personas que habitan este querido espacio, no me siento en capacidad de dirigirme a los que han tomado, repito, comprensiblemente, la decisión de retirarse de esta película. Me dirijo en cambio, a aquellos millones de venezolanos que por distintas razones queremos ver el final de este drama, entendiendo esta palabra como sinónimo de acción y no de tragedia. 

Dos terribles circunstancias ciudadanas rodean el contexto de la redacción de este artículo. La primera es, la objetiva percepción de un lugar muy común en estos días, cual es que, nuestro país se encuentra a las puertas de sufrir un colapso que si bien es provocado por causas económicas de reciente data, tiene su origen remoto en desacertadas decisiones políticas ejecutadas por el poder central en los últimos quince años, tanto en lo relativo a las finanzas públicas como en la regulación y control del mercado privado. La segunda circunstancia que impregna la atmósfera que respiran las letras aquí vertidas, es el terrible desaliento que dejo en mi ánimo la reciente audición del discurso que el primer magistrado de nuestra nación hizo en la Asamblea Nacional con ocasión de rendir informe de su gestión anual al frente de tan trascendente cargo, por cierto, en su primer año de gobierno.

Sobre la primera, la conclusión colectiva es que los venezolanos estamos parados frente a un "tsunami económico" de expansivo arrase social, como la escena de una película hollywoodense -cuyo nombre no recuerdo- donde padre e hija se toman las manos, humilde y amorosamente, entregados a la proximidad de una inmensa y descomunal ola de mar que frente a ellos avanza sin posibilidad alguna de escape pues correr es esfuerzo inútil; y en relación a la segunda circunstancia, mi individual conclusión es que, estamos solos, pues la persona que debiera guiarnos -cual Winston Churchill lo hizo con el pueblo ingles frente al monstruo nazi de la segunda guerra mundial- demostró con sus palabras, a pesar de su evidente preocupación, no tener ni la comprensión suficiente de la magnitud de la crisis que vivimos, ni la capacidad idónea para abordarla e intentar superarla, ni el equipo competente para suplir de inmediato esas infaustas debilidades. En síntesis: el galán se bailó a la novia, se rasco en la fiesta y reconoce tácitamente que su única opción posible, real, que la providencia divina provea o salir corriendo después de agarrarse a golpes, con los adornos en los bolsillos y los pocos cheques que recibió y lo peor, que muchos lo vieron ante sus ojos y aun no creen que fue cierto.

Junto a las anteriores circunstancias, un motivo justifica estas letras y no es otro que mi fuerte convicción de que las terribles condiciones que hoy empezamos a vivir, no se mantendrán por un espacio largo de tiempo. No se trata del inicio de una larga y extensa pesadilla, desarrollada en interminables capítulos irresolutos como una especie de bolero de Ravel, no. Por el contrario, lo que se aproxima será como una crónica policial de desenlace inmediato, algo así como robó, mató, huyó y lo pescaron. Corto sí, pero altamente intenso también. Lamento en este momento -como nunca antes- no tener poderes prestidigitadores para señalar cuan corto ni cuan intenso será. Solo poseo para hacer este arriesgado pronostico prospectivo, de una capacidad de observación que si bien no se diferencia de la media que posee cualquier profesional venezolano, está en capacidad de apartarse de las radicalidades propias de este momento para realizar un diagnóstico desapegado de la pasiones y deslastrado de los rencores que bien pudiera haber provocado más de quince años  de exclusión y sometimiento progresivo a distintas arbitrariedades. Y conste que, mi entorno me considera altamente apasionado y por otro lado, he sido lo que bien pudiera calificarse como una víctima más de este régimen. Victima institucional y no física, pero victima al fin y al cabo. Sin embargo, el haber incidido notablemente en tres personas afectivamente a mi cercanas, para que decidieran no irse del país, me obligó a teorizar las razones que de manera breve y sencilla, siendo un lego político, aquí les expongo, del porque vale apostar por el país y pasar el páramo desolado y frío que nos madruga el inicio de este año -el cual muchos ya lo habían advertido-  para luego, recoger brisa suave y agua fresca en la pradera que seguro estoy, se asomará más allá de las montañas, o debiera decir mas apropiadamente, mas allá de las próximas  cumbres borrascosas que transitaremos

