• Caracas (Venezuela)

Pedro Morales

Al instante

Pobreza: destruye moral, psíquica y biológicamente la vida humana

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


En los últimos tiempos, la dependencia estructural de la economía venezolana se ha transformado en un complejo de enclave económico, sustentada en una economía de puerto orientada a la adquisición en el exterior de insumos, bienes y servicios: “Estamos en un círculo vicioso, se importa porque no se produce y no se produce porque se importa”. La caída estrepitosa de los precios del petróleo ha conducido a un escenario de estanflación, afectando a la economía real (única generadora de riqueza), determinando una recesión económica reflejada en cifras decrecientes del producto interno bruto (PIB), lo que ha redundado en acrecentar e intensificar los niveles de pobreza de la población de Venezuela.

Es preciso saber que “la pobreza degrada y destruye moral, psíquica y biológicamente la vida humana. La existencia de privaciones es una aberración social, un signo evidente del mal funcionamiento del sistema social”. Según algunos enfoques dominantes un individuo o familia es pobre cuando: 1) su ingreso está por debajo del valor de una canasta básica de bienes y servicios considerada necesaria para un nivel de vida satisfactorio; 2) gana menos de la mitad del ingreso per-cápita de su país; 3) es incapaz de satisfacer un cierto conjunto de necesidades de nutrición, salud, vestuario, vivienda, educación, seguridad, empleo, etc.

Los eslóganes publicitarios “no importa pero tenemos patria” o “no importa pero tenemos cambio” carecen de validez e importancia para el común del venezolano, dado que este percibe que su pobreza le obliga a concentrar todas sus capacidades para enfrentar y resolver prioritariamente su situación rutinaria que en resumen se describe a continuación:

La mayoría de los venezolanos que se mantienen en un trabajo honesto consiguen el sustento diario de su núcleo familiar en un lugar lejos de su hogar. Deben por tanto, levantarse a muy tempranas horas del día, y muchas veces en ayunas dirigirse a sus puestos de trabajo, en unidades de transporte público que en la mayoría de los casos rebasan su capacidad para brindar un cómodo servicio, a un costo del pasaje creciente, aparte de soportar los gustos musicales del dueño de la unidad; y en todo caso, siempre con el riesgo latente de llegar tarde al trabajo debido algún tranconazo por alguna protesta,  accidente vial o ser sorprendido por el hampa en cualquiera de sus modalidades, con las repercusiones negativas de llegar retardado para cumplir con sus funciones laborales. Agregando que se enfrentan de manera continua al dilema de “que si hace la cola para comprar alimentos no rinde en el trabajo, y si no trabaja no obtiene el sueldo que le permita hacer la cola para comprar”.

Pensar en la constitución de una familia con una aceptable calidad vida es una misión imposible, debido a que desde el primer momento en que se engendra un ser la factura de gastos crece de manera exponencial, contraria a la corriente de ingresos que se proyecta. El sueldo que se percibe es absorbido por el alto costo de los productos de la cesta básica, lo que transforma en una odisea resolver el quehacer diario de cubrir la alimentación del núcleo familiar. Mencionando también que gran parte de los venezolanos son inquilinos, pagando alquileres que no le permiten visionar un futuro estable. Sin pensar en la terrible posibilidad de enfermarse, ya que los costos de acudir a una clínica, o poder adquirir las medicinas, aparte de escasear son sencillamente inalcanzables por los altos precios de venta que presentan. Derivando lamentablemente un desenlace fatal, con la calamidad de no disponer la capacidad económica básica para recibir un digno servicio fúnebre.

En consecuencia, la nación entera “les exige absoluto compromiso a los factores políticos, oficialistas y opositores”, que dejen a un lado la “conflictividad innecesaria e irracional”, y asuman de manera seria y decidida la sagrada responsabilidad de conducir sus destinos por el verdadero camino del orden, “la paz, la armonía y la sustentabilidad integral”; y, por tanto, de forma real y duradera, le encuentren soluciones concretas a sus problemas, lo que favorecerá a disminuir los niveles de incertidumbre y desasosiego que amenazan al país.