• Caracas (Venezuela)

Pedro Luis Echeverría

Al instante

Venezuela cansada

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El país en que vivimos, sumergido en la miseria, la involución, el desencanto, la desesperanza y sin futuro , que se desintegra a ojos vista y se acelera su alejamiento de sí mismo para convertirse en otro, está muy lejos de haber alcanzado la suprema felicidad que los  embusteros del régimen pregonan y tratan de vendernos a través de los medios de comunicación y de esas largas y tediosas peroratas presidenciales que nos torturan con una frecuencia inaguantable, en las cuales las vetustas consignas que se esgrimen suenan cada día más huecas y vacías.

La descarada actitud del régimen manipulando al CNE, al TSJ y a la Contraloría General de la República y realizando las mas groseras manipulaciones del aparato gubernamental para tratar de contener y neutralizar la inmensa avalancha de descontento y rechazo que impulsará al “voto castigo” en los comicios del próximo 6-D, no refleja otra cosa que no sea el desaforado terror y desesperación que le embarga por los resultados adversos que se perfilan obtendrá en el referido acto electoral. Es el miedo que le atenaza cuando constata diariamente que las fuerzas desatadas de la sociedad venezolana lo sindican como el causante de los terribles males que la aquejan y que ha asumido como perniciosos para el bien común y, por ello, aspira y busca un profundo cambio tanto, en la forma de conducir, como de los conductores actuales del país. Los venezolanos hemos aprendido –y esperamos que para siempre- que la manipulación perversa de las masas y la exaltación de sus peores instintos que el régimen ha utilizado por tres lustros sólo conduce a crear una inmensa bola de odios, abusos y descalificaciones sin un resultado positivo tangible para los ciudadanos, particularmente, para los jóvenes que no creen en nada porque no encuentran nada en que creer porque la visión de un mundo mejor pretendido por el régimen para ellos ya ni siquiera es un cuento, sino una colosal mentira.

Los venezolanos estamos cansados de aceptar pasivamente que la lacra de la corrupción y el afán desmedido de enriquecerse en el menor tiempo posible de los validos del régimen: políticos, comerciantes, inversores, jefes militares y figuras más o menos públicas, sigan realizando sus latrocinios con la impunidad que les confiere la complicidad gubernamental que ha convertido al país en una gigantesca componenda de intereses crematísticos. En las calles de Venezuela deambulan personas sin expectativas, llenas de indignación por lo que les ha sido negado por el despilfarro y la concupiscencia del régimen, a pesar de las tantas promesas y discursos; son hombres y mujeres, hijos de tres lustros, cansados de recibir la pobreza repartida a conciencia

Estamos cansados que el régimen nos imponga la sumisión como la esperanza de sobrevivir en el caos en que ha convertido a la República. La política de combinar el poder omnímodo y totalitario del Estado con  una ideología repleta de mentiras y promesas incumplidas pretende aplastar la voluntad  de millones de personas para potenciar la subyugación y avasallar, incluso, el ansia de libertad, condición ésta esencial para el ser humano. Estamos cansados que nos atemoricen colectivamente para controlarnos, falsear la verdad y obligarnos a asumir una pasividad lacerante y así tratar de evitar que nos califiquen como enemigos internos a los que hay que reprimir, torturar, encarcelar, despojar de sus fueros ciudadanos y convertirnos en parias ante la historia.

Con el devenir de los años, se han alterado de una manera irreversible dos percepciones: la que el país tiene del régimen y la que el régimen tiene del país. Ese proceso, traumático y doloroso, ha hecho que el ciudadano común se haya percatado que las privaciones, carencias y prohibiciones que ha sufrido estoicamente en aras de un prometido futuro mejor, se ha perdido irremisiblemente. Que el régimen es el resultado de la mayor suma de incompetencia, brutalidad y mitología patriotera, de la intransigencia y el fanatismo, repleto de odio y contaminado por el pragmatismo cubano, pero, por sobre todo, concebido para hacer buenos negocios aprovechando su pasantía por el poder. La historia de los últimos quince años nos ha enseñado que el régimen disfruta más castigando que aceptando, hiriendo más que aliviando penalidades, acusando que comprendiendo.  Ahora, por el lado del régimen, sus seguidores tienen la certeza de saber que están mucho más solos, que su utopía fracasó y que en lo adelante deben dedicarse a cuidar sus vidas y suertes. Para los ciudadanos que son mas libres, dueños de sí mismos y que no pueden abrigar expectativas sobre el futuro prometido por el régimen que saben peor, tienen, a su vez, la certeza que la ganancia de libertad que significa vivir sin miedo lo compensa todo.

Y, por todo ello, los venezolanos opositores tenemos la autoconfianza y la necesaria ambición para alcanzar los fines más arduos ó elevados, estamos convencidos que nuestra acción masiva, decidida y valiente el próximo 6-D, nos permitirá lograrlos e  iniciar y realizar las transformaciones que urgentemente demanda la Nación. Parafraseando a Simón Bolívar ¿es que acaso 15 años de calma no son suficientes?