No tienen capacidad para sostener su modelo. Si convenimos en que las intenciones de los que llegaron hace dieciséis años era quedarse bajo cualquier condición y por sobre todas las cosas,  cueste lo que les costara, debemos reconocer que no lo han hecho muy bien, pues si bien maquiavélicamente el beneficio fue alto para muchos de ellos, son inversamente proporcionales los que groseramente se han enriquecido comparativamente con los muchos que sean empobrecido, y me refiero solo a ellos, con una realidad para ellos constatable de manera terrible diariamente: los que se han enriquecido son los ideológicamente menos convencidos del proceso siendo los llamados militantes de base, los camaradas de lucha popular, los cuadros de partido, quienes se han llevado la peor tajada económica. En la repartición de beneficios no han sido socialistas. Por otro lado, el costo moral, ético y jurídico es, ha sido y será muy alto. Hemos acopiado importante información para emprender justas y legítimas acciones que podrán llevarlos a rendir cuentas a la Justicia, nacional -cuando las estructuras se reviertan- e internacional, por delitos imprescriptibles de lesa humanidad, la cual es suficiente para que sus descendientes no duerman tranquilos.

Soy de los que creen que esto que estamos viviendo hubiera corroído en peor forma a Chávez que a Maduro. Este gozó de cierto halo de frescura –el cual por cierto fue de muy corta duración- que le permitió un arranque esperanzador entre los suyos. No nos dejemos engañar por el mito que de Chávez se construyó post-mortem ni por los resultados que a favor de él arroja una comparación hombre a hombre con Maduro. Chávez venía desgastado con un barril a 100$. Temprano el entendió la necesidad de penetrar las instituciones llamadas a controlarlo y eso fue lo que hizo que se sostuviera su régimen a partir de los sucesos del 2002. Nunca lo vimos con el vértigo de la caída económica ni frente a un Fiscal valiente que emprendiera su averiguación por responsabilidad administrativa, como le ocurrió -por múltiples motivos no del todo estrictamente jurídicos y más bien políticos que no viene al caso aquí mencionar- al ex presidente Pérez o ahora en Argentina, a la presidente Fernández. Pero, volviendo a la incapacidad del oficialismo, más allá de las terribles consecuencias de sus pésimos manejos sobre la cosa pública, su incapacidad queda demostrada en la poca visión política que han tenido para lograr su sueño dorado de perpetuación en el gobierno utilizando las reglas democráticas, pues no han creado las condiciones de relevo en el poder -y no me refiero a un problema de edad sino de proyección política-  que les permita la oxigenación ante las previsibles crisis generacionales que sus actuales liderazgos denotan. Esta visión hizo posible, por ejemplo, que el PRI de México extendiera en el tiempo su poder, hasta que precisamente su incapacidad para continuar con esta marcha, detuviera su permanencia. El PSUV y los chavistas ya no son frescos ni originales, ya ni si quieran irrumpen. Dejaron de ser ética y estéticamente revolucionarios, y son materialmente oligarcas, retrogradas y conservadores. Clara muestra de ello, es la vergonzosa e indignante forma –por no decir asesina y enfermiza- con la que reaccionaron a los grupos estudiantiles que a principio de 2014 le desarrollaron protestas y movilizaciones de calle que los forzó a emplear su más pesada y autentica faz, la de la represión.

