• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

¡El suyo es un pinche muerto!

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“¡Cadáver el de mi general Pancho Villa… el suyo es un pinche muerto!”, advertía uno de los “dorados” de Doroteo Arango Quiñones, a todo el que pretendiera reclamar para los suyos la igualdad de los finados. El actual discurso oficial venezolano no es mucho más refinado ni menos surrealista del que se escuchaba en Hidalgo del Parral en1923, cuando sorprendieron despierto (manejaba un Dodge Brothers que recibió 63 impactos de bala), al famoso bandolero, ladrón, asaltante y cuatrero, pero figura esencial de la Revolución Mexicana, que nunca pasaba la noche en un mismo sitio para evitar que lo cazaran dormido.

Ya no se trata de dignificar un cadáver frente a otro ni de polemizar sobre la jerarquía de cada personaje en vida…tampoco de establecer requisitos básicos para ser considerado un difunto de calidad (el caso de Villa demuestra que un salteador de caminos puede llegar a tener altares y conservarlos aún a poco menos de un siglo de su muerte)…basta con pronunciar la palabra mágica, magnicidio, para dejar bien claro que todo el que se meta con el gobierno, así sea de manera socarrona, puede ser acusado, procesado y castigado por “muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder” (definición del DRAE), con o sin cadáver, con o sin desearlo y hasta con o sin delito.

Bastan unas declaraciones de Diosdado Cabello (inicia la descarga stalinista, en su caso aliñada con macartismo), para que salte Nicolás Maduro: “¡A los magnicidas les sale cárcel!” y que la fiscal Ortega Díaz eche a andar el perverso mecanismo que mantiene presos al comisario Simonovis y a Leopoldo López (a quien se le advirtió que sería objeto de magnicidio si no se entregaba), y amenaza con enchironar a muchos más.

Todo comenzó poco después de las pasadas elecciones presidenciales, cuando Henrique Capriles Radonski, candidato sospechosamente derrotado, convocó a acciones de calle para exigir recuento de votos y fue acusado del asesinato de todos cuantos murieron, por distintas causas, en esos días… y ahora continúa contra todo el que proteste contra un gobierno que parece decidido a privarnos de todo, sin derecho a chistar… mientras el presidente encabeza el reparto de una nueva versión de Don Juan Tenorio en la que, a pesar de todos los desaguisados cometidos o tolerados durante su gobierno, insiste en que “en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor”, lo que de ninguna manera es consuelo ni tampoco es verdad, como todo lo que filtran sus bigotes.