• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

El pueblo tiene los ases

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Si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, Bigotón es de los pocos que se dan de bruces con ella tres y más veces… y para colmo se queja, siempre con las mismas palabras, antes de volver al punto de partida para el próximo traspié.

Hablaba de democracia y permitía, toleraba e incluso permisaba (construir verbos, es decir, “verbosear” está de moda) marchas de protesta… claro que replicadas, intervenidas, atemorizadas, aunque los manifestantes se mostraran tan formales como los personajes de una Tarde de domingo en la isla de la Grande-Jatte, del pintor “puntillista” Seurat… y no se daba cuenta (muchos no se han dado cuenta aún) de que las cosas han cambiado desde el 15 de abril de 2013, fecha en la que fue declarado presidente (tan ilegítimo como el CNE que lo proclamó).

Las razones políticas de entonces (ventajismo, corrupción, fraude electoral) no fueron suficientes para mantener viva la protesta en la calle (“Que suerte la mía / después de perdido volver a perder”, podríamos haber cantado con letra y música de José Alfredo Jiménez).

Tampoco hubo voluntad de salir a “expresar la arrechera”, como había pedido Henrique Capriles, por parte de dirigentes políticos que aspiraban a cargos en las elecciones para concejales y alcaldes del 8-D: simplemente no estaban dispuestos a delegar en multitudes su protagonismo personal.

Hizo falta la escasez de alimentos de la dieta diaria, medicinas, equipos médicos, repuestos, papel para diarios y hasta pasajes aéreos (la falta de papel higiénico en un país que regala el petróleo se convirtió en noticia de primera página en todo el mundo)… para que la gente rompiera la barrera de contención del gobierno (también la de algunos adversarios empeñados en ir de elección en elección) y volviera la oposición a la calle.

Bigotón ha dejado de ser percibido como un cerebro lavado, capaz de creer en pajaritos preñados y de ver el espejismo de una revolución ideal donde solo hay un club de psicópatas, para ser considerado, nadie lo duda, un instrumento de estos últimos, tan perversos en lo personal como en lo político, empeñados en llevar al país (y están muy cerca) al aislamiento y el precipicio.

Por lo pronto se le hace responsable de las muertes, detenciones, torturas y violaciones ocurridas por la abusiva utilización de la GNB, la PNB, el Sebin, el Cicpc, milicianos y todo el perraje, con moto y fuca, paramilitar, parapolicial y pararrevolucionario.
En fin, que cada quien juegue su suerte, pero el pueblo vuelve a tener los ases.