No han podido doblegar a la sociedad que los adversa. Más allá del pueblo opositor que ha militado y combatido en los partidos políticos que adversan la línea de gobierno, en estos 16 años ha permanecido inalterable un espíritu disidente que si bien con reservas ha acompañado a sus líderes políticos, no han desfallecido en su aliento de contrariar el modelo político propugnado por los oficialistas. Ese pueblo disidente, es mayoritariamente decente, y si bien, a ratos esa decencia ha sido una de las razones de su debilidad en la práctica, pues hemos sido en extremo temerosos -ante una guerra social que a diario, nos ha planteado en la calle unos cuantos malandros que de manera impune el gobierno les ha permitido actuar- nos da un grado ético para justificar nuestra permanencia que ellos no han podido socavar, a pesar de sus múltiples intentos. No se trata de que todos nosotros seamos decentes y todos ellos sean malandros. Eso no es cierto, pero lo que sí es cierto es que, nosotros somos preponderantemente decentes porque tenemos valores que resguardar, y una activa minoría de ellos son preponderantemente malandros, porque sus valores son los antivalores.

Somos  una capa social disidente que excede en demasía y mayoritariamente a los militantes de los partidos opositores del status, y que poseemos en general, un proyecto de vida que no estamos dispuestos a abandonar, el cual por cierto, es absolutamente distinto al que pretende inculcarnos el gobierno. Esta capa social principalmente la conforman personas de clase media, pero no incluidas en este grupo social por simples elementos de naturaleza económica, sino por consideraciones axiológicas que los envuelven dentro de un perfil humano particular, pues tienen intensos deseos en mejorar su situación social y poseer capacidades humanas trascendentes. Es en síntesis, de clase media, es la persona que tiene deseos de superación y critica su entorno. Ella podrá vivir en un barrio insalubre y marginal de los muchos que existen en nuestro país, pero no por ello, ha renunciado a su deseo y esperanza de tener un mundo, espiritual y material, mejor. Esta persona es de clase media y en la medida en que critica y no acepta su entorno, es factor de cambio de él. Es por naturaleza líder y dentro de su fuero interior generara las condiciones espirituales para justificar un momento liberador de rebeldía, en el cual explotara oponiéndose al orden –o desorden- caótico y represivo, retando al detentador del poder. Detrás de ese gesto, y de muchos gestos de rebeldía ciudadana que broten y se multipliquen en la clase media, las mayorías que están silentes, cargando sobre sus hombros el peso de este colapso social, se manifestarán.

Las bases institucionales que los soportan están deslegitimadas. En los regímenes férreos que han ocupado parte de la historia universal, las cúpulas se han esforzado por lograr que lo mejor de su intelectualidad ocupen los más importantes cargos de las instituciones llamadas a desempeñar el rol de guía y control externo de la gobernabilidad. De allí proviene la justificación teórica de su permanencia. El talento sin probidad. Los "Juristas del Horror", fue el nombre con que históricamente se bautizo a parte de lo más excelso del pensamiento jurídico de la época nazi, que ocuparon los cargos judiciales para desde allí juzgar al "hombre nuevo". Igual pasó en el cono sur americano en la época de las dictaduras militares  que allá gobernaron, y domésticamente también nosotros tuvimos nuestros ejemplos en la época de Gómez y Pérez Jiménez, no solo en el área jurídica, sino en salud, economía, etc. Las Dictaduras saben que las formas son importantes para mantener una imagen internacional que los sostenga indefinidamente. Ellos necesitan buenos y serviles jueces que abran procesos apartados del estado de derecho, en contra de sus enemigos políticos, para demostrar kafkianamente, que son las "neutras" instituciones quienes juzgan a los rebeldes y no el capricho del gendarme. Justicia revolucionaria. En nuestro caso, esa receta afortunadamente, ha sido imposible que el régimen la entienda. Aquí se han escogido a los peores para ingresar a los órganos de control (judicial, electoral, fiscal, etc.). Por solo mencionar un ejemplo, en el baremo que recientemente utilizo el Comité de Postulaciones del Poder Judicial para escoger los candidatos a Magistrados que ingresaron al TSJ, en una tabulación general se le otorgaba un dos por ciento (2%) a los que poseían Doctorados en el área jurídica, frente a un dieciocho por ciento (18%) a quienes hubiesen participado en actividades sociales y comunitarias. Es fácil imaginar el tipo de profesional que fue escogido. Esto fue necesario realizarlo de esta manera, pues afortunadamente,  la tarea de catequización ideológica que desde hace años se ha llevado a cabo por el oficialismo, no ha calado mucho en el talento venezolano que emergió de nuestras buenas Universidades venezolanas aún..

