• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

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Pedro Llorens

La injerencia

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La palabra mentira tiene 61 equivalentes según el Diccionario Español de Sinónimos y Antónimos de F. C. Sainz de Robles, algunas de gran sutileza como bernardina, que incluye el engaño con la fanfarronada, otras aromatizadas como trufa y no pocas superlativas como patraña, farsa, falacia y mendacidad…   

Los siete magníficos, encabezados ahora por Maduro, no las conocen todas pero las practican sin el menor pudor, escasa imaginación y la mayor torpeza… tanta que por algún lado les sale, como ocurre en el affaire Jaua-niñera gracias a que el servicio exterior brasileño conserva al menos la vergüenza de su época de esplendor…

Y poco a poco vamos estableciendo vínculos entre el avión de Pdvsa, la empleada doméstica, el maletón con documentos, la pistola cargada, la presencia en Brasil a la chita callando del excanciller ahora ministro de Comunas y Movimientos Sociales, la firma a escondidas de acuerdos con el movimiento de los sin tierra y la destitución del embajador venezolano en Brasilia, almirante Diego Molero, hasta llegar a la decisión del canciller Luiz Alberto Figueiredo de reclamar al encargado de negocios venezolano, Reinaldo Segovia, el malestar de su gobierno por hechos que pudieran constituir una “injerencia en asuntos internos”, especialidad venezolana en buena parte responsable de que estemos como estamos.

 

Los charlatanes

En el artículo de la semana pasada quedaron fuera las declaraciones de la ministra de Salud, Nancy Pérez, sobre los 27 hospitales que tenía listos el gobierno para recibir enfermos sospechosos de ébola que pudieran llegar a puertos y aeropuertos venezolanos… justo cuando el Boletín Epidemiológico Semanal de su despacho daba cuenta de 198.221 casos con síntomas de dengue, chikungunya o malaria en solo 7 días sin que mejorara la atención.

Los supuestos visitantes serían atendidos por 230 médicos comunitarios con posgrado en Epidemiología y120 estudiantes de Medicina que tendrían a disposición 1.500 trajes de bioseguridad y diversos equipamientos…

El anuncio de la señora Pérez más parecía una oferta del Ministerio de Turismo que un plan de emergencia ante la amenaza de una epidemia mundial, y pocos días después fue cambiado por el de la instalación de un “hospital centinela” en La Carlota al que serían referidos todos los casos sospechosos... con lo que, hasta ahora, de todo el parapeto montado apenas quedan como viables los trajes de bioseguridad (si es que los tienen de verdad) que bien podrían ser utilizados en Carnaval para disfraces exóticos como el de niñera de hijo de ministro bolivariano.