• Caracas (Venezuela)

Pedro Llorens

Al instante

El arrebato

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Al revés de Jalisco, que nunca pierde y cuando pierde arrebata, Maduro arrebata primero, a lo mero macho, aunque sea pura pinta, un pinche “guey” a lo mexicano, un “buchipluma na’má” a lo antillano o un “pelucón” a lo chileno (desde hace años se mueve entre la Cancillería, el Parlamento y Miraflores), y luego pierde y feo, tan feo que no faltan quienes le auguran un “platanazo” (caída estrepitosa, de espaldas o de costado, según el Diccionario de Venezolanismos).

El Sistema Marginal de Divisas, destinado a pulverizar el dólar negro, arrancó temblequeando por unos días antes de sufrir el inevitable patatús diagnosticado desde hace tiempo por los que saben (la oposición) contra los optimistas pronósticos de los que no saben (el gobierno)….en otras palabras: el catire Simadi fue noqueado en el primer round por el paralelo moreno, sin pataleo que valga…  

El conjunto cañonero de Los Criollos, en la voz de Martín, el pajarero de la playa del Mercado Principal (San Jacinto), fue el primero en anunciar a los cuatro vientos, a principios del siglo pasado, una venta de garaje con los muebles que no se llevó  el casero: “No puedo pagar la casa / y me tengo que mudar / voy a vender los corotos / porque yo pienso emigrar /… se vende un escaparate / cuatro sillas y una jaula / un primus de medio uso / y un juego de dominó…el catre sí no lo vendo porque en ese duermo yo”.

En estos días, anunciar una venta de garaje, como la que promovían los cañoneros, puede provocar una invasión de “patriotas cooperantes”, que montan guardia las 24 horas hasta que llega el momento de “sembrarse” en el inmueble (como el comandante en su cuartel de la montaña) y quedarse con el escaparate, las sillas, la jaula, el primus, el dominó y también el catre.

A Maduro y a Diosdado no les da la cabeza para hilvanar un paquete de mentiras creíbles ni para construir una patraña medianamente lógica, a pesar de haberse pasado la vida sin decir una sola verdad….y nadie les cree porque no entienden sus argumentos, mucho menos sus pruebas y no pocos se quedan sin saber de qué les están hablando… ni (el colmo de un embustero) si son ellos los que dicen la catajarria de tonterías que están escuchando o si están doblando unas declaraciones de Elvis Amoroso.

A nombre de la patria de Bolívar se invocó por años al lobo (con escaso eco en la patria de Washington) hasta que un día apareció en las computadoras de Miraflores un animal gris oscuro, de un metro y pico desde el hocico hasta la cola, cuyos aullidos, traducidos por loberos oficiales, significaban “¡Digan a quien me llama que aquí estoy!”. 

pllorens@el-nacional.com