• Caracas (Venezuela)

Pedro Luis Echeverría

Al instante

Francisco, un papa que se las trae

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Nací y crecí en un hogar cristiano. Fui educado y formado bajo los preceptos de esa religión, pero no soy practicante de ella. Por tanto, no asumo dogmáticamente la defensa de las acciones u omisiones de la Iglesia Católica y sus dirigentes.

Dicho esto, debo reconocer que la gira por Cuba y Estados Unidos del papa Francisco ha sido un verdadero éxito. Su mensaje tanto en lo ecuménico, lo político y diplomático ha logrado plenamente los objetivos de la visión y rol que, a juicio del pontífice, debe observar y desempeñar la institución que dirige y representa.

Durante su gira, con responsabilidad y acierto, y usando un lenguaje persuasivo y firme, abordó los grandes y graves problemas que confronta la humanidad como un todo y particularmente las sociedades modernas. Ofreció sus apreciaciones y demandó de las autoridades, parlamentarios, organizaciones sociales y público en general la asunción, con absoluta transparencia y tolerancia, de las responsabilidades que les correspondan para paulatina y conjuntamente tratar de encontrar eventuales soluciones a las dificultades que enunciara, en beneficio de la dignidad del hombre, especialmente de los más necesitados y desposeídos.

En su periplo ha tenido especial relevancia, y así ha sido destacado por los medios y redes sociales, la condición de "buen oficiante" del papa para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Es evidente que ambos países se han exigido mutuamente la adopción progresiva de determinadas acciones que faciliten y conduzcan a la esperada normalización; tales acciones no son de fácil aceptación e instrumentación política, por tanto, la participación del buen oficiante, en esas ocasiones, resulta clave para desanudar entuertos negociadores, así como para respaldar y fortalecer con su fuerza moral las diligencias que realicen las autoridades e institucionalidad de ambos países para su puesta en práctica.

El adecuado desempeño de tan delicada y compleja función le exige al papa actuar con mucha cautela y ser consciente de que su imparcialidad, junto con la percepción que de ella tengan sus interlocutores, son el mejor respaldo para hacer efectiva su participación. En tal sentido, conversar con los hermanos Castro obviando pública y transitoriamente sus crímenes y no conversar con la disidencia al régimen pareciera que fueron acciones políticas del papa, previstas en su estrategia y realizadas con miras a facilitar al gobierno cubano la adopción de las medidas exigidas por los Estados Unidos para levantar el embargo.

Las críticas y reacciones negativas sobre las referidas acciones pontificias que han manifestado algunos grupos e individualidades representan el costo político de la estrategia que el papa consideró conveniente instrumentar para que no sufriera menoscabo el inconmensurable servicio que está prestando al sufrido pueblo cubano para contribuir a  aliviar sus carencias materiales y falta de libertades. Asimismo, el papa sabe que Raúl Castro detenta nominalmente el poder y que la influencia y capacidad de coacción de su hermano mayor en las decisiones del Estado cubano aún siguen vigentes; de allí que las iniciativas papales para que la distensión con Estados Unidos resulten positivas y convenientes necesitan de la anuencia de los hermanos y por eso debe conversar y negociar con cada uno de ellos. Nadie, salvo los actores involucrados, conoce el contenido y orientación de las conversaciones que, en esta etapa de las negociaciones, tuvo el papa con la "nomenklatura" cubana, por tanto, resulta injusta y desventurada la especulación que le atribuye al pontífice determinadas falencias u omisiones para descalificar su accionar político. 

En cuanto a Estados Unidos, la cálida, multitudinaria, amplia y alegre recepción al tiempo del gran apoyo logístico que el gobierno de Obama le ha dispensado a la visita del papa Francisco hacen evidente la aceptación y el respeto que le merecen el personaje y la intermediación de este en las conversaciones que mantienen con Cuba para normalizar las relaciones bilaterales.

La satisfacción del presidente Obama de haber podido contar con tan importante y eficiente aliado en el desarrollo y consecución de las metas establecidas para sus políticas interna y exterior lo ha expresado de diversas formas durante la visita del papa. No cabe duda alguna que durante las conversaciones privadas que tuvieron, el pontífice le ha transmitido las más recientes posiciones de la Cuba castrista sobre el tema bilateral, al tiempo que le ha hecho saber el pensamiento y recomendación papal sobre este asunto. Igualmente, las reflexiones del papa sobre los derechos de los inmigrantes y la preservación del medio ambiente han sido coincidentes con la visión del mandatario sobre esos acuciantes temas de la política norteamericana y de la agenda de la actual administración de ese país.

La amplia cobertura que los medios estadounidenses han dispensado a las actividades programadas en la agenda del papa destaca la importancia que le han asignado al ilustre visitante y el interés que  la opinión pública de ese país le ha otorgado al contenido de su discurso. Esto contrasta fuertemente con la escasa atención que el referido conglomerado mediático le ha brindado a la visita oficial que realiza, durante estos mismos días, el presidente de la República Popular China.

Por otra parte, las organizaciones que agrupan al movimiento disidente cubano, tanto en aquel país como el  residenciado en Estados Unidos, han hecho algunas críticas a las supuestas omisiones incurridas por el papa durante su visita a Cuba. No obstante, han expresado confianza en la gestión realizada  y en la que realizará en el futuro inmediato el jefe de la Iglesia Católica. Abrigan esperanzas de que estas lleguen a feliz término para facilitar la reconciliación y el reencuentro de las familias cubanas.

Hagamos votos porque los buenos oficios papales realizados y por realizar por el papa en Cuba y Estados Unidos fructifiquen y, más pronto que tarde,  se alcance el insoslayable entendimiento recíproco que no solo favorecerá a los países involucrados y a sus pueblos sino que también extenderá sus positivos influjos al resto de nuestro continente.

Las calles y avenidas de La Habana, Washington, D.C., Nueva York y Filadelfia se colmaron de personas ávidas de ver y escuchar al representante de Dios en la Tierra. Aclamaron con gran fuerza y entusiasmo al portador de un mensaje diferente, pletórico de amor, sentido de equidad, esperanzas y de exigencia de un tratamiento digno y justo para los individuos y los pueblos. Sus detractores, que los hubo, fueron una minoría poco significante.

La acción política de los papas constituye una parte fundamental de sus mandatos. En muchas oportunidades tiende a solaparse tal función con la parte espiritual, de pastoreo de almas y de acción social que también deben realizar; esta yuxtaposición de funciones a veces confunde y genera juicios de valor, desde la vertiente ideológica de los opinadores, sobre la prioridad que los pontífices deben asignar a su gestión.

Pero, por sobre cualquier otra consideración, Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, durante su gira, con gran estilo y asertividad, dio al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

pedroluis.echeverria33@gmail.com