• Caracas (Venezuela)

Pedro Morales

Al instante

La familia como célula fundamental de la economía venezolana

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En un sentido antropológico, e incluso desde un plano ético filosófico, en el mismo rango del constructo libertad, la necesidad de una educación (del latín educare) de calidad (equitativa, pertinente, eficaz y eficiente) y el consiguiente deseo de educarse son inherentes a la condición originaria del ser humano, y han constituido un perfil prominente desde el mismo origen de los tiempos. Desde esta perspectiva, la sentencia de Simón Bolívar en el Congreso de Angostura (1819) es contundente al manifestar: “Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades”.

En particular, la educación en valores, como base para vivir en comunidad y relacionarnos con las demás personas, constituye el cimiento sobre el cual se construye la institución familiar: concebida como la célula fundamental de la  sociedad, de su respectivo Estado de Derecho y de una economía como la venezolana. Por consiguiente se puede recalcar que: I) La familia es el centro de convergencia para crear un ambiente de seguridad, estabilidad y crecimiento sostenido; formar principios éticos-morales; fomentar la libertad y democracia responsable. 2) La  dinámica que desarrolla cualquier realidad social, en su dimensión objetiva o subjetiva, tiene su origen o génesis, en la manera como se conforma, organiza, planifica y se gobierna el núcleo familiar.

Para cumplir con su misión rectora, la familia debe gobernarse con criterios de eficiencia, eficacia, equidad, sustentabilidad, sinceración y transparencia; pero además haciendo énfasis en las limitantes, prioridades y potencialidades propias del grupo de seres vivos que la integran. Donde preceptos éticos como los siguientes se muestran como pilares claves en la efectiva gerencia del hogar: “Arroparse hasta donde llegue la cobija”,  “sembrar para recoger”, “no dar los peces, sino enseñar  a pescar”, “distribuir la riqueza  equitativamente siempre y cuando haya sido producida con trabajo y esfuerzo”, “todos tienen las mismas oportunidades para desarrollar sus capacidades productivas”, “diversificarse para progresar de forma sustentable”, o “primero ser útil para después ser importante”.

Como un contraejemplo de las anteriores líneas de pensamiento se ilustra una situación (cualquier parecido con la realidad, simple coincidencia) de un grupo familiar integrado por 5 personas. El mismo devenga un sueldo mensual de 15.000 bolívares, con un nivel de gasto que supera los 25.000 bolívares. El saldo presupuestario al comparar los egresos  y los ingresos en este caso arrojará un resultado negativo de 10.000 bolívares mínimo (déficit presupuestario), lo que les obliga a actuar en alguna o en todas de las siguientes posibilidades: reducir gastos, buscar alternativas de ingreso (“matar tigritos” o especular sobre cualquier cosa) o endeudarse. No obstante, si los gastos son necesarios implicaría reducir su calidad de vida; realizar actividades alternativas de empleo redundaría en reducir la capacidad productiva (“el que atiende dos negocios  uno o ambos lo hace quebrar”); y la posibilidad de endeudarse lo llevaría a un escenario de déficit estructural, con lo que el círculo nocivo se agravaría.

Consecuentemente, si el grupo familiar presenta debilidades o ausencia evidente en lo que respecta a educación en valores, tal situación de crisis determina un escenario o realidad subjetiva caracterizada por los siguientes rasgos: I) sembrada la propuesta en el subconsciente de que todo se obtiene sin esfuerzo; II) ricos  por naturaleza; III) consumir como sinónimo de prestigio; IV) marginar la producción nacional a favor de la extranjera; V) privilegiar a la persona, sin tener en cuenta el rendimiento mínimo exigido; VI) egocentrismo como esencia y sustancia de vida; VII) viveza criolla desplaza la honestidad.

El complejo sistema económico de un país como Venezuela es posible analizarlo y encontrarle solución contundente a sus problemas (estructurales, históricos y éticos-culturales), a través del modelo familiar aquí descrito. Así, por ejemplo, de acuerdo con estimaciones econométricas propias, el déficit fiscal de Venezuela en 2016 se ubicará aproximadamente en 25% del producto interno bruto (PIB): lo cual significa que 25% de lo que se produce en nuestro país es el equivalente para solventar las necesidades de la población. Pero dado que el inconveniente es de tipo estructural, la manera de subsanar dicho saldo negativo del presupuesto es a través del endeudamiento interno y externo; con una alta probabilidad de crear dinero inorgánico, y la consecuente alza en la tasa de inflación (tres dígitos), empeoramiento de la tasa de interés negativa, devaluación y sobrevaluación recurrente, etc. Y lo peor: que a los  miembros de la gran familia venezolana se le siga mostrando una “realidad subjetiva” completamente distorsionada e insostenible.