Las instituciones creadas constitucionalmente para dar alivio al ciudadano frente a los continuos desbalances que en detrimento de los derechos subjetivos crea un gobierno democrático cuando tiene la carga inexorable de prestar continuamente servicios públicos básicos, en nuestro país se hayan absolutamente desprestigiadas, precisamente porque han cedido frente al aluvión de una Presidencia abusiva y sin freno ético. No han podido mantener un contrapeso, fuerte y equilibrado entre el ciudadano y el interés público y colectivo. Ello porque, colocados para servir solo al Presidente revolucionario, los responsables de estas instituciones, han sido designados para realizar la tarea de sostenimiento del gobierno haciendo caso omiso al control. Ellos poco les importa el entendimiento que el Estado existe solo para servir al ciudadano y no a la inversa ni que un Estado que tiene fines divorciados de sus gobernados sin conexión con los intereses de la mayoría, no es democrático sino dictatorial.

Las instituciones en Venezuela, el TSJ, la Contraloría General y el Ministerio Público no le han exigido responsabilidad al estado, no le han puesto freno. No existe en Venezuela nadie que controle al que está llamado a controlar el Estado; en consecuencia, lo nuestro es una arbitrariedad institucional. Pero lo grave para el gobierno y sus acólitos, es que si bien ciertamente esta situación anárquica a quien perjudica directamente es al ciudadano, a la larga -y la larga ya se cumplió- crea un cáncer terminal sobre el gobierno, fracturándolo hacia lo interno, implosionando sus estructuras las cuales ya ni siquiera les sirven a ellos mismos. Lo cierto es que, las instituciones de este gobierno bolivariano, no le han aportado  al régimen la gobernabilidad necesaria para actuar, y como contrapartida, han impedido inconstitucionalmente también al ciudadano equiparar los desbalances que sobre sus derechos subjetivos crea a veces justificadamente la praxis del gobierno,

Este vacío institucional que hoy persiste en nuestro país, pronto aflorara en una reacción en cadena tanto externa al gobierno, como principalmente interna a él. Sus propios cuadros ya comienzan a reacomodarse frente a las fuerzas de grupos internos que propician flujos y contraflujos de directrices económicas, políticas e ideológicas en pugnas en este momento. Frente a este vacío, sostengo la importancia que representa para una sociedad como la nuestra, que sus integrantes activos, los que estén dispuestos a no doblegar su visión democrática de República, sepan utilizar eficazmente los mecanismos constitucionales que nos permiten no legitimar las prácticas abusivas del régimen. Esos mecanismo, los cuales en algunas oportunidades se han convertido en algo menos que formas jurídicas y más formas de desahogo frente a la impotencia que nos genera la actual gobernanza, van más allá de las protestas y de la resistencia pacífica y exigen comprender, la dimensión de lo que enfrentamos.

En conclusión, hay razones para creer que lo que se nos avecina será corto e intenso, pero apuesto objetivamente a que su desenlace, será beneficioso para la paz y la recuperación democrática del país. En eso muchos hemos puesto nuestras vidas y  empeño. Solo tendremos que prepararnos para cruzar el páramo llenando nuestras alforjas principalmente de principios. La sangre africana que habita en nuestras venas, nos dará la fuerza para soportar la desventura sin desfallecer; la india la espiritualidad que necesitamos para los actos de entrega que haremos; y la europea, nos mantendrá la rebeldía indómita del que encuentra razones para no ceder a la fuerza.

Lo bueno es que muy pronto sabremos si estoy en lo cierto o no. Amanecerá y veremos...