• Caracas (Venezuela)

Pedro Luis Echeverría

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Pedro Luis Echeverría

¡Basta de atropellos!

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Como persona y como ciudadano me llena de ira, decepción y asco cívico el grotesco espectáculo dado por el Madurismo al tratar de explicar al país, mediante artilugios semánticos, lo inexplicable, para cualquiera que tenga sentido de la racionalidad, sobre la existencia de una conspiración internacional en contra de este régimen por la fuerte caída que acusa el precio del petróleo y aseverar irresponsablemente que tal coyuntura no afectará a la economía de nuestro país. Al mejor estilo totalitario, utilizando el ventajismo comunicacional, el régimen mostró, una vez más su talante antidemocrático y su incapacidad para comprender, administrar y gestionar y los difíciles momentos por los que estamos atravesando y los peores que sobrevendrán en el corto y mediano plazo.

La urgencia de los tiempos actuales, la incapacidad y negligencia para enfrentar los problemas y los incesantes y crecientes reclamos de la ciudadanía por la solución real de los mismos, han llevado al régimen a despojarse de la cínica careta con que ha actuado durante casi quince años y mostrar su verdadero rostro: un régimen de fuerza violador de la constitución, las leyes y las instituciones. Cuya meta fundamental es la destrucción sistemática de instituciones, liderazgos individuales, espacios políticos de los opositores, propiedad privada y principios constitucionales. En realidad es una declaratoria unilateral de guerra contra la Venezuela honesta, principista y democrática.

 Para ello, el régimen ha convertido a la otrora digna y no beligerante FAN en un partido político armado que actúa, con el beneplácito y complicidad de algunos de sus integrantes, no como la garante de la soberanía y la institucionalidad del país, sino como una fuerza de ocupación para acorralar, amedrentar y reprimir a una población que se resiste valientemente a aceptar dócilmente las aberrantes imposiciones del régimen. Vemos como la capacidad disuasiva de la FAN es utilizada perversamente por Maduro y la camarilla de la cúpula castrense, para inhibir al pensamiento opositor y para amenazar peligrosamente a una población pacífica y desarmada que quiere vivir en paz. La FAN fue una institución al servicio de todos los venezolanos y es triste e irritante verla sometida a los desvaríos de un gobierno que carece de los más elementales conocimientos para conducir los complejos asuntos de un país que se encuentra sumido en una pavorosa crisis de autenticidad y de injusticias que se han hecho evidentes con la pérdida del poder adquisitivo del ciudadano, el aumento del desempleo y la destrucción de las posibilidades de crear nuevos puestos de trabajo.

 En lo político, alevosamente, el régimen cierra los espacios para la convivencia y el diálogo entre todos los connacionales que tienen intereses y visiones divergentes y orientaciones político-ideológicas diferentes, pero envueltos en un conflicto de cuya positiva resolución dependen el destino y el futuro de la Nación. La insistencia de conducir al país mediante la aplicación de una paralela institucionalidad antidemocrática, excluyente, violatoria de las leyes existentes y contraria a nuestra idiosincrasia, pareciera que nos conducirá por los peligrosos y abruptos caminos de la confrontación y el odio fratricidas. Creemos en el diálogo. Sin él no hay convivencia ni interlocución posibles. Confrontamos serias dificultades de diverso orden que crecen en el tiempo por la imprevisión e ineficiencia gubernamentales y cuyos perniciosos efectos hacen inviables las perspectivas futuras del país. Es por eso que luchamos tozudamente por la preservación de la Venezuela que se nos va aceleradamente. Demandamos, del gobierno, que asuma plenamente su responsabilidad con la suerte del país, y, de la oposición, más unidad y visión y menos ambición de poder, para intentar rescatar lo que nos ha sido aviesamente destrozado.