• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

Al instante

La mentira sale

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Empeñado en mentir, Maduro se metió en un berenjenal del que podría salir no muy bien parado (hasta ahora no ha pegado una) y todo por ese empeño tan chavista de querer convertir sus muertos, que al final resultan simples pecadores, con sus miserias y sus desgracias, en semidioses bajados del olimpo.

El asesinato de un joven diputado oficialista, desde el principio vinculado a un oscuro entorno de guardaespaldas y sicarios, se convirtió en pocos días en conflicto político, nacional e internacional en el que aparecían como autores intelectuales personajes de la oposición, el más inesperado, y para no variar y seguir la manía de Chávez, nada menos que el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, lo cual no dejará pasar por alto el país vecino.

No tiene sentido acusar a dirigentes opositores (presos injustamente), y a un mandatario electo y reelecto en tierras que también tienen como hijo a Bolívar, por una tirria, heredada de un gobierno anterior envidioso, acomplejado y vendepatria, aunque le sigan rindiendo honores.

El crimen de un venezolano medianejo a quien seguramente Uribe no había escuchado mentar en su vida, aparece ahora vinculado a los “paracos” que se enfrentaron a grupos guerrilleros que aun controlan buena parte de su país… mientras el tema de paramilitares (mercenarios) en Venezuela es legalizado en barrios, conjuntos familiares, presente en actos de de calle promovidos por el ejecutivo y el PSUV (por lo visto el alto gobierno se peleaba por aparecer al lado de sus jefes en fotos) y muy activo y bien armado en la represión de las manifestaciones que convoca la oposición.    

El caso Serra produjo la chispa que incendió la pradera oficialista y colocó frente a frente al ministro del Interior y Justicia, con su Cicpc al frente y al Colectivo 5 de Marzo (declarado en rebeldía tras el allanamiento de sus viviendas en Quinta Crespo y la muerte de cinco de sus líderes)… la exigencia de los rebeldes no fue cualquier cosa, el descabezamiento del titular del MIJ (prometido y cumplido) y sacar a Diosdado Cabello del gobierno (“presentación y archivo”, en lenguaje parlamentario).

Octubre concluyó sin memoria ni cuenta, con un crimen monstruoso (endógeno) seguido de una matanza policial (inexplicable) que a su vez provocó la caída del ministro más duro (MIJ) y de sus más importantes colaboradores (Cicpc), el arribo de pazguatitos al gobierno (no es la primera vez) y el comienzo de una nueva etapa (¿con grandes acechanzas?) en la que los militares dejan de controlar los cargos de mayor relevancia.